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El Alcázar de Sevilla, de universal renombre, es sin disputa uno de los mas bellos monumentos de la arquitectura arábiga; pero de ningun modo puede ser comparado con la Alhambra. Verdad es que la eminente situacion de esta es excepcional, miéntras que el Alcázar está como escondido en el seno mismo de Sevilla, á unos 500 metros apénas de la catedral. Comenzado por los Moros en 1111 y terminado en su parte baja ó primer cuerpo en 1181, fué la residencia de los reyes moros hasta la reconquista de Sevilla en 1247. Tocóle á Don Pedro el Cruel la construccion del segundo piso, que completó el edificio. Un vasto patio, rodeado de viejos muros, da acceso al Alcázar, cuya primorosa fachada, de una construccion sencilla pero cuajada de relieves ó arabescos, anuncia con esplendor las bellezas interiores.

Todo el edificio se reduce á dos series de vastos salones ó aposentos, generalmente cuadrados y superpuestos en dos pisos. La parte baja de los muros y los pavimentos se compone de lindos azulejos ó ladrillos finos de loza, de colores vivísimos, con las mas graciosas figuras ó dibujos. La parte superior de cada muro, desde su altura média hasta los techos artesonados, de yeso estucado ó de madera, reproduce en lo general, con increible profusion, los mismos adornos floridos ó arabescos que hacen el encanto de la Alhambra, repitiéndose siempre las formas de aquellas exquisitas filigranas de yeso, pero sin perder por eso su gracia de contornos, su finura de líneas sorprendente donde quiera, y su viveza de colorido en combinaciones resplandecientes. Como Don Pedro el Cruel empleó artistas árabes en la terminacion del edificio, los trabajos de arte son completamente homogéneos. Los artesonados ó techos, principalmente los de cedro, son de un gusto de ejecución delicadísimo.

El Alcázar, lleno de luz por la naturaleza de su construccion, no tiene en sus salones y aposentos ese aire de voluptuosidad y de misterio sombrío que domina en la Alhambra. En el Alcázar todo es alegre y resplandeciente, y desde las ventanas y los balcones volados de las piezas interiores se goza de todo el espectáculo encantador que ofrece el inmenso jardin oriental que rodea al palacio. ¡Qué de tradiciones dramáticas en aquel recinto donde reinaron razas y dinastías enemigas! Si el salon de los Embajadores arrebata por su magnificencia y su cúpula soberbia, hace evocar mil historias y leyendas con los retratos al fresco de todos los reyes godos que se ostentan en la techumbre. Ya se siente uno sobrecogido de horror al atravesar la sala donde fué asesinado Don Fadrique por órden de su hermano Don Pedro; ya se destiene á cavilar, visitando la alcoba donde dormia el rey cruel, sobre los dramas de sangre, de zelos y desconfianzas terribles que fueron la consecuencia de las sombrías meditaciones de aquel hombre en sus desvelos; ya en fin, al descender al patio de las Muñecas (donde tenian las moras sus grandes baños) y penetraren los subterráneos donde un tiempo se bañaran voluptuosamente las princesas orientales y mas tarde Doña María de Padilla, se estremece uno pensando en el doble uso de aquellos subterráneos creados para el deleite y convertidos en sepulcro. Allí, en uno de los calabozos húmedos, sin aire ni luz alguna, sufrió su prision y su martirio esa mujer de tan célebre memoria.

