Todo lo hace esperar, puesto que los ferrocarriles y telégrafos, los bancos y sociedades de crédito, y muchas otras nuevas empresas están produciendo excelentes resultados, en reducida escala, y van trasformando la faz social del pais.
La España comprenderá que los museos y todas las maravillas de arte no pueden tener importancia sino como lujo ó refinamiento de la civilizacion, debiéndose pensar primero en los trabajos que aseguran la prosperidad económica, intelectual y política. Antes de fabricar los adornos de la casa conviene hacer la casa misma, sólida, barata y cómoda.
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Un pobre vecino del Escorial se encargó de conducirme por una ruta trasversal al pequeño pueblo de Guadarrama, miserable caserío de 380 vecinos, á fin de tomar allí la diligencia que gira de Madrid á Valladolid. El buen hombre me atavió un troton mas duro que las piedras, que cargó conmigo con la mejor voluntad de que es capaz un rocin; y por su parte se echó á andar á buen paso, caballero en una yegua de humor apacible y dócil, encajado entre las maletas y el baúl que componian mi modesto equipaje.
El tal castellano-nuevo, sencillo, honradote, pero con ciertas puntas de malicia epigramática que distinguen mucho al español casi en todas las provincias, me hizo no solo tolerables sino agradables las tres horas del trayecto, siguiendo una hermosa pero inútil carretera que costea las eminencias y ásperas lomas de la falda oriental de la Sierra. Contóme de cabo á rabo todas las crónicas municipales de su vecindario, las disputas permanentes del Ayuntamiento y los vecinos con los administradores del real sitio, las miserias de los habitantes, su modo de vivir y sus alegrías en las épocas en que la Corte reside en San Lorenzo. Esta cronista, hablando sin amargura y con honrada sencillez, hacia, sin pensarlo, la acusacion de todo un pueblo contra sus gobernantes. La voz de aquel rústico labriego, resonando en los peñascos escarpados, en la oscuridad y en el silencio de la noche, me impresionaba profundamente, haciéndome reflexionar en el inmenso y secular drama de la civilizacion cuyas escenas, aunque infinitamente variadas en la forma, presentan en definitiva el mismo espectáculo de lucha: pueblos víctimas, y soberanos victimarios de una manera ú otra….
Eran las diez y media de la noche cuando me apeaba pidiendo la hospitalidad en una de las posadas principales del puerto de Guadarrama, punto donde se produce la mas profunda abra de la serranía para dar paso entre las dos Castillas. Hube de pasar por la cocina para poder penetrar hasta mi dormitorio. Molido por el troton y casi aterido de frio, quise esperar el sueño en un rincon de la cocina, donde al derredor de un gran fogon estaban agrupados cinco ó seis castellanos departiendo sobre las cosas del dia mas importantes para ellos. Caras curtidas por el sol y el viento, severas pero simpáticas, de ojos inteligentes, expresivos y un poco burlones; un acento mesurado y sonoro, y de correcta pronunciacion en lo general, y un aire de benevolencia y honradez, distinguian á esos rústicos hijos de la Vieja Castilla. Sus pantalones cortos, ligados á las polainas muy modestas, en dos de ellos, haciendo juego con la chaqueta de paño burdo y el sombrero de anchas alas, armonizaban con el vestido de los otros, casi totalmente cubierto por el sayal ó manta de lana parda ó amarillenta.
Cuando me acerqué al grupo campechano se discutia sobre alimentacion, y las opiniones eran unánimes en condenar las papas (que en España llaman patatas) como indignas de la especie humana. Efectivamente, en todo el país las papas son miradas generalmente con tal desprecio que tienen su aplicación preferente en la ceba de los cerdos.
El pan, las habas, las judías (ó frisoles), el tocino y sobre todo los garbanzos, constituyen la base general de la alimentacion popular. El vino tiene un consumo relativamente muy reducido. Acaso el pueblo español es el mas frugal de los de Europa, alimentándose principalmente con legumbres y granos. De seguro que es el primero en sobriedad.
La conversacion rodó luego sobre los ferrocarriles, y fué entónces cuando me interesó mas, probándome el buen sentido de aquellos labriegos. Uno de ellos, que por mucha fortuna había ido á la Corte recientemente (la Corte es el nombre enfático de Madrid), contaba que se había embarcado en la máquina, para ir hasta Valdemoro á una diligencia.
—Vamos, ¿y es cosa de quedarse uno pasmao, como cuentan? preguntó uno de los departidores.