Nacido bajo un sol abrasador, en un terreno húmedo, inmenso y solitario, y contando con una naturaleza exuberante que lo da todo con profusion y de balde, y que, exagerando el desarrollo físico de los órganos, debilita sus funciones y degrada su parte moral,—el boga, descendiente de Africa, é hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tiranía, no tiene casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y fuerzas primitivas. Si el indio puro de las alti-planicies andinas es, á pesar de su ignorancia, dulce y humilde, y la astucia constituye su fuerza moral; si el llanero de las pampas granadinas, criado en las soledades y en medio de los peligros, pero rodeado de un horizonte infinito, es no obstante su barbarie un sér eminentemente heróico, poético en sus instintos, galante, cantor, espiritualmente fanfarron, crédulo y generoso,—el boga del bajo Magdalena no es mas que un bruto que habla un malísimo lenguaje, siempre impúdico, carnal, insolente, ladron y cobarde.

La raza parda, pero cultivadora ó comerciante, que habita las vegas vecinas á Ocaña ó las ciudades de Mompos, Barraquilla, Cartagena y Santa-Marta, se ha civilizado con el trabajo social y la vida comunicativa, y será no muy tarde una poblacion vigorosa y de excelentes cualidades. Pero la familia del boga, que vive de pescado, en el sopor, la inercia y la corrupcion, no podrá regenerarse sino despues de muchos años de un trabajo civilizador, ejercido por la agricultura y el comercio invadiendo todas las selvas y las soledades del bajo Magdalena. La civilizacion no reinará en esas comarcas sino el dia que haya desaparecido el currulao, que es la horrible síntesis de la barbarie actual.

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Si la idea fundamental del romanticismo literario está en la libertad de exposicion de los contrastes, que en la naturaleza física se manifiesta en las aparentes contradicciones de los cuadros que la creacion destaca en diversos puntos para constituir en su conjunto la gran síntesis de la armonía, nada mas romántico que el contraste de escenas de vegetacion y de estructura geológica que se encuentra al descender el Magdalena desde Regidor hasta Mompos.

Hasta un poco mas abajo del brazo ó canal de Loba la desolacion es completa y su espectáculo aflige profundamente el corazon del viajero. A juzgar por las relaciones de los viajeros del Asia, se cree uno trasportado al fondo de sus interminables desiertos, descendiendo el Eufrates y oprimido por la majestad de una soledad asombrosa. Parece que el hombre hubiera huido de aquellos desiertos del bajo Magdalena, como de una tierra maldita, donde el sol devora, el suelo es un arenal inmenso mas ó ménos poblado de árboles medio desnudos. La brisa falta enteramente; el cuervo y la garza pescadora, esos huéspedes del desierto, aparecen solos; los caimanes, reproduciéndose increiblemente, forman como palizadas sobre las quemantes playas, y el bosque no produce sino emanaciones de muerte en lugar de perfumes. Allí no existe casi la vida, que es el movimiento reproductor del bien. El huracan reina solo, y su soplo abrasado parece contener todo el fuego de un infierno desconocido que existe entre los arenales, las rocas escarpadas, las ciénagas pestilentes y los escombros de las selvas calcinadas.

Ese trayecto de desolacion es largo y abraza mas de treinta leguas, sin mas interrupciones que distraigan un momento al viajero que la vista del Peñon, pueblo miserable de la antigua provincia de Mompos, situado sobre una barranca desnuda á la márgen izquierda del rio; del Banco, pueblecito muy pobre tambien, pero de alguna importancia comercial por sus relaciones con algunas poblaciones interiores, situado á la derecha, cerca de la confluencia del profundo y bellísimo rio Cesar ó Cesari; y del canal de Loba que, disminuyendo en mas de la mitad las aguas del Magdalena, va á engrosar las del Cauca para volver luego á su propio caudal.

