Subiendo la alta colina de la izquierda del Darro, por entre callejuelas estrechas, sucias, caprichosas y casi arruinadas, habíamos llegado al pié de la gran puerta monumental que da entrada á la ciudadela ó vastísima fortaleza de la Alhambra. En todo el derredor una falda muy pendiente separa la planicie de la colina de las profundidades del Darro y los altos barrios de la ciudad. Despues, como un inmenso cinturon de piedra, arrancan del seno circular de la falda los enormes torreones y los estupendos muros que aislan la planicie, presentándola sobre el horizonte de Granada como una corona de rocas y verdura que se destaca en el aire. A la derecha de la puerta principal se levantan las masas enormes de la Alcazaba y la torre de la Vela: á la izquierda las torres Bermejas casi arruinadas. Média entre los dos lados un vastísimo espacio, un abismo como de 60 metros, que en tiempo de los Moros estuvo salvado por un puente colosal, suspendido en el aire y que tenia sus estribos ó extremidades en la Alcazaba y las Bermejas! Aquello debió ser prodigioso….
Entramos, y todo un mundo de pompa y armonías, y memorias solemnes, y ruinas y animacion de la naturaleza, se ofreció á nuestros ojos. Yo no tenia idea, excepto en las grandes selvas colombianas, de un lujo de vegetacion semejante. Desde la puerta hácia el interior, en una extension de varias centenas de metros, se prolonga un bosque de árboles seculares y suntuosos, bajo cuyo follaje la sombra es absoluta. Ese bosque está dividido en muchas calles magníficamente macadamizadas, á cuyos lados corren y saltan arroyos cristalinos que forman una música deliciosa. Ni un rayo del sol penetra bajo aquellas cúpulas sagradas donde vaga el genio de toda una raza, de toda una civilización extinguida…. A la derecha, entre pabellones de yedra y tupidos arbustos y colosales olmos, se destacan las murallas y los torreones de la línea interior de fortificaciones que separaba la Alhambra propiamente dicha de los vastos jardines de la ciudadela. A la izquierda se extienden algunas quintas (entre ellas la muy famosa de un rico banquero, Sr. Calderon), rodeadas de cármenes ó huertos y jardines, donde se ostenta cuanto hay de mas delicado y bello, de mas aromático y voluptuoso en la vegetacion andaluza. Aquel paraíso de perfumes, de sombras, de verdura y armonías está habitado por centenares de ruiseñores que silban dulcemente al acercarse la noche. Se quisiera vivir allí largos años, en un incesante recogimiento de amor, de contemplacion y poesía….
Se pasa bajo el pórtico de la fortaleza, dejando el bosque poblado de misteriosas armonías, y el viajero se encuentra en el extenso patio de los Aljibes. En el centro las cisternas cuya cavidad subterránea es inmensa: al sur la Alcazaba, la torre y plataformas de las Prisiones, y en avanzada la altísima torre de la Vela; al norte el Palacio de verano á la derecha, una ancha calle á la izquierda, que conduce al poblado ó ciudadela, y en el centro el palacio de Cárlos V, ruina colosal y noble que occupa una pequeña parte del sitio que cubriera el Palacio de invierno de los reyes moros. Donde quiera escombros gigantescos, desolacion y tristeza;—el esqueleto colosal del prodigio militar y artístico de una civilización….
Al subir por entre rotos muros las empolvadas escaleras del sombrío edificio de las Prisiones, resuenan los pasos del extranjero en el seno de la mole granítica y de ladrillo durísimo, produciendo ecos recónditos que parecen los lamentos de las víctimas un tiempo amontonadas bajo aquellas bóvedas tremendas. Cuando se sale á la vasta plataforma de aquel sepulcro inmenso, y se respira el aire libre bajo el cielo poético de Granada, se siente como una especie de resurreccion. Subimos á la torre de la Vela, impacientes por abarcar el asombroso horizonte que se contempla desde allí. Fué en esa altura estupenda donde tremoló por primera vez el estandarte de los reyes católicos, el 2 de enero de 1492, para anunciar á todos los habitantes de la Vega que el reinado de Boabdil habia terminado.
