La vida en el seno de aquella parte de la sociedad española ew monótona y triste. El aspecto de las gentes es siempre sombrio, á causa de sus vestidos, de una tinta pardo-amarillenta en lo general. Las construcciones carecen de gracia, sin la elegancia de lo sencillo ni la seduccion de lo pintoresco. El pueblo divide solo su atencion, en materia de espectáculos, entre la iglesia y la plaza de toros; es decir, dos misticismos,—el de la fe tradicional y el del peligro. En conclusion, la vieja España (con excepcion de los puertos del litoral cantábrico, la ciudad de Madrid y en parte la de Valladolid) está profundamente atrasada y estancada en todo. Y lo peor es, que ni siquiera tiene todavia la nocion del progreso, porque no apoya ni aun comprende suficientemente los ferrocarriles y demas elementos de comunicacion.
Aunque las Provincias son en realidad pequeñas repúblicas, por la naturaleza de sus instituciones y costumbres especiales, y por lo mismo forman un grupo relativamente superior al de Cataluña, los dos tienen tanta homogeneidad en sus rasgos generales, que pueden ser comprendidos en una comun apreciacion. Es en esas dos secciones donde los pueblos han mostrado siempre mayor apego y mas tenacidad en la defensa y conservacion de sus fueros ó libertades municipales, de lo cual, en lejanos tiempos, dieron tan nobles ejemplos los Aragoneses, la fraccion mas liberal y de mas fuerte personalidad entre las que componen el segundo grupo.
En Cataluña y las Provincias todo progreso es aceptado con entusiasmo y constancia por las poblaciones.
En ellas no existe la mendicidad; los mendigos que se encuentran en algunas ciudades catalanas proceden casi todos de Aragon, de donde bajan á explotar las plazas industriosas y comerciales. En los dos grupos que tienen por centros principales á Barcelona y Bilbao, la intolerancia castellana, que repele lo extranjero y nuevo, no tiene cabida. Muy al contrario, el extranjero es acogido allí con placer, y toda novedad que entraña un progreso en la civilizacion encuentra la mas cordial hospitalidad. Las libertades municipales y el individualismo fecundo han hecho á esos pueblos laboriosos, reflexivos en todo, celosos de hacer respetar el derecho, íntegros y severos en el cumplimiento de todo compromiso. En ninguna parte de la península es tan profundo como allí el sentimiento de la personalidad (perdóneseme que lo repita), y sinembargo, es allí donde se presenta mas poderoso el espíritu de asociacion. Eso prueba que no hay ningun antagonismo natural entre lo individual y colectivo; y que el hombre cuando se siente personalmente libre, busca siempre el apoyo de las demas fuerzas individuales, porque es un sér sociable, y hace las cosas colectivas mucho mejor que los poderes socialistas que pretenden absorber la iniciativa de los individuos en nombre del derecho comun.
En Cataluña y las Provincias el sentimiento democrático es profundo. Allí el proletario es un hombre y un ciudadano, porque vive del trabajo y tiene la conciencia da que el trabajo es en la sociedad un título supremo que da derecho á la consideracion y la independencia. Esos dos pueblos son los únicos que no se han dejado absorber por la pretendida unidad de la nacion española, unidad de apariencia que no reposa en instituciones verdaderamente liberales, populares y nacionales. El catalan y el vascongado mantienen su lengua, su literatura, sus tradiciones y libertades peculiares, y se repután como pueblos aparte. Ellos resumen lo que hay de mas próspero y sólido, de mas fecundo y distinguido en la situacion política, social y económica de España; y no hay exageracion ninguna en decir que, así como Cataluña es la Inglaterra española, las Provincias son la Francia peninsular. Allí faltan el fanatismo religioso, el gusto por el monopolio (aunque los catalanes son proteccionistas por razon de sus fábricas), y la veneracion del sable ó del militarismo. El dia que en esos pueblos se fundase la República, el cambio seria insensible en lo social y económico; apénas se produciría un movimiento ascendente en lo político. Es en el seno de esos pueblos que se halla el verdadero gèrmen de la democracia española.