El Banco pertenece, como todos los pueblos de la márgen derecha, al Estado del Magdalena, separado del de Bolívar por el gran rio. El Cesar, tan importante en la historia de la conquista verificada por Jiménez de Quesada, es un rio de cauce profundo, perfectamente navegable, que, corriendo en sentido casi opuesto, al Magdalena, viene á traerle los tintes, las maderas y otros artículos de exportacion recogidos en las montañas que dominan á Riohacha y Santa-Marta (del lado occidental) y en las extensas selvas y llanuras de Chiriguaná y Valle-Dupar. El dia que ese excelente rio sea navegado por vapor, como el Magdalena, se desarrollará un gran progreso industrial en esas comarcas de asombrosa fertilidad y riqueza. No hay un tinte estimable, una madera exquisita, un metal ó un producto de los trópicos que no pueda obtenerse allí para llevarlo por el Cesar y el Magdalena al consumo del mundo comercial.

El canal de Loba, que arranca mas abajo en direccion N. O., disminuye inmensamente las aguas del cauce principal, y hace aparecer la grande isla de Mompos y Margarita, el huerto perfumado del bajo Magdalena. La navegacion se hace muy difícil para los vapores en el canal principal, y se reconoce allí la urgente necesidad de una obra de canalizacion que mejore la suerte del comercio. La naturaleza misma parece estar indicando el medio infalible aunque un poco lento, pero nada costoso, de encaminar las aguas convenientemente. Esa vegetación exuberante que se reproduce entre las aguas y el limo con tanto vigor y prontitud; las grandes crecientes periódicamente infalibles del rio, y la movilidad de sus arenas, favorecen la aplicacion del sistema de canalizacion del Danubio, perfectamente semejante al Magdalena, donde todo el trabajo se reduce á establecer faginas ó barricadas vegetales, que las aguas, los depósitos sucesivos de limo y la accion incesante del tiempo convierten en verdaderas murallas de canalizacion. En Colombia, donde todo es tan vigoroso y los recursos faltan para emprender obras costosas, debería estudiarse mas atentamente el trabajo de la naturaleza, para imitarlo en los estudios hidrográficos. La hidráulica natural puede ser en Colombia la mejor canalizadora.

En el sitio pintoresco de la Ribona empieza un panorama de verdura incomparable que, continuándose en los caseríos ó parajes de Doña-Juana, Sandoval, Margarita y San-Fernando, termina en la ciudad de Mompos y sus cercanías. El encanto de aquellos paisajes, de aquella vegetacion, de aquellos cuadros naturales y de costumbres, es imponderable. Aquello es un paraíso, es un oásis de verdura suntuosa, de perfumes y brisas deliciosas, de vida dulce y tranquila, de suprema hermosura, y de un colorido tan colombiano, tan nacional, que deja en el corazon del viajero la mas honda sensacion de placer.

Figúrese el lector un huerto de tres leguas de extension, tendido como un manto de verdura sobre la márgen de un rio gigantesco, y tendrá todavía una idea muy inferior á la realidad. Ese trayecto valdría en Europa millones y millones de francos ó florines. En Colombia … no vale nada: es un tesoro de cuya posesion nadie se apercibe, porque sus riquezas se ven por todas partes, casi sin necesidad de cultivar la tierra. Aunque en una y otra márgen del rio se observa la misma fecundidad en la tierra, el mismo lujo en la vegetacion, abundancia de ganados que bajan de las llanuras vecinas, riqueza de formas en los sauces y las altas gramíneas, etc., etc., la orilla izquierda, mas cultivada y poblada, llama de preferencia la atencion del viajero. El terreno es una angosta y larguísima vega toda cultivada y cuyo suelo casi no calienta el sol, segun es de tupido el follaje del bosque interminable que lo cubre. Todo aquello es dulcemente sombrío, y el viajero que pasa como una exhalacion en alas del vapor, se imagina ver la isla de Calipso, con su primavera eterna, ó un huerto aéreo que la mano de una hada misteriosa va mostrando tras del lente mágico, cual un cosmorama inasible y movedizo.