—Es verdad,—me contestó Mr. B….,—pero la historia es la historia, y el vulgo confunde frecuentemente la obra de los déspotas con la de los pueblos.

Pasamos en breve el Guadalquivir, profundo, lento y silencioso, por un bello puente colgante echado sobre colosales rocas; tocamos, á unos 16 kilómetros de Baylen, en el pueblo de Menjibar, situado en terreno fértil y con unos 1,600 habitantes; y atravesando campos rugosos y bastante cultivados generalmente, dimos, á unos 36 kilómetros adelante, con la curiosa ciudad de Jaen, de situacion pintoresca, dominada por un alto cerro sobre cuya cima se ostenta un viejo castillo, formidable un tiempo y hoy felizmente arruinado, así como las murallas y demas fortalezas que circuyen la poblacion.

Jaen, ciudad de tercer órden en España, por sus proporciones, cuenta 21,520 habitantes, generalmente pobres, no obstante la aptitud del país para una multitud de producciones importantes, como vinos, aceite, granos y materias minerales. Todo aquel pais, esencialmente montañoso, aunque desnudo de vegetacion espontánea, abunda en inmensos depósitos de fierro, plomo, plata, mercurio, carbon de piedra, mármoles superiores, etc., que entran en la composicion mineralógica de las dos Sierras que surcan las Andalucías. Y sinembargo, la minería está apénas comenzando á ser una verdadera industria, la agricultura no avanza y los habitadores de Jaen son muy pobres. Todo depende de la falta de comunicaciones, pues con excepcion de la carretera general no hay sino malísimos caminos y veredas casi impracticables para un comercio regular. España es un país prodigiosamente rico por sus elementos; pero la riqueza indígena sin el cambio nada vale.

Me es imposible describir á Jaen, porque apénas logramos allí veinte minutos de descanso. El viajero que quiere detenerse en un punto intermedio, se expone á no seguir su viaje en muchos dias, porque los asientos de las diligencias son tomados en las ciudades que sirven de puntos de partida. La estructura general de Jaen, antigua residencia de un virey ó reyezuelo moro, es esencialmente morisca, como debe suponerse. Por todas partes calles estrechas y tortuosas empedradas con grandes guijarros de rio, un terreno desigual, fuentes abundantes (porque los Moros amaban mucho el agua), casas con azoteas y miradores, galerías de arquitos en forma de herradura, ó con troneras muy reducidas, y extrañas y caprichosas construcciones. La catedral de Jaen es afamada por algunos preciosos pormenores, pero su conjunto exterior carece de carácter, lo que la hace mas curiosa, revelando la sucesion de varios estilos. La base fué la gran mezquita, y como encima le aglomeraron obras góticas y del Renacimiento, resultó una jerigonza de arquitectura, original y especialísima en la España moruna.

Sigue el camino su curso hácia Granada por el fondo de un angosto y encantador vallecito, formado por el riachuelo llamado rio-de-Jaen, afluente del Guadalquivir, como todas las corrientes que median entre Sierra-Morena y Sierra-Nevada. En medio de aquel laberinto de lomas y de cerros desnudos y escarpados, donde alternan las formaciones graníticas formidables con los estratos calizos, las capas esquistosas trastornadas, los bancos de arenisca y los barrancos volcánicos, que parecen de hierro occidado, el valle tiene un encanto singular, por los rumores del riachuelo, los alegres huertos que lo matizan, los grupos elegantes de álamos blancos, los pequeños viñedos que á veces se ven como descolgando sus sarmientos sobre las barrancas, los dispersos olivos y otros árboles frutales, los islotes de corta duracion que se producen en el variable cauce, y los pequeños grupos de cabras que ramonean saltando sobre las laderas ásperas que dominan el paisaje.

