Se adivina la estupenda grandiosidad que debió tener la parte mas importante de la Alhambra (el palacio de invierno)con solo saber que el vasto edificio llamado hoy «palacio de Cárlos V» apénas ocupa como una cuarta parte del lugar que estuviera cubierto por el edificio principal de la Alhambra, que fué destruido por la orgullosa vanidad del rey emperador. Hoy el edificio no tiene mas que sus muros y fachadas magníficas, sus arcadas interiores y los elementos del suntuoso palacio. Su forma exterior es cuadrada, pero en el interior es perfectamente circular, como si se hubiese querido establecer allí un circo romano. Aquella espléndida ruina llama mucho la atencion, pero no interesa como el palacio de verano, porque el viajero llega solo preocupado con lo que tiene el carácter de morisco ú oriental.

La primera impresion que se siente al penetrar en el famoso recinto es de desilusion. Se han ponderado tanto las maravillas de la Alhambra y su grandiosidad, que al visitarla se la encuentra muy inferior á las descripciones hechas por los viajeros entusiastas. Desde luego, la maravilla de hoy no es mas que un detalle de lo que fué la residencia de los reyes de Granada y su corte; y aunque de algunos años acá se trabaja en restaurar el palacio de verano, que se desplomaba en ruinas y ha sido devastado por bárbaros visitadores de todos los paises, se encuentran patios y salones cuyo estado no corresponde á lo que los artistas y anticuarios han creido que debió contener el palacio.

Me sería preciso escribir centenares de páginas (y mal escritas) si quisiese indicar minuciosamente todo lo que hay de suntuosidad, de capricho, de refinamiento pintoresco, de riqueza y adornos de arte y de especialidad de estilo, en aquellos patios embaldosados con mármol y llenos de aguas y delicias, como los de los Arrayanes y los Leones; aquellos muros cuajados de arabescos primorosos; aquellos pavimentos brillantes y cubiertos de azulejos y mosaicos caprichosos; aquellos artesonados de cedro que parecen bordados por el buril de una hada; aquellas bóvedas y cielos rasos y techumbres de diversas formas, en yeso modelado, entre cuyas molduras de colores vivísimos resuenan cien ecos singulares; aquel grupo de leones de mármol que parecen estar contando al mundo de hoy los amores de las sultanas y esclavas del harem; aquellos salones de maravillosas filigranas en estuco, que guardan en su recinto mil memorias, bajo los nombres de sala de los Embajadores, de las Hermanas, de la Justicia, de los Abencerrajes (que hace evocar las sombras de las víctimas), de la Reina, de Lindaraja, etc.; aquellos jardines repletos de fuentes y arrayanes y naranjos; aquellos baños de alabastro y retretes de la voluptuosidad; aquella mezquita que recuerda toda una religion poética y sublime; aquellos complicados pasadizos, sótanos y escaleras en laberintos; y aquellos miradores aéreos suspendidos sobre abismos para que las reinas y princesas moras pudiesen contemplar los cármenes del Darro, las colinas vecinas y la ciudad y su vega, bañándose con deleite en la luz de las mañanas y en las ráfagas de aromas y armonías que exhalaban los huertos, jardines y arroyos y aves mil, en las faldas que la Alhambra domina con sus murallas y torreones, sus azoteas y celosías.

Si se me preguntase cuál es en resúmen mi opinion respecto del palacio de verano, diría, á riesgo de no agradar á los artistas admiradores ni á los españoles que se jactan de un monumento debido á una civilizacion perseguida por la España católica: Lo que resta de la Alhambra, que es una fraccion nomas, es curiosísimo, pero no grande ni noble: es lindo, pero no bello. Allí todo revela al esclavo, no al verdadero artista; todo es profundamente voluptuoso y artificioso; todo habla á los sentidos, á las pasiones brutales (el amor lúbrico, el juego, el odio y la venganza); nada hay que se dirija al pensamiento, al alma divina,—nada que sea noble, delicado y sublime. La Alhambra no es la obra de un pueblo artista, como eran las iglesias góticas de la misma época, sino la obra automática del obrero-esclavo, obedeciendo á un mandato concebido por un amo, á quien dominara el instinto del deleite, el hábito de la autoridad suspicaz, vengativa y sensual.