El jardin, que tiene como tres hectaras de superficie total, está encerrado por un alto muro que por sí solo es un monumento. Todo él está lleno de arabescos, de columnitas preciosas, de frescos, inscripciones y mil adornos muy bellos. Lo que mas admira es que esos primores de arte, expuestos á la intemperie despues de tantos siglos (pues tal es la construcción de los muros) se conservan perfectamente y subsisten como modelos del arte arábigo. Sería imposible describir completamente ese admirable jardin (tan especial en Europa) sin llenar muchas páginas cuyo poético lenguaje parecería exagerado. Aparte del interes que tienen la fachada interior del Alcázar y los altos muros que encuadran el recinto, el fondo mismo del jardin es encantador por su conjunto así como por sus preciosos detalles. Al recorrer sus laberintos de arrayanes simétricamente recortados, sus tupidos bosquecillos de naranjos y granados, sus vastas aglomeraciones de arbustos y plantas en flor, tan brillantes como artísticas en unos sitios, tan graciosamente desiguales en otros, y al penetrar en todos los santuarios de verdura que pueblan el recinto, se cree uno como trasportado á los edenes orientales.

Allí todo es voluptuoso, risueño, tentador. Ya se divierte uno en querer hallar la pronta salida de los laberintos de arrayan, ó en descifrar las alegorías de todas formas trazadas en el suelo por medio de los mismos arbustos de arrayan hábilmente dispuestos; ya se goza en admirar los grupos floridos, los juegos de aguas ingeniosísimos y sorprendentes, las numerosas fuentes de formas arábigas y las escalinatas de mármol donde el sol andaluz brilla con todo su esplendor. Ora se pone uno á vagar, soñando y recordando mil historias, bajo la sombra espesa de los bosquecillos de naranjos, limoneros y granados, donde se siente la embriaguez deliciosa que producen el azahar y el jazmin, la albahaca y las rosas en profusion. Ora en fin, al rumor de las fuentes y al canto de los pajarillos habitadores del jardin, se reposa con deleite, sentado en otomanas de mármol, bajo las cúpulas de lindos pabellones de estilos diferentes, construidos en el centro de aquellos retretes de verdura que parecen evocar las sombras de las sultanas y las tradiciones de la civilizacion morisca. El Alcázar es un delicioso monumento. Su tipo es la frescura risueña. Allí falta la grandeza que caracterizó la Alhambra. Por eso, al salir de la antigua mansion de Don Pedro el Cruel, se siente pesado y desagradable el aire de la calle y se lleva una dulce impresion, pero no se experimenta esa tristeza que acompaña al viajero al alejarse de los sitios y los monumentos admirables de la vieja fortaleza de Boabdil.

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La Lonja, situada al lado de la catedral, es un hermoso y elegante monumento que hace honor á su artífice, el famoso Herrera. Es completamente cuadrado, mide 37 metros por lado y su estilo es del Renacimiento, pero de una sencillez deliciosa que en nada perjudica á su majestad. El mármol está allí prodigado con suma opulencia, y la luz entra por todas partes á torrentes. El Tribunal de comercio y la Bolsa tienen su residencia en ese espléndido palacio de la especulacion. Allí tuvo su asiento, como he dicho, la famosa Casa de contratacion, institucion establecida por la España en sus tiempos de obcecacion política para explotar el comercio de sus colonias colombianas, mediante el monopolio. Los inmensos archivos se conservan en hermosos armarios con el mayor cuidado, en términos que la historia comercial y económica de Hispano-Colombia, durante una larga época, se encuentra allí esparcida en millones de documentos.

El edificio es de dos pisos, claustrado en ambos, pero sin balcones ni galerías salientes. Todos sus pavimentos son de mármol y todos los muros y techos de piedra pura. Lo mas notable por su mérito de composicion está en la escalera y los artesonados. La primera es por sí sola un espléndido monumento, por sus formas, la enormidad de sus mármoles (todos de Granada) tan ricos por su finura como por sus colores y volumen y formando mosaicos primorosos. El techo se compone en los cuatro lados de un encadenamiento de bóvedas, con la particularidad de que no hay entre mas de cuarenta artesonados (de pura piedra, sólidos en extremo y atrevidos y hermosamente ensamblados y labrados) dos que se parezcan en sus relieves ó formas parciales. La Lonja es, en su género; quizas el mas hermoso monumento que tiene España.

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