Pocas horas despues, en alta mar y á muchas millas de aquellas islas, un punto gris se mostró en el horizonte como una gaviota sacudida por las ondas; el objeto fue creciendo, manifestando sus formas, y al fin todos pudimos distinguir el velamen y el humo de la chimenea del vapor Plata, elegante en su construcción y rápido en su marcha, apesar del balanceo que las olas encrespadas le imprimían. Los dos paquebotes se acercaron, suspendiendo su curso y caracoleando el uno al derredor del otro, un bote del Paraná se lanzó hasta el costado del Plata, y en breve tuvimos noticia de lo que sucedia en Europa. Lord Palmerston acababa de caer del ministerio, con toda su clientela, por consecuencia del célebre ó ruidoso acontecimiento del 14 de enero en Paris. Así, todo el mundo á bordo tuvo de qué hablar con interes, y los flemáticos Ingleses se dieron á sus cavilaciones sobre torys, whigs y radicales, con la calma que le es característica.
Entre tanto un variadísimo cuadro de costumbres, perfectamente cosmopolita, se desarrollaba en los escotillones, los salones y el extenso puente del Paraná. Allí habia de todo, y podía con facilidad hacerse la comparacion de las razas, las costumbres y los tipos característicos de cada sociedad, distribuidos entre unos ochenta pasajeros. Yo observaba todos los grupos, atendía sucesivamente á todas las conversaciones, y me preparaba con el estudio práctico de los hombres á comprender el carácter complicado de la civilización europea.
Los Hispano-colombianos, que eran no pocos, se mostraban en general sencillos y cándidos, maravillándose de todo y muy impresionables, sin reserva en la expresion de sus pensamientos; se podía notar que los hábitos de la democracia habían formado en ellos el espíritu de independencia y cierta familiaridad expansiva que contrastaba con la reserva de las razas setentrionales de Europa. El Hispano-colombiano, aunque se impresiona mucho con todo lo que ve extraño, se cree siempre en su país y no se cuida de someterse á las exigencias de las costumbres extranjeras. Y sinembargo, no hay viajeros que se trasformen mas que los hijos de Hispano-Colombia, acabando por asimilarse todo lo que encuentran mas saliente en las sociedades europeas, sobre todo en Francia. Dotados de un carácter flexible y bastante novelero, si salen de su país intolerantes, extremosos y un tanto huraños, vuelven parisienses por los cuatro costados, olvidándose, por una metamorfosis completa, de la sencillez de sus costumbres primitivas.
Mientras que los hijos del Nuevo Mundo (entre los cuales, por fortuna, no se encontraba ningún Yankee) se manifestaban maravillados de todo, los demás grupos del Paraná eran igualmente característicos. Los Alemanes, ó se manifestaban pensativos, cerca de un mueble marítimo, pasando horas enteras en fumar y mirar el cielo y el océano con profunda melancolía, como abstraídos del mundo por algun ensueño; ó se reunian en grupos exclusivos para conversar en voz baja y pasearse interminablemente del uno al otro extremo de la cubierta.
Entre tanto, los Franceses cantaban ó silbaban, hacían todo el ruido posible, mezclándose en los corrillos con una jovialidad especial y burlona; ó en los ratos de fastidio se entregaban á la lectura voluptuosa de novelas y relaciones de viajes, prefiriendo sobre todo las obras de Balzac. El Frances es el hombre del mundo que mas lee, sin contar con que es el que mas canta y rie. Todo lo que es artístico le encanta, y si adora el equívoco (calembour), es precisamente porque en él la malicia del pensamiento se formula con arte. Ademas el Francés es el rey de los viajeros. Si el Inglés no tiene rival en su furor de viajar, el Francés le aventaja en el arte de viajar. El Francés sabe acomodarse á todas las circunstancias y sacar partido de todo, porque es tolerante por excelencia, tiene un profundo espíritu de igualdad que le domina, y su buen humor, expansivo y elástico, le da donde quiera el primer puesto y la ventaja de dominar la situación.
Los Ingleses, por de contado, hacian un gran contraste. El Inglés, orgulloso por naturaleza, frio en su porte, material en sus gustos, intolerante en extremo, reservado por cálculo, y prosaico y positivo en sus aspiraciones, ó se muestra reservado con toda sociedad que le es extraña, ó les impone á los demás su voluntad, en cuyo caso suele llegar á la jovialidad. Bebe y fuma tranquilo, jamas hace ruido (si es John Bull de raza pura), y si se acerca á los demás es para dar una opinión absoluta ó una orden. El orgullo es la fuente de todas sus virtudes, como de todos, sus defectos. Es tenaz, leal y valeroso por orgullo, como es intolerante en religión y preocupaciones de raza y dinastía, pródigo, obsequioso, apostador, reservado, bebedor y todo lo demás por orgullo. La música, el baile y el canto le disgustan, como todas las artes, y si llega a dar millones de pesos ó de libras por un cuadro, no es por el mérito do la pintura, sino por la vanidad de hacer un fuerte gasto y tener lo que otros codician. Sinembargo, como individuo el Inglés vale mucho mas que el Frances, y me atengo siempre mas á la palabra seca del orgulloso pero leal británico, que a la fraseologia elegante pero vana del Frances. El Inglés como amigo, es útil; el Frances no es mas que muy agradable; porque el uno es positivista y el otro artístico.
