El Sacatin, que he mencionado, es un curiosísimo edificio moruno que le da su nombre á un barrio donde tiene su residencia el comercio. Compónese de un conjunto de construcciones homogéneas, ligadas entre sí, de modo que forman una sola manzana, pero divididas por callejuelitas iguales ó pasadizos, que se cortan en ángulos rectos, formando una especie de red de líneas regulares. Por todas partes el Sacatin presenta filas de tiendas y almacenes, en dos órdenes ó pisos paralelamente, y es allí donde se acumula no solo todo lo que figura en los cambios ordinarios del comercio, en materia de géneros, mercería y quincallería, sino tambien una multitud de objetos de arte y productos de los talleres y fábricas nacionales. El Sacatin, pues, no solo da la muestra de la industria local y la medida del comercio, sino que interesa mucho por su colorido local, su tipo moruno y las costumbres que allí se revelan. En el fondo de esos pasajes, llenos de labores y arabescos, de columnitas de jaspe y curiosidades, es donde son mas pintorescos los grupos populares, y donde la granadina, de ojos negros, vivos y picantes, ejercita con mas arte sus provocaciones para con el extranjero y sus pequeñas astucias de mercader.

Dicen los cronistas que hasta la época del último rey moro Granada tenia hasta 400,000 habitantes, con mas de 16 kilómetros de circunferencia, y que estaba completamente circuida de murallas, y estas contaban hasta mas de mil torres para su defensa. Puede que haya bastante exageracion en esas cifras; pero á juzgar por las proporciones actuales de Granada, donde centenares de casas están desiertas y se encuentran ruinas por todas partes, no hay duda de que la poblacion existente es sumamente inferior á la que puede caber. Hoy no quedan de ese millar de torres (si lo hubo) mas que señales, con algunas fortalezas en escombros, algunos torreones aislados é inútiles, y vestigios muy diminutos de las murallas que circundaban la famosa capital del imperio morisco. Poco y casi nada le queda al presente, de tantas glorias y de tanta opulencia. Solo la historia es rica, por los tesoros del pasado. El fanatismo religioso, la incuria de los gobiernos y los pueblos, las malas instituciones y el tiempo han destruido mil primores y grandes cosas que el genio oriental habia atesorado en la preciosa Granada.

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CAPITULO II.

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GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.

La Alhambra.—La vega de Granada.—El Jeneralife.—La Catedral.—La
Cartuja.—El Albaicin.—Los Gitanos en Granada.

Subamos á las fortalezas de la Alhambra y los jardines y retretes desiertos del Jeneralife. Pero antes, que el lector me permita, una vez por todas, una advertencia.

Como viajero, he buscado en España y otros paises de Europa todas las impresiones, todos los objetos que pudieran darme simultáneamente goces morales profundos y la idea general del estado de la civilización en cada pueblo. Pero como narrador de viajes, me es imposible describir todo lo que me ha impresionado: 1º porque soy incompetente para los trabajos técnicos (los de ciencias físicas y bellas artes); 2º porque la tendencia principal de mis estudios se refiere á la condicion social de las grandes masas mas que á sus especialidades etnológicas y artísticas.

Que no se me pidan, pues, descripciones minuciosas de monumentos y curiosidades, que pueden hallarse en los libros ad hoc escritos por artistas-literatos, como Teófilo Gautier y otros. No me es dado ofrecer sino impresiones, ni quiero emitir sino reflexiones propias, sean ó no equivocadas. No he podido estudiar la Alhambra ni otros monumentos como artista, sino bajo su punto de vista social, único que puede estar á mi alcance.