El conjunto del edificio corresponde en lo general á los órdenes jónico y dórico, aunque en la fachada de los Reyes y el altar mayor de la iglesia están combinados los cuatro órdenes de la arquitectura del Renacimiento. La iglesia es, en pequeño, una primorosa imitacion de San Pedro de Roma, con un lujo de ornamentacion que sorprende y seduce, y mil trabajos de escultura y pintura que arrebatan y embelesan sucesivamente. Hay allí frescos deliciosos que le dan al recinto un no sé qué de celestial y sublime, impresionando profundamente. Compónese la iglesia de tres naves, en un conjunto de forma casi cuadrada, dominándolo una soberbia cúpula, y terminándolo un coro alto que sé prolonga en una galeria circular hasta rodear el altar mayor. El cimborrio tiene la considerable altura total de 351 piés, rematando en una cruz de bronce de 913 kilógramos de peso, que reposa en una enorme bola de bronce dorado tambien, con 7 piés de diámetro y 1,662 kilógramos de peso. Todo en este monumento tiene las proporciones de lo colosal y suntuoso. Ademas de los 42 bellos altares de la circunferencia, cada uno de los cuales está cuajado de obras maestras de arte, el altar mayor, todo de bronce dorado al fuego, es de una magnificencia y finura prodigiosas.
La Biblioteca es una de las joyas mas valiosas del Escorial. Ademas de sus interesantes colecciones de libros (que exceden de 40,000 volúmenes) contiene como 10,000 manuscritos, algunos de ellos preciosísimos por su especialidad ó por sus obras de arte. Son muy notables: un Koran tomado al sultan de Marruecos por D. Pedro de Lara;—un Devocionario de Felipe II, en hojas de pergamino;—otro de Isabel la Católica, en papel vitela, y un Códice aleman (de Espira) que contiene los cuatro Evangelios, todos admirables como obras de caligrafia y miniatura, en que se revelan al mismo tiempo una increible paciencia y una maravillosa habilidad y finura de pincel y pluma. Toda la techumbre de la Biblioteca contiene bellos frescos, y de los muros penden algunos retratos históricos muy estimables.
Si la techada principal, la iglesia y la Biblioteca tienen mil preciosidades, la grande escalera del palacio es un famoso monumento, notablemente por los gigantescos frescos históricos que representan la batalla de San Quintin en Francia y los personajes mas importantes del Escorial, como Cárlos V, Felipe II, etc. Un asombroso laberinto de escaleras, galerías y salones, en que sería fácil perderse, permite llegar al fin á los departamentos reales ó del Palacio propiamente dicho. Allí cada salon y cada aposento es un museo, donde se ha reunido cuanto el arte puede haber producido de mas bello, delicado y primoroso en España, desde la época en que el monumento fué construido, ya en materia de pintura y escultura, ya en cuanto á tejidos artísticos (tapicería), dorados, ebanistería, cerrajería, etc.
Así, las piezas corresponden á cuatro clasificaciones generales: unas que son galerías de pinturas; otras que ostentan principalmente sus tapicerías superiores; otras notables solamente por sus frescos; y otras en fin (especialmente los aposentos de la reina) donde se admiran mil primores en madera, marfil, nácar y metal, en los muebles finísimos, las puertas y ventanas, los pavimentos, etc. Es incalculable el valor de tantas maravillas, cuya sola mencion exigiría muchísimas páginas, sin hacer resaltar por eso lo que hay de admirable en tantas obras de arte. No se sabe qué apreciar mas entre tantos cuadros de Rafael, Parmesiano, Reni, Murillo, Ribera, Cano, etc., tantas preciosas tapicerías flamencas pintadas por David Teniers, ó por Goya, nacionales; tantos tesoros de ebanistería; tantas riquezas en frescos superiores y prodigios de todas clases. La sala de las Batallas, cuyos enormes frescos (pintados por Granelli y Fabricio) carecen absolutamente de perspectiva, son sinembargo muy interesantes por su asombrosa variedad y riqueza de detalles y figuras, que trazan la historia de las batallas de D. Juan II de Castilla contra los Moros de Granada, y de Felipe II contra los Franceses en la ciudad de San Quintin y otras de Francia.