En lo general, aunque se ven variedades graciosas en los colores y las formas de los adornos, el trabajo que se ostenta en todos los salones y recintos de la Alhambra es tan homogéneo en su genio ó su estilo, y aún en su ejecucion, que no revela riqueza de fantasía en el artista, sino la mano paciente de un artesano imitando un modelo invariable, ó sirviéndose de moldes para estampar en el yeso los labrados ó arabescos. La piedra no hace allí ningún papel en lo que toca al arte; casi todo esta en yeso ó materia plástica, y en los trabajos de madera la riqueza de labor es subalterna. Esa consideracion disminuye mucho el valor comparativo de los primorosos pormenores del palacio. Al recorrerlo, el alma no experimenta ninguna emocion, y se sienten casi los estremecimientos de la carne como si detras de cada puerta estuviese dormida entre flores y perfumes, sobre un lecho de mármol, una princesa ó esclava desnuda, de ojos ardientes y cabellera de ébano….

Pero hay una cosa singular en la Alhambra, y es, que engaña de todos modos, produciendo diversas impresiones, segun las visitas que se le hacen y el estado de espíritu del extranjero. El que no ha leído nada sobre la Alhambra se maravilla al verla. El que ha leido las descripciones de Washington Irving, Teófilo Gautier y otros escritores, encuentra la realidad inferior, en el primer momento, y sale de la Alhambra bastante desilusionado. Pero si vuelve al día siguiente y mira todo aquello, y lo medita para adivinar el pasado que desapareció, se adquiere una idea mejor, y á cada visita se siente que la Alhambra crece en la imaginación y tiene mas y mas encantos. Por último, si se la contempla desde la altura superior del Jeneralife, y se recorre todo el terreno circunvecino, la Alhambra aparece al espíritu en toda la grandiosidad de su conjunto que fue, y las apreciaciones varían.

Nosotros subimos á la Alhambra en cuatro días diversos, por lados y caminos diferentes, y buscando todas sus faces ó sus puntos de vista. Considerada desde el cerro del Albaicin ó desde el Jeneralife, las impresiones son distintas. Desde el primer punto se la ve original, soberbia y pintoresca. Desde el segundo se la comprende completamente, hallándola grandiosa, estupenda y muy compleja.

El Jeneralife era la casa de campo, en cierto modo, de la Alhambra. Tiene su asiento en una colina superior, inmediata á la planicie de la Alhambra, y está, á su turno, dominado por otra colina mas alta, donde antes existia una fortaleza que el mariscal Soult hizo volar durante la guerra de Napoleón, y cuyas escasas ruinas se encuentran aún dispersas en la loma. Por el pié del escombro baja un arroyo artificial que prodiga sus aguas salladoras al Jeneralife, la Alhambra, los cármenes vecinos y Granada. A una profundidad enorme corre el Darro, y, sinembargo, fué de ese riachuelo que, desde muchas leguas de distancia, trajeron corrientes abundantes á sus palacios y jardines los laboriosos Moros, esos amantes del sol y de las aguas juguetonas.

El edificio del Jeneralife está fuera de las fortificaciones de la Alhambra, aunque estuvo ligado por viaductos aéreos. Era allí donde reposaban y se bañaban las princesas, las damas de corte y las esclavas, gozando con infinita voluptuosidad bajo un cielo admirable, entre mil perfumes, rumores y caprichos, en albercas y tinas de mármol, y teniendo al derredor el horizonte mas encantador del mundo. El Jeneralife se compone de un laberinto de glorietas, pabellones, miradores, fuentes caprichosas, baños, huertos, jardines y mil primores artificiales, donde fueron profusamente aglomerados y bien dispuestos los ricos marmóles y jaspes, los bellos estucos, los delicados arabescos, los lindos azulejos, las cascadillas, las terrazas, los grupos de arrayanes, naranjos, jazmines, granados y rosales formando las mas graciosas figuras, y cuanto era característico del arte oriental, tan hábil en la disposición de los colores, la orientación de los edificios, la distribución de las aguas y el cultivo de las plantas.

Desde allí se tiene la idea completa de la Alhambra, que debió sor una obra inmensa, formidable y de muy variadas condiciones. Una primera línea de fortificaciones, destacada bajo los bordes de la circunferencia de la planicie, lo encerraba todo: la ciudadela y los palacios, los parques y jardines y el Jeneralife. Otra linea mas formidable en su conjunto, con muchos torreones de trecho en trecho, separaba á la Alhambra y la ciudadela de los parques, el Jeneralife, etc.; y por último, los palacios mismos de las residencias de la Corte estaban separados de la masa que componía la ciudadela, dividida en muchas calles con jardines, donde sin duda habitaban las familias cortesanas y acaso una parte de la guarnicion. Hoy todo está casi en ruinas, con excepcion del palacio de verano y la gran mezquita; hay muchos espacios vacíos, los torreones se han derrumbado, los jardines interiores están en esqueleto, y en las calles de esa pequeña ciudad cortesana encerrada entre fortalezas, muchas casas están desiertas y otras no son habitadas sino por familias miserables y mendicantes.