Renuncio á la pretension de revelar las hondas emociones que me dominaron durante la contemplacion de aquel espectáculo admirable. Miré en derredor, dí un grito de supremo placer, me así del borde del altísimo bastion para no caer, porque un vértigo me arrebataba, y mudo, tembloroso, sin aliento, sentí una lágrima que se me escapaba como el mas puro homenaje…. Es que estaba mirando la imágen de mi Patria!
En efecto, habida consideracion á las distancias y proporciones y á los pormenores característicos, nada hay que ofrezca tan rara semejanza en el conjunto como la Vega de Granada con sus serranías, vistas desde la Alhambra, y la llanura de Bogotá, circundada de cerros, contemplada desde las alturas de "Monserrate." Razon tuvo el conquistador de mi patria para llamarla Nueva Granada, y aún darle á su capital el nombre de Santafé, en recuerdo de la villa de los reyes católicos (que se alcanza á ver desde la Alhambra) donde nació el atrevido Gonzalo Jiménez de Quesada.
El panorama que se registra con la mirada desde la torre de la Vela es superior á cuanta hermosura puede imaginarse. Al pié se extiende la ciudad de Granada, descendiendo en plano inclinado, hácia la llanura, llena de caprichos, de interesantísimos detalles, de arboledas magníficas á trechos, de torres y monumentos de variadas formas; acariciada por el Jenil de un lado; cortada por el Barro del otro, y rodeada de una inmensa cintura de cármenes (huertos, jardines y casas de campo) donde se ostenta la mas lujosa vegetacion. A la derecha se levanta el estribo de serranía donde se admiran las bellezas del Monte-Santo y el barrio de Albaicin, arrabal subterráneo donde vive bajo las rocas, en la miseria y el abatimiento, la raza misteriosa de los Gitanos; y en el fondo del abre que separa ese cerro del de la Alhambra y el Jeneralife, desciende por entre jardines, molinos y bosques de frutales el Barro caprichoso, tan presto arroyo miserable como torrente caudaloso.
Después, en el fondo del panorama, la Vega primorosa,—donde un tiempo ostentaran en las justas su brío, su galantería y sus odios y ambiciones los Abencerrajes y Zegries, y donde probara una raza intelligente los prodigios del trabajo en el arte de la agricultura y en la ingeniosa actividad de la fabricacion. La Vega de Granada es literalmente un mar de verdura, en cuyo fondo resaltan numerosas poblaciones, alcanzándose á distinguir entre otras Santafé, las dos Gávias, Churriana, Almilla y Alendin. Los grupos de esas poblaciones hacen un juego muy gracioso con las arboledas en fila que indican el curso de los caminos y riachuelos y el deslinde de las heredades, con las plantaciones de cereales, de moreras, naranjos, avellanos, limoneros, granados, olivos, almendros y otros muchos frutales, y con las mil casas campestres y los primorosos cármenes del paraíso granadino.
Por último, todo ese paisaje esplendente se ve encuadrado por las montañas de la Sierra-Nevada, donde en la cima de los anfiteatros de colinas y planos inclinados, y sobre inmensos pedestales abruptos de granito y mármol se destaca, como el lomo fulgurante de un mar de plata, el cordon de eminencias coronadas de nieve perpetua, que parece estar enviándole á la Europa los reflejos del sol abrasador de África…. En uno de esos anfiteatros de cerros se nota el del Suspiro del Moro, desde cuya cima dicen que el vencido Boabdil lanzó la última mirada y el postrer adiós á la gentil Granada, ya conquistada por las huestes de Isabel y Fernando….
Descendimos de la torre de la Vela para entrar al santuario del arte voluptuoso de los orientales, haciendo el mas raro contraste con el palacio de Cárlos V. ¡Qué de páginas de civilizaciones distintas, trazadas con piedra sobre una misma colina! En las torres Bermejas y de la Vela, la arquitectura fenicia y la romana; en la Alcazaba, la arquitectura árabe del segundo período; en la Alhambra (Palacio de verano) el estilo florido y refinado del tercer período; y en el palacio arruinado de Cárlos V la arquitectura clásica del Renacimiento. Asi, en solo un espacio reducido, cuántas razas y civilizaciones distintas tienen su representacion!