Si el arte de edificar reune tan admirables muestras de todo género en Sevilla, el arte divino que crea la luz y eterniza la verdad en la tabla, el lienzo y el muro, no tiene ménos quizas de qué enorgullecerse en la patria de Murillo y Herrera. El Museo de pinturas de Sevilla es por sí solo un tesoro inmenso, aún á los ojos del que ha conocido los de Madrid, Paris, Dresde, Ambéres y otras ciudades europeas. Sinembargo, no todo el Museo merece tal reputacion. Exceptuando unos seis cuadros de primer órden en el gran salon (local oscuro y triste de una antigua iglesia), puede decirse que el valor esencial está en el salon de Murillo, cuyo precio es incalculable.
El salon principal tiene buenas obras, sin duda; pero la gran masa no es sobresaliente, porque Sevilla (que ha dado su nombre á una grande y gloriosa escuela) ha sido sucesivamente saqueada en materia de pinturas, ya por el mariscal frances Soult, en la época de la guerra nacional, ya por las autoridades que han querido organizar museos nacionales y particulares á expensas de las provincias. Se siente uno pasmado de admiracion á la vista de la sublime Asuncion de Murillo, tan profundamente celestial en sus formas y expresion; del famoso cuadro de Zurbarán (que tiene su historia político-diplomática) representando la predicacion de Santo Tomas de Aquino; de una Concepción y una Visitacion de Valdez, que evoca con divina uncion todo el poema del misterio bíblico; de un Cristo, de Zurbarán tambien, asombroso de dolor y agonía suprema; de un Jesus de Estéban Márquez (discípulo de Murillo), que parece creado por la inspiracion y la mano del maestro; y en fin, de los Cinco Apóstoles de Polanco, artista cuyas obras me han parecido notables por la energía del pincel. Al contemplar todas esas figuras, bajo las sombras del templo desierto, se comprende bien la superioridad de los genios que, profundamente agitados por el sentimiento de la piedad y la idea cristiana, han creado un arte nuevo, dándole el sello de la majestad, la uncion y la santidad.
Esto es precisamente lo que mas resalta al recorrer el salon que contiene únicamente obras de Murillo. Los veintitres cuadros que forman esa coleccion fueron elaborados durante un encierro voluntario á que se condenó el piadoso artista, asilado en el convento de capuchinos de Sevilla. Es bien sabido que Murillo nunca empezaba una obra sin haber comulgado, lo que prueba cuán hondamente lo impresionaba el sentimiento religioso. La soledad era su mejor elemento, porque ella le infundia ese recogimiento supremo que les diera su carácter de beatitud casi inimitable á todas las creaciones del gran artista sevillano. A este propósito es digna de mencion una obra superior de Herrera el viejo, que se ve en el primor salon. Es un San Hermenegildo admirable, hecho en su calabozo por aquel pintor, condenado á perder la mano por haberle dado un bofeton á cierto clérigo. Sin duda el artista comprendía muy bien todo el valor de su mano en capilla, puesto que produjo una obra sublime que le valió el perdon. Casi siempre las mas grandes producciones del genio han nacido en momentos críticos y en las sombras del recogimiento.
Casi sería inútil, y acaso pretensioso, hacer una eleccion cualquiera entre los veintitres cuadros de Murillo, que valen mas de quinientos mil pesos, al decir de algunos conocedores. Todos son á cual mejor. Sinembargo, el cuadro que representa el milagro de San Francisco de Asis es acaso el mas vigoroso como obra de pincel ó labor. Como obra dé inspiracion, nada seduce tanto como la Adoracion de Jesus: la figura de la Virgen es de una expresion de pureza y gozo celestial insuperables; y el candor, la sencillez, la sorpresa inocente de los pastores, que atisban al niño con curiosidad infantil, son inimitables. Acaso sea necesario mencionar tambien, como creaciones soberanas, el mendigo del cuadro de Santo Tomas de Villanueva, un San Félix de Cantalicio, una Concepcion (el estudio predilecto de Murillo) y una Asuncion, tipo que muy raros artistas han logrado imitar ó revelar con sus verdaderas condiciones.