El resultado de la comparacion precedente salta á la vista, al abrazar al conjunto de la nacion española. Ella se compone de varios pueblos, formados por cruzamientos mas ó ménos intensos de razas diferentes, y por la diversa accion de las instituciones que los han regido. Donde quiera que ha reinado sin contrapeso ninguno el socialismo del poder absoluto, la vida social se ha estancado. Donde Felipe II y Torquemada han dejado las mas profundas huellas de su paso, el terreno ha quedado estéril ó no ha producido sino espinos y malezas ásperas. Donde los conventos y el clero han dominado con mas fuerza, la mendicidad se ha hecho endémica, la ociosidad genial, las supersticiones groseras, profundo el amor al aislamiento, á la rutina, la incuria y el desaseo. Donde han faltado los fueros antiguos (es decir, las libertades ó garantías), la industria, la agricultura y el comercio han quedado estacionarios, despues de la gran retrogradacion acarreada por la expulsion de los moros y judíos. Donde quiera se ven los malos frutos de una educacion viciosa y corruptora. La moralidad doméstica relativa de la España central no es efecto sino del viejo orgullo castellano y del aislamiento social; de ningún modo el resultado de las instituciones anteriores, que han hecho todo lo posible por corromper al pueblo.
Al contrario, allí donde se han inoculado la sangre y las costumbres de un pueblo liberal, de religion espiritual, igualadora y fraternal, y amante de la naturaleza (el pueblo árabe ó moro), se ve una considerable prosperidad. Allí donde hubo lucha ó dualidad de religiones, hay mas tolerancia, mucho menos fanatismo, mas vivos instintos de libertad y fraternidad, y el clero ha sido ménos ávido de riquezas y poder. Allí donde se han arraigado las tradiciones de la libertad económica (que era el secreto de los prodigios agrícolas, artísticos é industriales de los Moros), la actividad es visible, la prosperidad satisfactoria, apesar de la funesta accion de las leyes reglamentarias y prohibitivas. En los pueblos (los vascongados) donde no hay monopolios, ni soldados, ni prohibiciones, ni autoridad absorbente, ni impuestos indirectos ruinosos, ni policía inquísitorial, ni centralizacion opresiva, todo es espontaneo y viril, todo prospera, la paz reina, las costumbres son puras, dulces y pacíficas, el juego de pelota reemplaza casi los sangrientos juegos de toros, el juego no existe como pasion y especulación, la propiedad raíz está muy dividida, la vida es libre, fácil y barata, la instruccion elemental está bien difundida, la civilización avanza en todos sentidos, la poblacion está mucho mas condensada.
La Cataluña, aunque mucho ménos independiente del gobierno central, se asemeja en su situación á las Provincias, y brilla por su industria y riqueza, precisamente porque ha estado ménos expuesta á la influencia funesta del socialismo despótico, brutal y corrosivo inaugurado por Carlos V y Felipe II; socialismo cuyas fórmulas eran: la delacion, la nivelación en la obediencia pasiva, el convento, la unidad de religion, el aislamiento español, la prohibicion, la reglamentacion de la vida, en una palabra, la supresion completa de la individualidad.
Tales son las enseñanzas que suministran el presente y el pasado de España, comparando la situación social de sus cuatro grupos mas característicos. ¿Qué es lo que en justicia puede augurarse acerca del porvenir de esa nacionalidad? Para responder á esta pregunta es necesario compendiar los rasgos generales que ofrece toda España, respecto de su constitucion, su gobierno, sus partidos, su carácter social, su educacion, sus ideas, su vida económica, su literatura y sus aspiraciones.
La Constitucion española es la imagen de la situacion del pueblo á quien rige. Allí todo coexiste á medias, sin un carácter bien determinado. Es una monarquía mitad de tradición ó legitimidad de derecho divino, mitad de origen popular; de manera que ni la aristocracia, ni el absolutismo, ni la democracia tienen autoridad, ni fuerza, ni prestigio, si no es para entrabarse y dañarse mutuamente. Parlamentario por las formas y el origen aparente, el gobierno obedece mas á las influencias cortesanas que á las de la opinion. Sumamente restringido el círculo de los electores, y poderosos los medios de corrupcion, el sufragio representa siempre al poder, sin que haya ejemplo de que un ministerio pierda las elecciones. Los partidos, desorientados por falta de principios y explotando en todo caso las situaciones, son á su turno explotados por el poder, sin que la nacion gane cosa ninguna con las fluctuaciones ministeriales. Poco mas ó ménos todos los partidos gobiernan con los mismos medios: la fuerza, la represion, la intriga, la corrupcion de las conciencias. ¡Cosa extraña! la gran masa del pueblo español detesta el gobierno del sable y desea la ruina del militarismo; y sinembargo todos los ministerios se apoyan sucesivamente en las bayonetas.