La casa ambulante llamada «diligencia» partió arrastrada por diez mulas que saltaban como demonios, conduciendo unos 17 huéspedes á discrecion de 13 brutos (suponiendo que los conductores merezcan ser clasificados con las mulas). En breve salvamos los Montes de Toledo por una de sus mejores abras, y nos hallamos en plena Mancha, en la grande hoya ó planicie que tiene por centro al rio Guadiana, comprendida entre las serranías de Toledo y Morena, y prolongándose por la Estremadura, al occidente, hácia Portugal. Toda esa vasta region que cruzábamos de norte á sur, es mas bien una serie de planicies mas ó ménos extensas que una gran planicie ó valle. Donde quiera el terreno está entrecortado, ora por estribos de las serranías laterales, que se avanzan hácia el centro, ora por cordones ó grupos aislados de pequeñas colinas que limitan el horizonte.
Las serranías que dominan la comarca, desnudas y casi totalmente estériles, la sequedad del terreno, su composicion general de aluviones diferentes en la parte llana, las multiplicadas colinas en declive, y la manera como giran los vientos sobre tan vasta fosa encerrada por todos lados entre serranías; todo eso ha determinado no solo la naturaleza de las producciones de la Mancha, sino tambien el aislamiento, la inmobilidad, las costumbres y el espíritu de las poblaciones manchegas. No he visto jamas soledades mas extrañas. Allí se reunen la idea de la opulencia y la de la desolacion, del hambre y la abundancia, de la vida y la muerte. No hay en España una comarca que revele tan claramente como la Mancha la funesta accion de los malos gobiernos españoles, la incapacidad de los partidarios del aislamiento, los vicios de las instituciones monásticas y todo lo que constituyó el pasado de la sociedad española.
El suelo de la Mancha, arenoso-arcilloso en lo general (exceptuando las rocas de caliza y granito en las montañas) es un inmenso filtro. Donde quiera que no hay pantanos (y estos son numerosos) la sequedad exterior del terreno es absoluta; las corrientes de agua rarísimas. Las aguas penetran fácilmente la capa exterior arenosa y se detienen en otra mas espesa de arcilla, superpuesta á sedimentos muy sólidos. De ahí viene que miéntras el agua falta casi completamente en la superficie, se la encuentra con facilidad y en abundancia haciendo excavaciones ó aljibes, llamados en el país norias. El agua, saturada de las sales aglomeradas en los sedimentos calizos interiores, sale á torrentes (para perderse otra vez si se le da curso) por medio de sogas de cerda sumergidas en los aljibes, unidas á un mecanismo rudimentario que mueve alguna mula vieja volteando sin cesar al derredor del pozo. Es curioso para el viajero ver en la mitad de una llanura desierta y abandonada uno de esos pozos, que tienen como la forma exterior de un horno, donde la impasible mula da vueltas y vueltas para hacer surgir el agua, sin que nadie la guie. El hábito tiene allí el lugar del hombre; el animal trabaja sólo hasta por dias enteros.
Siendo el terreno tan húmedo en el interior y seco en su capa exterior, y surcado por colinas y planos inclinados, que son como los estribos ondulosos de las serranías, se determinan tres géneros de produccion bien demarcados. En los cerros, y las colinas ásperas, como en las llanuras estériles, pacen grandes rebaños de ovejas, cuya lana ofrece valores considerables y alimenta algunos telares en las poblaciones en que se fabrican paños y telas muy ordinarias para el consumo mismo de los manchegos. En las bajas colinas y pendientes suaves crecen los ricos y extensos viñedos escalonados frecuentemente en forma de anfiteatros; ó se alzan pequeños olivares que aumentan con su tinta gris la melancolía de los paisajes uniformes. Por último, en las llanuras ondulan océanos de trigo, cebada, avena y centeno, que al soplo del viento producen en el vasto horizonte los mas bellos reflejos de esmeralda ú oro, segun el estado de las sementeras. Tal es la Mancha, como país agrícola, en sus principales caractéres.