Para que se tenga una idea de la inmensidad de riquezas consumidas en la ornamentacion del Escorial, me bastará indicar un hecho. Las cuatro pequeñas piezas llamadas «aposentos de la reina», repletas de filigranas de todo género, mesas de pórfido, oro, nácar, carei, etc., y cuyos muros están cubiertos de tela de razo bordado de oro, han costado 28 millones de reales de vellon (1,400,000 pesos fuertes) en lo relativo al ornato nomas. No sería exagerado calcular que todos los objetos de arte (arquitectura, pintura, jardinería, etc., etc.) que constituyen el material del real sitio de San Lorenzo, han hecho consumir por lo ménos 250 millones de pesos fuertes. Los reales sitios son las vorágines profundas del tesoro español.
Durante muchos años el Escorial ha estado casi completamente desierto, aunque no descuidado, en los meses en que la Corte no reside allí,—gracias á la supresion de los conventos. Pero recientemente la piadosísima reina (que desea con ardor tener contento á Dios) ha restablecido el convento, á despecho de la ley, de un modo indirecto, mediante una comunidad, muy curiosa y original, de clérigos seculares sometidos á una regla que, segun las malas lenguas, tiene íntimo parentesco con la de San Ignacio de Loyola. Esa comunidad disimulada diz que tiene por objeto el cuidado de la biblioteca y de todos los primores del edificio. Nada hay que extrañar en la piadosa maniobra de la reina, puesto que su primer ministro, el Mariscal O'Donnell, le ha dado el ejemplo de un buen sistema, declarando á las Cámaras que su Ministerio no moriría de empacho de legalidad.
El panorama que se registra desde los balcones del palacio, mirando hácia abajo, es bellísimo. La vista abarca todas las faldas de la Sierra, cuyas crestas coronadas de nieve brillan magníficamente; reposa con placer sobre los hermosos bosques y prados del inmenso parque, y se deleita en la contemplacion de los lindos jardines y las espléndidas alamedas que circuyen la casa del Príncipe, como de los suntuosos patios y terrazas del pié del palacio, cuyas fuentes arrojan graciosamente sus aguas saltadoras entre grupos de arrayanes artísticamente cultivados. Aquel horizonte es de una poesía triste y solemne en lo lejano,—deliciosa y risueña en los cuadros de verdura y trabajos de arte mas inmediatos.
La segunda maravilla del Escorial es la casa del Príncipe, encantadora quinta ó palacio campestre á donde se baja por una grandiosa alameda, entre parques suntuosos, sombríos y ricos en flores y perfumes. Ese edificio, cuyas formas son graciosísimas, es un museo de incomparable valor, desde la entrada hasta los mas recónditos aposentos. Es indecible lo que hay allí de tesoros en pinturas (de todas las escuelas del mundo y con mucha abundancia de obras maestras), en esculturas de todos estilos,—ya en mármol, ya en marfil, pasta de arroz, carey, nácar, etc.,—en tapicerías y trabajos de ebanistería, bordados, doradura, etc. Un artista podría vivir años en aquel santuario de primores, sin cansarse nunca, sino al contrario deleitándose con la suprema embriaguez de la admiracion. No hay un artista eminente de cuantos han brillado en el mundo en los últimos ocho siglos, que no tenga allí su representante. Asi, puede decirse que si el Escorial es admirable, sobre todo por su grandeza, la Casa del Príncipe le sobrepuja en muchos de los mas delicados objetos de arte.
La contemplacion de todas esas maravillas me sugirió algunas reflexiones penosas respecto de España y aún de la civilizacion en general. La península española es, sin disputa, despues de la italiana, el país mas rico en monumentos y objetos preciosos de bellas artes, pero es tambien uno de los mas profundamente atrasados (en Europa) en esa labor vigorosa de la civilizacion que se refiere al desarrollo del bienestar social. Su industria es á sus museos lo que su literatura científica á su amena literatura. Pocos pueblos han hecho tan hermosos versos y con tanta abundancia como el español; pero pocos están tan atrasados como él en el conocimiento de las ciencias físicas y matemáticas, morales y políticas. Así, donde quiera resalta en España el vivo contraste de un inmenso adelanto artístico, ya pretérito, y un lamentable atraso presente, en la agricultura, las fábricas, el comercio, las ciencias, las artes mas comunes, las comunicaciones, el gusto, las costumbres, etc.
¿Cambiará en breve esa situacion?