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Desde luego que, al hablar de los monumentos de Córdoba, su admirable mezquita ó catedral, fundada en 692, ocupa el primer lugar, y casi puede decirse que es todo lo importante allí. El gran puente de diez y seis arcos, sobre el Guadalquivir, no es interesante sino por su antigüedad y su orígen, pues carece de atrevimiento y gusto. El Alcázar está en escombros, quedando apénas los hermosos y vastos jardines bastante abandonados. Los demas objetos curiosos lo son mas bien por obras de arte español que como monumentos moriscos.

La mezquita con sus accesorios ocupa una vasta extension: es un grandioso edificio cuadrado, con diversas fachadas y de singular sencillez en su conjunto. La gran portada morisca del Perdon, cuajada de arabescos y situada bajo la torre de construccion española, da entrada á un espléndido patio claustrado, que pueblan centenares de antiquísimos y corpulentos naranjos. Mide ese patio 100 metros de longitud y 65 de latitud, y en sus claustros ó galerías abundan los relieves y otras curiosidades artísticas. Del patio se penetra á la Mezquita, cuya portada monumental y principal da sobre la calle. Es profunda la impresion que se siente al visitar por primera vez esa mezquita bautizada ó convertida en catedral católica, monumento único en su especie en Europa, admirable en todos sentidos y de una imponente majestad sombría. Ni la Alhambra, ni el Alcázar de Sevilla, ni la Giralda, ni otro monumento de la arquitectura sarracena, revelan en España con tanta energía esa tendencia á lo poético y maravilloso y á lo grande en la sencillez de concepcion y formas, que distinguió las obras de los Moros en la península.

El edificio en su totalidad tiene diez y seis puertas de entrada usual; la mezquita propiamente dicha mide 620 piés de longitud y 440 de latitud. Compónese de un conjunto admirable de naves con calles de columnas cortadas en ángulos rectos, de modo que hay diez y nueve naves longitudinales y veinte y nueve trasversales, produciéndose un asombroso laberinto de columnas que semejan los mástiles equidistantes de un bosque de gruesas palmeras. De ese cruzamiento ó multiplicacion de naves de igual latitud y formas absolutamente armónicas, resultaba un total de 850 columnas, en la época en que el templo era una mezquita. De esas columnas mas de 400 procedieron de Jerusalen, Egipto, Numidia, etc., y son de ricos mármoles de colores y preciosos jaspes; las demas, muy inferiores en calidad, salieron de las canteras de la provincia de Córdoba ó de Granada. ¡Imagínese el maravilloso efecto que produciría esa mezquita llena de moros é iluminada por 400 lámparas que tenia, sin que la vista fuera interrumpida en ninguna direccion, fuese recta ú oblicua!

La trasformacion de la mezquita en catedral le ha hecho perder mucho de su belleza al monumento, porque fué mutilado y adulterado en sus mas grandiosas proporciones. Los altares católicos y capillas construidos en el centro han destruido completamente la inmensa perspectiva de todo el conjunto de naves; han suprimido muchas columnas y naves reemplazándolas con bastiones de malísimo gusto; y han deteriorado por precision los admirables artesonados de la techumbre y los preciosos é innumerables arabescos que adornaban las arcadas en herradura soportadas por las columnas. En su época morisca, el templo tenia en cedro primorosamente trabajado todos los techos de las naves; hoy no son sino de yeso, sin estucos siquiera.

En parte de compensacion, hay en las construcciones exóticas (algunas de ellas completamente imitativas del arte sarraceno) mil preciosidades de escultura en madera y yeso que llaman mucho la atencion. El templo tiene hoy cincuenta y tres capillas laterales, y ademas, en el centro, el coro y diez y nueve altares. Nada mas extraño que el contraste que hacen allí las construcciones del Renacimiento en el centro y al lado de tantas obras del estilo oriental,—no obstante la supresion de los pintorescos azulejos que tanto caracterizan los muros y pavimentos de las construcciones moriscas.

En cuanto á los pormenores, los verdaderos primores del monumento están en tres capillas: la del Koran (que era como el sagrario de los Moros), la de los Reyes (adyacente al coro) y la del Cardenal. La primera es admirable por sus mosáicos primorosos, y contiene entre mil arabescos los símbolos sencillos de la religion mahometana. La de los Reyes, obra de imitacion, contiene maravillas de escultura oriental en sus estucos, su techumbre de yeso y colores á estilo de la Alhambra, y sus arabescos finísimos. La del Cardenal es notable por los bellos cuadros del infatigable y fecundo pintor andaluz Palomino, representando la conquista de Córdoba y el martirio del Santo-patrono, y por dos hermosas Vírgenes debidas al pincel de Torrado.

La impresion que deja ese monumento es profunda y deliciosa. Adentro una floresta de columnas de mármol cruzándose en un laberinto que da la idea de la grandeza y la eternidad en la sencillez de concepcion mas perfecta. Y afuera, en el gran patio, un bosque de naranjos, á cuya sombra murmuran las aguas de las fuentes…. Admirable religion aquella, reducida á la creencia en Dios uno, sin intermediarlos, el espliritualismo en la fe, la nocion del paraíso, y el sentimiento del amor, de la fraternidad y la igualdad,—religion que se revela en una arquitectura de la mas cándida simplicidad! Extraño fenómeno el de una religion que, siendo tan espiritualista, ha conducido a los pueblos orientales á un fatalismo absurdo que destruye la nocion de la libertad y la responsabilidad, y establece la esclavitud y degradacion de la mujer! Pero extraña tambien la persecucion secular que le han declarado á esa religion varias sectas que, llamándose cristianas, ni han sabido ser espiritualistas, ni han renunciado al fatalismo bajo otras apariencias, ni han hecho cosa mayor por la libertad y la dignidad de la mujer!

La mezquita-catedral nos impresionó tan vivamente á mis compañeros de viaje y á mí, que la visitamos cuatro veces. No por eso dejamos de visitar las demás curiosidades de Córdoba. Entre estas es notable la admirable y monumental escalera de mármol, con soberbias molduras, que existe en la Escuela-Pia, casa que fué de los Jesuitas. Viajando en Europa he observado que donde quiera que los Jesuitas han tenido colegios sus alojamientos han sido espléndidos; lo que prueba que su decision por el lujo ha sido hábilmente secundada por una industria bien productiva de inmensas riquezas. Los hijos de Loyola son los mas felices especuladores del mundo.—Tambien llaman la atencion: la capilla del hospital de San Francisco de Asis, la casa del duque de Almodobar, la del conde de Torre-Cabrera, y la torre octógona, morisca, de San Nicolas.

Entre los numerosos establecimientos de caridad que hay en Córdoba, el de San Francisco de Asis es una especialidad curiosa: él no admite sino convalecientes (hasta 150) salidos de los otros hospitales. El principio de la division del trabajo está, pues, aplicado allí á la beneficencia con mucho criterio. El exquisito aseo de aquel hospital hace mucho honor á los que lo habitan. La capilla no es curiosa sino por sus labores de estilo morisco (imitacion); y segun parece es un resto de antiguas construcciones que pertenecieron al palacio de Almanzor.