!Mentirosa ilusion! Yo habia hecho ya algunas experiencias poco satisfactorias en Barcelona y Valencia, respecto de la olla podrida, y la habia encontrado tan sofística como la monarquía constitucional en España. En Toledo se acabó la ilusion; el puchero legitimo terminó su mision sobre la tierra española; hoy pertenece á la historia, como la antigua grandeza del pueblo conquistador del Nuevo Mundo. Hoy no quedan de las glorias del puchero sino los innobles garbanzos cocidos, capaces de indigestar á un elefante, el vil chorizo y el desvergonzado tocino, que ha perdido su importancia desde que los moros y judíos han aceptado las impiedades de la cocina y la bodega cristianas. Desengañado y hambriento, hube de consagrar en Toledo todo mi culto gastronómico á las ricas naranjas valencianas y el atrevido Valdepeñas.
Apesar de algunas impresiones desagradables, Toledo me habia complacido mucho por sus enseñanzas de carácter social, no ménos que por sus monumentos. Habia podido comparar la vieja España, representada en Toledo, con la España regenerada y progresista, revelada en Barcelona y Madrid:—la primera basada en el aislamiento, inmóbil, indolente, rezandera en demasía, miserable y mendicante: la segunda buscando el progreso en la libertad y el movimiento, despreocupada, tolerante y pensando seriamente en lo porvenir. Me despedí de Toledo como el que acaba de visitar un sepulcro y sale del cementerio á pasos largos, volviendo á mirar hácia atras de tiempo en tiempo, con un sentimiento mezclado de tristeza y esperanza….
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CAPITULO V.
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LA MANCHA.
Dos compañeros de viaje.—Aspecto del pais.—Recuerdos de Don
Quijote.—Las poblaciones manchegas,—La Sierra-Morena.
El mes de abril terminaba y era llegado el momento de visitar la fértil y hermosa Andalucía, tan llena de recuerdos, tan pintoresca y original en todo. Tomé el ferrocarril de Alicante; pasó el tren por Aranjuez, Castillejo y Villasequilla, y á 100 kilómetros de Madrid descendí del wagon, en Tembleque, para tomar asiento en la diligencia que debia conducirme á Granada, atravesando los Montes de Toledo y la Sierra-Morena, y pasando por Jaen. La Mancha habia comenzado entre Aranjuez (que pertenece á la provincia de Madrid) y Castillejo, poblacion que corresponde á la de Toledo. Esta provincia y la de Ciudad-Real, separadas en parte por la serranía de los Montes de Toledo, constituyen la region de planicies y montañas desnudas que tenia la denominacion antigua de la Mancha.
Tembleque es un punto importante en las comunicaciones interiores de España, pues no solo pasa por allí el principal ferrocarril, sino que de ese centro parten las carreteras que conducen por un lado hacia Granada y Málaga, Cordoba, Sevilla y Cádiz, y por otro á Ciudad Real y Badajoz, por el centro de la hoya del Guadiana. Con un caserío casi miserable, un terreno llano, pobre y pantanoso, y dominado al sur por los cerros de Toledo, Tembleque no ha comenzado á resucitar sino á virtud del ferrocarril de Alicante. Su poblacion alcanza apénas á unos 4,000 habitantes, de vivir estacionario en su mayor número, no obstante la produccion de cereales, vinos, algun ganado lanar y varias fábricas de paños burdos y salitre.
Al comenzar mi viaje á la Andalucía quiso la fortuna protegerme. Almorzando en la cantina (ó buffet) de la estacion de Tembleque, hallé que mis compañeros de diligencia iban á ser dos caballeros franceses que viajaban por placer. No podian hablar ni una palabra en español, y parecian ser sujetos de distincion, capaces de agradar é instruir á un compañero. Su itinerario era igual al mio, y tenian para mí la ventaja de no ser parisienses. Yo deseaba muchísimo conocer en la intimidad el tipo del Frances distinguido de provincia, porque en lo general no estaba muy pagado del hombre de mundo parisiense. Queria instruirme tambien en las cosas relativas á la vida provincial en Francia, viajar asociado á personas inteligentes y observar la manera como los Franceses juzgan á España. Quedamos, pues, convenidos en que yo sería su intérprete y en que nos trataríamos como viejos amigos. Ellos correspondieron tan bien á mis deseos, que hoy, al cabo de mucho tiempo, veo en ámbos dos personas que no me dejarán nunca olvidar cuanto hay en Francia de bueno y honorable.