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Que el lector me perdone si le invito aún á visitar otro museo interesantísimo, simple porcion de ese vasto, complicado y preciosísimo museo de mil formas que se llama Sevilla.—Hablo de la Iglesia de la Universidad, que el extranjero visita con profundo placer. Allí hay una numerosa coleccion de tumbas interesantes bajo todos aspectos. Entre las diez que sobresalen se ven las del duque de Alcalá y su mujer, fundadores del edificio, y de otros nobles castellanos célebres en la historia, que son verdaderos monumentos por el gusto de las formas, el mérito de los mármoles y el primor y la riqueza de los relieves, los bustos ó cuerpos y demas esculturas. En clase de esculturas religiosas hay un Cristo de Montañez, tan asombrosamente superior que por sí solo vale por un museo; así como un San Ignacio de Loyola y un San Francisco de Borja (del mismo artista), que son estatuas admirables. El San Ignacio principalmente parece haber realizado el ideal supremo del arte que puede animar el mármol, la piedra ú otra materia, y darles un lenguaje elocuente y una mirada profunda. Toda la historia de la Compañía de Jesus parece surgir a priori de esa frente marmórea y ese ojo ardiente y fascinador que sondea y medita.
En cuanto á pinturas de la capilla, el altar mayor y los muros laterales contienen obras verdaderamente maestras de Roelas, Pacheco, Alonso Cano y otros artistas que tuvieron justa celebridad en España. Es bien digno de notar que el arte de la pintura ha corrido siempre parejas con el movimiento caballeresco y religioso de los pueblos. Entre las sociedades europeas el pincel parece haber reinado siempre al lado de la espada y á la sombra del capuchon. Italia, España y Francia,—los pueblos mas guerreros y mas exaltados ántes en el sentimiento religioso,—han revelado su historia en los lienzos con singular energía. España es un país inmensamente rico en pinturas, porque ha tenido exuberancia de conquistadores y frailes.
Sinembargo, pocas ciudades tienen en la península el privilegio que posee Sevilla. Madrid, Barcelona, Cádiz, Búrgos, etc., son esencialmente españolas. Valencia es medio morisca, pero muy inferior en cuanto al arte á las dos ciudades andaluzas mas notables. Córdoba es casi toda morisca. Toledo esencialmente compleja, pero dejando predominar el arte gótico y el greco-romano en sus principales monumentos. Solo Sevilla y Granada tienen la singular ventaja de revelar simultáneamente, por sus obras artísticas, las mas completas manifestaciones de diferentes y aun opuestas civilizaciones. Pero todavía Sevilla es en eso muy superior á Granada. Sevilla mantiene juntas y vivas, con singular energía, todas las tradiciones orientales, así como las pruebas del arte latino y del gótico en obras superiores.
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Todavía mencionaré un monumento en extremo curioso, que es una de las obras de estilo morisco mas interesantes en ese arte de la escultura plástica y pintoresca que los Moros tenían tan avanzado en el siglo XIV. Me refiero á la Casa de Pilato, edificio curiosísimo que hoy pertenece á los duques de Medinaceli. Se asegura que esa casa es una del reproducción de la que habitara en Jerusalen el famoso juez que dejó á los togados y políticos el modelo de la habilidad que consiste en matar y lavarse las manos, Cuentas que un caballero cruzado español, al volver a Sevilla de la guerra santa, quiso perpetuar la memoria de sus campañas en Palestina y para eso mandó construir la Casa-Pilato conforme al modelo traído. Sea cierta ó no la tradición, ello es que la casa no revela en sus obras de arte sino el estilo arábigo florido (el mas avanzado), que no podía haber sido conocido en los tiempos de Cristo, y que apenas se iniciaba en los de las Cruzadas. Pero la cuestión no nos importa a los curiosos, que debemos limitarnos á observar y recoger impresiones.