Pero no sin razon he llamado océanos las plantaciones de cereales. La Mancha da la idea del mar por su uniformidad de aspecto, como por su inalterable soledad y su tristeza que acongoja. Ni un canto, ni un relincho, ni un eco en las llanuras! Aquella comarca es un inmenso cementerio, con toda la desolacion y la fertilidad de los campos…de la muerte…. El viajero anda leguas y leguas y no ve una casa, ni un sér humano, ni una vaca ó animal doméstico. Entre una y otra poblacion no hay mas que el desierto. Allí no existen la vida campestre, ni el paisaje sencillo y gracioso de la casa rústica, ni el campesino, en la estricta acepcion de la palabra. No hay mas que ciudades, villas y campos abandonados. ¿Quién cultiva, pues?—¿quién cuida de esas interminables plantaciones de cereales y esos olivares y viñedos?—La naturaleza. El hombre es un vago ú mendigo que duerme ó pide limosna, miéntras que la naturaleza lo hace todo. Donde quiera reina el silencio….
La tristeza domina en la Mancha aún en las cercanías de las poblaciones, donde está concentrada toda la vida social. Despues de atravesar vastas campiñas donde no se ve un árbol, ni uno solo, ni mas que tierra y cielo, al acercarse á una poblacion se comienza á ver por todos lados un enjambre de norias y molinos de viento, dispersos en las llanuras al derredor del caserío; al mismo tiempo que se distinguen en alguna pequeña eminencia vecina multitud de montículos de tierra, con puertecitas enanas y una especie de cúpula tosca en la parte superior, que tienen el aire de sepulturas de indios (las huacas colombianas) ó de grupos de hornos. Son las bodegas de los vinos manchegos, cavadas en la tierra al aire libre y cielo abierto, que corresponden por su estado primitivo á la vida estacionaria de las poblaciones de la Mancha.
Todo se encuentra allí tal como lo halló Don Quijote en sus caballerescas peregrinaciones. Las Maritornes abundan y son las mismas; Sancho asoma la cara por todas partes, siempre conservador, malicioso, bonachon y reacio al movimiento; los molinos de viento se mueven con la misma regularidad que en la época en que el ilustre Manchego lo apostrofaba y alanceaba sin piedad; los mulos y los asnos, los aparejos, las capas, las mantas, los muebles, cuanto es visible allí, mantiene con fidelidad las tradiciones reveladas por el inmortal prisionero de Argamasilla. Creo que los alcaldes rebuznan hoy en los mismos tonos que los dos que hicieron decir á Cervantes:
«No rebuznaron en balde El uno y el otro alcalde,»
Los siglos han pasado por encima de la Mancha, sin modificarla en nada, como si el Tiempo se hubiera dicho:—«Hay comarcas que es mejor no meneallas.»
Con excepcion de Manzanares, villa de mas de 10,000 habitantes, donde, gracias al cercano riachuelo Azner, hay algunas alamedas vergonzantes que sorprenden al viajero en esas soledades, las demas poblaciones parecen vivir como en el desierto. Donde quiera la mugre, la vetustez, el abandono y la ruina; casas horribles, pesadas y deformes, con portones enormísimos y ventanas microscópicas; calles tortuosas, sin pavimento, con profundos lodazales ó montones de piedras en desórden; un silencio sepulcral en todas partes; edificios arruinados y ausencia de artes y comercio; bandas de mendigos hambrientos, en número fabuloso, que vagan por las calles como espectros, espiando con ansia la llegada de una diligencia para caer sobre los viajeros, rodearles en gavilla, oprimirles, y acribillarles literalmente, hasta obtener de todos y cada uno algun cuarto ú ochavo, un pedazo de pan ú otra cosa; todo acompañado del mas horrible clamoreo que imaginarse pueda.