Aunque las tres líneas paralelas que describen el Pisuerga, el canal y la carretera, le dan alguna animacion al paisaje, este es en lo general monótono y triste. El viaje es lento, pero no carece de distraccion. Aparte del placer que me causaban las conversaciones de los muchos castellanos compañeros de viaje, manifestándose todos inteligentes, habladores, chistosos y de excelente índole, los objetos del tránsito me interesaban. Ora me llamaban la atencion los numerosos molinos y alguna que otra fábrica á orillas del canal; ora las barcas viajeras cargadas de harina ó de mercancías extranjeras y rieles de ferrocarril; ya algunos pequeños pueblos vecinos, algunos cordones de colinas cubiertos de viñas, ó grupos de bodegas al aire libre; ya los bellos paisajes del valle del Pisuerga, en pintoresca sucesion desde la llanura de Valladolid hasta Palencia, que el canal domina enteramente desde léjos. La línea del ferrocarril que se está construyendo, para ligar á Valladolid con Santander, por Palencia y Reinosa, corre tambien por la orilla misma del canal en largo trecho.
Entre los pocos pueblos que demoran en la vecindad del canal, solo es notable Dueñas (que pasa por ser de orígen céltico), con 4,300 vecinos, y abundante en producción de granos y buenos vinos. Los demas son casi insignificantes y de un aspecto generalmente pobre y desgraciado.
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La provincia de Palencia tiene apenas 185,970 habitantes, sin mas centro importante de poblacion que la capital, que cuenta cerca de 13,000. La extensa y fértil llanura que rodea á Palencia es muy pintoresca y de esmerado cultivo. Si sus campiñas están todas cubiertas de cereales, sus alrededores interesan y sonrien ostentando hermosas arboledas ó graciosos huertos de frutales fecundados por el rio Carrion. La ciudad es tan antigua que su origen es desconocido, y no solo es célebre por haber sido el asiento de muchos concilios españoles, sino también por el recuerdo de sus heróicas mujeres que, habiendo combatido á los Ingleses en tiempo del rey Don Pedro, ganaron el privilegio de usar bandas de oro en el tocado, á estilo de las de los caballeros. Llama la atencion allí, en la puerta meridional, una lápida del sepulcro de los hijos de Pompeyo, descubierta por una casual excavacion en la ciudad.
Palencia tiene sin duda «el colorido local» ó el aspecto general de las viejas ciudades españolas, pero tiene condiciones especiales que la hacen apreciable. Sus calles son generalmente rectas, espaciosas y limpias, y sus casas (de dos pisos casi todas) no tienen el aire repelente de la parte antigua de Valladolid. La calle principal es muy curiosa por sus dos filas de arcadas interminables, á cuya sombra se ven las tiendas y los almacenes que centralizan toda la actividad comercial de la ciudad.
El único monumento importante es la Catedral, pero ella sola vale por muchos monumentos. Es de una arquitectura gótica muy elegante y graciosa, como lo exigía la época de su construcción, y se la considera con justicia como una de las mas bellas y espaciosas catedrales de España. Comenzada al principio del siglo XIV, fué terminada á fines del XVI, por lo que no es extraño que algunos de sus detalles interiores pertenezcan al Renacimiento. Consta de tres naves, sostenida la central por veinticuatro columnas. El atrevimiento, la ligereza, la gracia y el buen gusto son sus distintivos. Aparte de las mil preciosidades de las naves, del claustro, de las altas galerías, las capillas, etc., su coro, que es de mucho mérito en todos sentidos, contiene un órgano superior de 11,000 tubos, curioso por la particularidad de dos figuras de moros, en bronce, que cantan á duo, el uno en tenor y el otro en bajo, obra de un ingenioso lego de San Francisco de Rio-seco. Si la reja, esculturas y sillerías del coro y el altar mayor son riquísimas y de gran mérito, la enorme custodia y su tabernáculo son de un trabajo admirable y de muchísimo valor. El doble templete y la custodia que reposa en él fueron trabajados por seis artistas superiores bajo la dirección del famoso Juan de Benavente. Esa catedral es, sin disputa, la mas graciosa y elegante de España, en su interior, pero la ménos caracterizada en cuanto al aspecto sombrío y solemne de las construcciones góticas.
Palencia es también un centro de fabricacion, y algunas de sus mantas de lana, de vivos y graciosos colores, tienen mucha reputacion en España. Produce ademas cobertores, paños burdos, loza y cueros curtidos. La población es sana y robusta, pero las costumbres están sumamente atrasadas todavía. Ya vendrán con los ferrocarriles el movímiento y el progreso, al recibir los palencianos la infusion de los buenos hábitos franceses y el impulso que procuran las nuevas necesidades de la vida social.
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No pude tener idea ninguna de la vasta comarca que se extiende desde Palencia hasta Alar, porque la diligencia me condujo durante una noche oscura, y me amaneció al tocar en la estación del ferrocarril recientemente establecido. Alar-del-Rey es un caserío insignificante de por sí. Toda su importancia le viene de la cabeza del canal de Castilla y la estación de la primera sección del ferrocarril que conduce á Santander. Tomé inmediatamente el tren, que hizo en dos horas el trayecto hasta Reinosa, de 51 kilómetros, tocando en cinco pueblos intermedios sin interes ninguno. En Alar terminaron las llanuras de la Vieja Castilla, limitadas por los primeros estribos de las montañas que continuán los Pirineos, llamadas «montañas de Búrgos» y tambien «montes de Reinosa.» El suelo es desde aquel punto sumamente variado y pintoresco, sembrado de verdes y redondas colinas, y surcado de numerosos riachuelos cristalinos á cuyas orillas hay un cultivo esmerado. Arriba se ven las altas cimas montuosas y los picachos graníticos de un aspecto majestuoso, y mas altas aún se ostentan las lejanas eminencias de la cordillera coronadas de nieves perpetuas.
Aquella comarca, de suelo suavemente ascendente y entrecortada por bajos cerros, es en extremo curiosa como elemento determinante de dos sistemas hidrográficos. Los estribos de la cordillera se bifurcan y entrecruzan tomando formas particulares que corresponden á cierta lógica de inclinacion y giro, como si se buscasen mutuamente para componer una cadena secundaria destinada á ser la generatriz maravillosa de todo el singular sistema orográfico de la península. Los risueños vallecitos se multiplican, sucediéndose en giros tortuosos y ascendentes, y al cabo el ferrocarril atraviesa el cordon de colinas ó cerros que média entre las aguas que se inclinan hacia Castilla, recogidas por el Pisuerga, y las que se dirigen en sentido casi opuesto buscando los valles del Ebro para ir á formar la base hidrográfica de los antiguos reinos de Navarra y Aragon y del principado de Cataluña.