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EL OCÉANO.

La poblacion del vapor Thames.—La bahia y la ciudad de San-Thomas. —Una noche poética.—El vapor Paraná.—Grupos sociales.—Escenas á bordo.—Una ceremonia fúnebre.—Temporales.—Las costas de Inglaterra.

El 13 de febrero estaba yo desde muy temprano sobre el puente del paquebote. El calor de los camarotes era insoportable aún durante la noche, y yo queria no solo gozar de la brisa fresca de la mañana, sino asistir á ese espectáculo sublime de la salida del sol. ¡Qué magnificencia de escena! qué de tesoros de luz y de hermosura desconocidos hasta entonces por mí! El sol, como una inmensa urna de fuego, salia de entre las ondas, envuelto en una auréola de colores resplandecientes é inasibles á la vista, confundiéndose al mismo tiempo en el cielo y en el océano, de manera que las dos faces del horizonte, la de arriba y la de abajo, formaban una sola. Y el mar, que bajo la sombra del vapor era oscuro como la noche, del lado del oriente brillaba como un inmenso espejo, agitando sus escamas en un vaiven interminable que multiplicaba los efectos de luz en las cimas de las olas, y las medias tintas y las sombras fugitivas en los intersticios momentáneos abiertos al quebrarse las grandes moles cristalinas y espumantes.

El contraste de aquellas maravillosas hermosuras del elemento iluminado y agitado, con la soledad de aquel desierto movedizo, era imponente. ¡Qué suprema tristeza en el fondo de tanta vida de la naturaleza! El sol, la brisa, las ondas y el cielo azul y trasparente reflejaban la vida, mientras que la muerte y la desolacion se revelaban en esa inmutabilidad, en ese silencio, en ese vaiven incansable de un abismo colmado por las aguas del globo entero! El hombre es como el océano: todo aquí se sostiene por el equilibrio entre la vida y la muerte.

Despues de contemplar y admirar era preciso observar la composicion de ese pedazo de la civilizacion que se llama un Vapor. El Thames era uno de los paquebotes mas antiguos de la compañía Británica, y servia perfectamente de punto de comparacion para juzgar de los progresos que en los últimos quince años ha hecho la navegacion á vapor. En lo general la estructura de los vapores ingleses destinados á navegar entre «Sud-América» y Europa, es pesada, pero de mucha solidez, y si hemos de prescindir de algunas raras excepciones, podemos con justicia establecer un parangon entre los vapores americanos y los ingleses. Si en punto á solidez, seguridad y perfeccion en el servicio de maniobra son muy superiores los ingleses, los paquebotes americanos tienen la ventaja en la rapidez, la comodidad y aún la baratura. El vapor americano es al inglés lo que el hotel de lujo al café ó restaurador. El viajero se siente mucho mejor bajo la bandera estrellada que bajo el leopardo.

Generalmente los capitanes de los paquebotes ingleses son muy poco galantes, y muchos de sus oficiales son ordinarios en su educacion y sus modales. Unos y otros son muy intolerantes en punto á la hipocresía religiosa de los Ingleses sobre los domingos, y se nota que todos los marinos, desde el primero hasta el último, tienen muchas supersticiones, talvez incompatibles con el hábito del peligro.

En compensacion se ve en todos ellos que la moralidad es sólida, excepto en algunos contadores (Pursers), que son peores que judíos, y en los cantineros, que explotan á su sabor al pasajero. Algunos Pursers son tan…usureros, por no usar de otra palabra, que cobran descuento hasta por las libras esterlinas. Muchos pasajeros son escamotados en el valor de la moneda, perdiendo el 5, el 8 y hasta el 10 por ciento del valor legítimo de sus doblones, porque la necesidad los obliga á aceptar la tarifa caprichosa con que se especula á bordo. Probablemente los escamotadores llaman eso hacer sus economías.

Los camarotes de los vapores ingleses carecen de comodidad, y el servicio de los domésticos es difícil y desagradable. Los pasajeros que, por su desgracia, no saben explicarse en buen inglés, tienen que hacerlo con libras esterlinas y chelines, en cuyo caso son perfectamente comprendidos. Un Inglés tiene tanta fatuidad de raza, que jamas responde, aunque conozca una lengua extraña, si no le hablan en la suya, ó si no le muestran la bolsa que es lo mismo. Los vinos, cuya venta es una brillante especulacion del capitan, son casi todos detestables, sobre todo los franceses y españoles, y el buen bebedor tiene que contentarse con el abominable brandy, la cerveza comun ó la insípida limonada gaseosa, excelente para el mareo pero nociva para los nervios. Por lo que hace á los alimentos, su invariabilidad cotidiana y su sabor son insoportables. El cocinero inglés, que en materia de papas cocidas, roast-beef y pudding no tiene rival (y por cierto que el mérito no es muy envidiable), es en lo demás inferior á todos los cocineros posibles de uno y otro hemisferio. Es que el Inglés sabe beber, pero no comer, y tiene el gusto en el estómago, especie de tonel, mas bien que en el paladar.

A bordo del Thames se habia reunido una sociedad de las mas heterogéneas. En primer lugar debo citar á nuestro Irlandes del vapor Bogotá, que habia bailado tan alegremente el currulao con las negras lustrosas de la aldea de Regidor, á orillas del rio Magdalena. El buen viejo parecia muy contrariado por falta de confianza, y se habia vuelto taciturno. Así, la sola ocupacion del gigante de la verde Erin, hasta San-Thomas, se redujo á destapar botellas y devolverlas vacías, fumar, silbar con melancolía y cantar á hurtadillas algunas canciones de su tierra, un tanto cuanto coloradas para ser de país católico romano. En honor de la Irlanda debo declarar que el digno compatriota de O'Connell no bebia solo, sino que, desesperado de tener que resignarse á una sola botella cada vez que el apetito le picaba de recio (y los entreactos no eran largos), convidaba siempre á algún pasajero para que le ayudase á despachar dos ó tres botellas en vez de una.