—Ca, hombre! si aquello es lo que hay que ver, respondió el viajero feliz.—¡Qué correteo de máquina, por Cristo!

—¿Y asusta el embarcarse?

—Pues ya! Al comenzar la carrera da resoplidos y jumea como un horno encendido; pero luego es el gusto. No es mas que abrir y cerrar un ojo, y héteme Usté al fin del viaje.—Eso es como cosa de encantamiento.

—Pues ni mas ni ménos. Barato y ligero, como quien vuela.

—Diantre! que no tengamos otro igual por estos cerros de Dios!

—Ya vendrá, que lo están haciendo de Madrid á Francia, y la máquina nos pasará por entre las barbas, como, quien dice.

—Pues no les arriendo las ganancias á los posaderos y muleteros. El mayoral de la otra casa sé hará sacristan si quiere yantar judías y buen tocino.

—Quién dijo tal! Usté no entiende el cuento.

—Pero si todo pasará tan de ligero, quién se ha de apear en Guadarrama!

—Ca! que se está Usté diciendo! ¿Pues no considera Usté que nos lloverán los franceses como granizo y pasará gente como pájaros? Y luego, échele Usté trigo á la tierra y saldrá la harina de Castilla hasta por los ojos; que en habiendo caminos todo será barato y bueno, y andaremos mas á priesa.