Las instituciones generales de España parecen haber sido calculadas para contrariar toda tendencia al progreso. En balde la Constitucion ha establecido la igualdad legal, si las leyes restringen las importaciones y todos los cambios, embarazan el tránsito, reglamentan muchas industrias, hacen sumamente difícil el acceso de la juventud á las profesiones liberales, y someten á funestas cortapisas las mejores empresas. Un solo ejemplo, respecto de un interes muy subalterno, bastará para que se comprenda cuán funestos son los efectos del régimen restrictivo y reglamentario que impera en la mayor parte de España. Poco ántes de mi llegada á Madrid, el Gobierno habia querido favorecer á los mozos de cordel, cuyo servicio está reglamentado. Con tal fin fijó una tarifa que daba al servicio de cada mozo el precio de cuatro reales de vellon por un viaje ó diligencia dentro de la ciudad; siéndoles prohibido á todos cobrar mas ni ménos por su trabajo. Esto, sin duda, en obsequio de los mozos de cordel y del público. A los pocos dias de la reforma, los mozos de cordel estaban quejosísimos del Gobierno porque no ganaban nada. La razon era sencilla. Antes, arreglándose libremente con los particulares y haciéndose competencia, ganaban seis, ocho ú diez reales por dia, á muy bajo precio, porque hacian muchas comisiones ó servicios. Pero con la tarifa alta, el público dejó de ocuparlos, y el precio triple ó cuádruplo de muy raras comisiones no les compensaba las pérdidas en el número de operaciones.

España es un país que abunda en fábricas de papel, aunque el producto es generalmente defectuoso. La proteccion económica prohibe la importacion del papel extranjero, y obliga á los Españoles á servirse del propio. ¿Cuál es el resultado? La triste carestía que se ha sufrido en 1859-60 prueba que la prohibicion solo sirve para dar un privilegio á la fabricacion nacional y mantenerla estacionaria. Durante muchos meses las imprentas no han tenido papel para sus publicaciones, por impotencia de los privilegiados. En España, país clásico de trigos y toda clase de cereales, se ve con frecuencia el extraño fenómeno de una escasez de granos que amenaza producir hambres! ¿Por qué? Porque el pueblo no tiene libertad para importar granos cuando las cosechas son escasas por falta de lluvias. España (es preciso repetirlo) es uno de los paises de Europa donde se fuma peor tabaco (si no es de contrabando),—y le pertenece en monopolio la produccion de Cuba, Puerto-Rico y Manila!

Las tarifas prohibitivas y protectoras, y por tanto muy elevadas, y el exceso de reglamentacion, hacen difícil y relativamente reducido el comercio de un Estado tan considerable como aquel. ¿Cuál es el resultado? La corrupcion de los funcionarios al servicio de las aduanas, y el contrabando inmenso y escandaloso, responden tristemente. El tesoro español pierde por lo que entra clandestinamente á todo el territorio (principalmente por Gibraltar, Portugal y los Pirineos) tres veces mas de lo que importaría una fuerte reduccion en las tarifas. Pero se conserva un sistema funesto, por espíritu de rutina y profundo atraso de los hombres de Estado en el conocimiento de la economía social.

Estudiando con atencion y sin prevencion al pueblo español, se halla que él posee muchas y eminentes cualidades características, y muchos y muy graves defectos de educacion. Todo lo que tiene de bueno le viene de la naturaleza, que lo ha dotado admirablemente; como todo lo que tiene de malo es la consecuencia de instituciones profundamente corruptoras. Es un pueblo leal, honrado, hospitalario, sumamente sobrio y frugal, sufrido, valeroso, capaz de todas las proezas y de todos los esfuerzos de una gran raza. Pero le falta, en lo general, el espíritu de iniciativa, la espontaneidad,—porque los malos gobiernos lo han habituado á la vida pasiva, la inercia y la rutina en todo. Hay muchas cosas viciosas, detestables, que el pueblo español ama, no por inclinacion sino por hábito. El juego, los toros, las riñas de gallos, etc., subsisten porque el gobierno los estimula y explota con las loterías, los circos oficiales, los impuestos, etc. Los españoles viven entre viñas literalmente, y consumen muy poco vino. Si las leyes hubieran explotado la intemperancia como elemento fiscal, es seguro que los ebrios abundarían como los jugadores y mendigos. Así como los conventos y las leyes fiscales han creado la mendicidad, los reglamentos opresivos han creado la corrupcion oficial y mantenido una administracion incapaz, dispendiosa y embrollada.