Después de pasar por algunas ventas medio desiertas, que sirven para relevar los tiros, dimos á unos 36 kilómetros de Jaen con el pueblo llamado Campillo-de-Arenas, de 1,900 habitantes, situado en una pequeña planicie, de la cual y las colinas vecinas se saca algun partido para la produccion general de Andalucía, que consiste en vinos, aceite, frutas y granos principalmente. Varios cortijos y ventas se suceden luego, completándose en el tránsito desde el centro de Sierra-Morena hasta Granada, sobre la ruta, un total de mas de 40,650 habitantes, casi todos pertenecientes á la provincia de Jaen. La noche habia llegado, enteramente oscura, y eran las doce cuando hacíamos pié en la calle principal de Granada.

Las ocho provincias de raza hispano-arábiga (Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla), que componen propiamente la vasta y montuosa región de las Andalucías, comprendida entre la Sierra-Morena, el Mediterráneo y el Atlántico,—tienen una poblacion total de 2.921.102 habitantes, los mas industriosos de España (en su masa general) después de los Catalanes. Las capitales de esas ocho provincias reúnen 446.342 vecinos (la sexta y media parte de la población andaluza),—y en esa cifra corresponden á la ciudad de Granada 68.743 individuos. Si hubiera de hacerse un estudio comparativo y minucioso de la manera en que la población se ha distribuido en España, se obtendría mas de una enseñanza interesante.

Prescindiendo de Cataluña, país tan excepcional, se ve, por ejemplo, una profunda diferencia en la fisonomía y las condiciones estadísticas de dos grandes regiones que se tocan: las Andalucías, y la Nueva Castilla con Estremadura. Geográficamente, la primera de esas divisiones es bastante inferior á la otra; topográficamente, las Andalucías, apesar de la ventaja comercial de sus costas marítimas, tienen una gran desventaja respecto de Nueva Castilla y Estremadura. En esta región el suelo es mucho mas igual, espontáneo, asombrosamente fértil y propio para variadas y muy valiosas producciones. En las Andalucías, con excepción de las llanuras de Sevilla y la Vega de Granada, los valles son muy reducidos en lo general, el terreno es donde quiera desigual, rocalloso, surcado por laberintos de cerros, de grandes serranías, de colinas bruscas y profundas ramblas. Así, la parte habitable y explotable de las Andalucías es muy reducida en comparación á su extensión geográfica.

Y sinembargo, donde quiera que puede crecer alguna planta, que puede sostenerse una producción cualquiera, se la ve aparecer en Andalucía, aprovechando hasta los mas pequeños vallecitos ó las mas limitadas planicies. Y como el terreno está entrecortado prodigiosamente por las innumerables inflexiones orográficas, se ha producido un raro fenómeno: la vida aparece en todos los intersticios explotables del pais, pero condenada por la naturaleza, temporalmente, al aislamiento. En las vastas planicies de la Estremadura, la Mancha y el alto Tajo, la naturaleza ha permitido la acumulacion y comunicacion fácil de grandes masas sociales, asi como la continuidad del cultivo en muy extensa escala. Y con todo, las regiones altas no pueden sostener la comparacion social y económica con las Andalucías, apesar de ciertas ventajas provenientes de los centros políticos y religiosos (Madrid y Toledo) y otras que no son despreciables.

¿En qué consiste la gran superioridad efectiva, de las Andalucías? ¿Es por la mayor fertilidad?—No. ¿Es por la mayor extensión de terreno explotable?—Menos. ¿Es por virtud de las comunicaciones marítimas?—Ellas solo favorecen directamente á los pueblos de las costas. ¿Es por la infusión de la sangre africana en la raza primitiva de España?—¿Es porque las instituciones de la feudalidad, del absolutismo posterior y del catolicismo romano no pudieron implantarse en las Andalucías tan hondamente como en las Castillas?—Sin pretender dar la solución, no puedo menos que reconocer la energía del contraste y el interés que esos fenómenos tienen para el estadista. Por mi parte diré que la observacion rápida de esos contrastes me ha confirmado, mas que la lectura de muchos libros, en mi creencia liberal.