Los Italianos del Paraná eran pocos, pero eran suficientes para hacerme contraer simpatías hácia su raza. En general, el Italiano es chistoso, amigo de historietas ó anécdotas, entusiasta por lo bello y por la libertad. Él ama las bellas artes, pero no precisamente por el arte, ó la composicion ingeniosa, sino por la belleza que reproducen ó crean aquellas. Tosco muchas veces en sus modales, por la mala educacion que el despotismo y la supersticion les han dado á los pueblos de Italia en los cinco últimos siglos, el Italiano es con todo muy simpático desde el primer momento. Desinteresado y generoso, jovial, vehemente, su idea fija es la libertad y la unidad de Italia, y su fe no se extingue jamas. Un Italiano escéptico es un fenómeno, porque la esperanza es la sola fuerza de su vida. Y como consecuencia de esa fe que le es característica, su resignacion es admirable para soportar la expatriacion y todos los contratiempos.
Por último me llamó mucho la atencion entre los pasajeros un grupo de siete ú ocho españoles de distintas provincias que me divertían mucho. Había entre ellos un gallego de excelente índole y chistosas ocurrencias que á todos agradaba, y no faltaban andaluces, madrileños, un catalán, un mayorquino y algunos habaneros. Si hubiera de juzgar de todos los Españoles según las cualidades de los compañeros de viaje, mala sería mi opinión, aún prescindiendo de un viejo abogado, prefecto de una provincia de Puerto-Rico, personaje típico de la España de Felipe II, no de la España revolucionaria de hoy, que creia en brujas y hechicerías, milagros, apariciones y misterios de la piedra filosofal, y hablaba de S.M.C. con un recogimiento edificante y ortodoxo.
Los demás revelaban en todos sus rasgos la estirpe española. Unidos y leales entre sí, hacian causa comun en todo y para todo. Sobrios en lo general, no les faltaba un momento el cigarrillo ó el cigarro, y se hacían notar donde quiera por su ardiente algazara. El juego, bajo todas las formas posibles, era su sola ocupación; jamas leían con fundamento; y cuando la música de prima noche se hacia oír en los escotillones digerian la comida bailando rabiosamente la jota ó la cachucha, ó cantando en coro estrepitoso el himno de Riego. Fanfarrones y pendencieros, sus disputas momentáneas iban siempre sazonadas de interjecciones coloradas, y acababan por burlas ó anécdotas picantes. Cada una de sus frases tenia por adorno indispensable aquella palabra española tan expresiva, de sentido vago, y que no puede copiarse en ningún escrito sin escandalizar. Esa interjección es tan nacional para el Español, que equivale á la mas inocente como a la mas desvergonzada de las otras lenguas; y el Español la suelta con sencillez delante de todo el mundo, aún de las señoras muchas veces, sin pensar que pueda ser grosera.
Casi todos los Españoles del Paraná eran liberales y progresistas, lo que me probaba que las inclinaciones hacia la libertad se han desarrollado mucho en la Península, despues de la independencia colombiana. Por otra parte, no hay un pueblo tan nacional como el español. Para él España es lo mejor que hay en el mundo, en cualquier sentido y al oir á un Español decantar los primores de su pais, se siente uno tentado á creer que es una tierra encantada de las mil y una noches, ó a reírse en las barbas de los buenos peninsulares, en cuyo caso la pendencia es segura. Durante algunos dias el océano se habia calmado, y su admirable inmovilidad carecía de interés. El mar no es verdaderamente hermoso, cuando está manso, sino en su contraste maravilloso con la tierra. Lejos de las costas, en alta mar, la escena es monótona cuando la tempestad no agita los ondas y produce sus fenómenos sublimes. Así, todo el interés de la navegación estaba en las escenas de á bordo, casi siempre grotescas. Habia no sé qué de carnavalesco entre esos grupos heterogéneos, en cuyo fondo se destacaban verdaderas caricaturas; y la chismografía, que en la navegación es muy activa y fecunda, por la forzada ociosidad de todos los pasajeros, daba alimento á las mas ingeniosas invenciones y curiosas anécdotas.