La sociedad española es asombrosamente inteligente, y los grandes talentos nacen allí donde quiera. No he visto clase ninguna en España que se asemeje en nada á los paisanos de Francia (los del Centro y los Pirineos sobre todo), cuya imbecilidad solo es comparable á la de los Indios de las alti-planicies andinas. ¿Pero de qué sirven esa inteligencia clara, ese buen sentido y esa penetracion sagaz que distinguen al pueblo español? La viciosa enseñanza pública, las mil trabas profesionales, la opresion brutal que pesa sobre la prensa, y la intolerancia religiosa (abyecta respecto de la Corte romana) anulan las ventajas intelectuales que la naturaleza ha concedido á los Españoles. Así, la gran masa popular es profundamente ignorante, en lo general; la clase media no está á la altura de su posicion legal, ni comprende bien su papel en una monarquía constitucional; la nobleza es ignorante y superficial en su gran mayoría; el clero es incapaz de llenar su alto ministerio de una manera digna de la civilizacion actual; y la juventud, amordazada en el campo de la prensa, sin tribuna pública y agobiada por la organizacion de privilegio que tienen las profesiones liberales, se ve condenada á las vagas y nebulosas controversias y especulaciones de la filosofía alemana, la economía política puramente teórica y la literatura de folletines, futilezas y traducciones de poca monta y mal gusto.

El pueblo español es uno de los que en el Viejo Mundo tienen mas hondamente arraigado el sentimiento de la personalidad y la igualdad. Sin eso, él habria muerto desde hace mucho, asfixiado por el despotismo. Esa es una cualidad que resiste á todo, porque está en la sangre y se apoya en la topografía, en el clima, hasta en las tradiciones de la lengua. Por eso, España es uno de los mejores elementos para la democracia en Europa. España será republicana y democrática devéras mucho ántes que Francia, Alemania, Inglaterra y otros grandes pueblos de Europa.

Pero hoy es un pueblo tosco, de educacion áspera, cuyo pulimento no vendrá sino despues de que la sociedad entera haya entrado en una ancha via de libertad, de movimiento y progreso. El lenguaje es muy escabroso en todas las clases de la sociedad. Demasiado vehemente y libre, reemplaza las delicadezas de la sátira ó del estilo persuasivo con la elocuencia brutal de las interjecciones obscenas. Ademas, los Españoles adolecen de ciertos defectos que neutralizan en gran parte sus bellas cualidades. Su petulancia social ó de nacionalidad, que no le va en zaga á la de los Portugueses, les obceca de tal modo que, llevándoles hasta el quijotismo estéril y las mas ridículas exageraciones, no les deja reconocer el atraso de su pais. Se creen el primer pueblo del mundo, en todo y por todo, no obstante su debilidad, su ignorancia, sus hábitos de desaseo, mendicidad y empleo-manía, y su deplorable indiferencia por los intereses comunes, que es el mejor abrigo de los malos gobiernos.

Eso no pasará sino á virtud del roce con los demas pueblos. La libertad tendrá que hacer muchos milagros en España.

Pero si allí la civilizacion está muy atrasada respecto de otras sociedades europeas, no hay que pensar por eso que España no progresa. Cuatro siglos de tiranía, intolerancia y errores inauditos, han dejado atras á un pueblo que, si hubiera sido gobernado como Inglaterra desde 1688, sería hoy el primer pueblo del mundo. Apesar de eso, la España de hoy está muy distante, muchísimo, de la de 1825; progresa visiblemente, y en solo cinco años, despues de la pasajera cuasi-revolucion de 1854, ha dado grandes pasos.

Se dirá talvez: «Si la mayoría del pueblo español tiene tan buenas cualidades características, ¿por qué se deja gobernar mal y no cambia su situacion?» La explicacion del fenómeno es sencilla. Es que en España no ha habido hasta ahora ninguna revolucion, sino simples luchas: la de la independencia primero, y despues las luchas civiles. Alemania tuvo su gran revolucion con la reforma religiosa; Inglaterra las dos del siglo XVII; Francia la de la filosofía y de 1789. Pero España no ha experimentado nada semejante. Las luchas pasajeras cambian las situaciones aparentes y modifican algo los caractéres: solo las grandes revoluciones forman las ideas de los pueblos. El español tiene los instintos de la democracia y del progreso; pero le faltan las convicciones consiguientes, las ideas que se han de traducir luego en instituciones. Napoleon hizo antipáticas en España, con la invasion, las ideas de la revolucion francesa.