De los once puentes de Lóndres cuatro me llamaron principalmente la atencion por su novedad: el London bridge, que liga la City con el inmenso barrio de Barmondsey, del sur;—el de Southwark, situado un poco mas arriba;—el de Waterloo, que da sobre el Strand;—y el de Hungerford, inmediatamente superior. El de Vauxhall, cuyo servicio data de 1816, es un sólido y hermoso puente, pero no llama particularmente la atencion, así como el de Westminster.

Esas obras son tan poderosas por su extension y el cúmulo de trabajo que ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de London, Waterloo, Southwark y Vauxhall han costado 20 millones de pesos. El primero es de una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una vista espléndida sobre el Támesis y gran parte de la ciudad. Fué reconstruido en 1831, tiene 782 piés ingleses de longitud y unos 80 de anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi horizontales de un mérito arquitectónico insuperable.

El de Southwark fué terminado en 1819; es todo de hierro y su masa gigantesca está dividida también en tres arcos de los cuales el del centro mide un espacio de 240 piés. El de Waterloo se compone de nueve arcos, cada uno de 120 piés de diámetro, es todo de piedra, data de 1817, y costó un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es en su género uno de los mejores de Europa. Por último, el puente de Hungerford es colgante ó suspendido sobre dos estribos, uno de los cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo á la mitad del Támesis por grandes graderías, y tiene un aspecto tan elegante como singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de comunicacion ó cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratúito, excepto en el de London.

El espectáculo que ofrece el Támesis, bajo el aspecto de la navegacion, es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que aturde. Como ese rio es la vida de Lóndres y aún del comercio del mundo, sus ondas no están aprisionadas sino por las dos altísimas hileras de edificios, de manera que no hay muelles de mampostería para la carga y descarga de las mercancías. El rio es libre para todo el mundo y los cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de los almacenes que dominan el Támesis en incalculable número. En cuanto á los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes ó faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite, ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan en muelles de madera establecidos hácia el centro del rio.

El Támesis de por sí es un rio de muy mediano caudal, sobre todo á los ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales profusamente encadenados. En Lóndres el Támesis tiene la anchura média de 250 metros, que disminuye bastante hácia Chelsea y aumenta hasta 400 abajo del Tunnel. La profundidad média es de 2 metros, que disminuye mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el puente de Lóndres en la mas alta marea. Así, la navegacion de los vapores y grandes buques está sujeta, en lo general, al flujo y reflujo del mar del Norte, que recibe las ondas del Támesis.

Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navíos marítimos de todas las naciones, remontando el rio á remolque de pequeños vapores hasta llegar á los Diques de Lóndres, esos almacenes colosales de madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial. Entónces el espectáculo hace comprender el secreto de la grandeza británica y del progreso de todos los pueblos,—la libertad, que hace aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navíos y vapores, entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares á todos los pueblos de la humanidad. Con cuánto placer ví agitarse sobre un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre patria!… Yo la saludé con respeto y amor, entonando en el fondo de mi corazon un himno de gratitud á los fundadores de la independencia de mi pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me bastaba….

Es incalculable, sin ocurrir á una laboriosa estadística, el número de botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante hormigueo las ondas del Támesis. Que el lector que nunca ha viajado imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange de aves acuátiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendrá una idea aproximativa del aspecto general del Támesis.

Si Lóndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de ómnibus para el servicio de la multitud, y de pequeños coches de alquiler, en el Támesis tiene tambien un servicio permanente de buques, que llamaré vapores-ómnibus, y una nube de góndolas ó faluchos para la travesía, que equivalen á millares de puentes flotantes. De trecho en trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y á cada diez minutos llega de subida ó de bajada un vapor, largo, delgado y ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros, recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los botes y navíos que tapizan las ondas,

Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los viajes á lo largo del río, hasta abajo de Greenwich, es tan completa, que un paseo por el Támesis reune todas las condiciones deseables por el pasajero negociante ó el viajero curioso. En esas rápidas peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;—todo llama la atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas é impresiones diferentes, cuanto contiene el Támesis de pintoresco ú magnífico, de opulento ú singular desde la una hasta la otra extremidad de Lóndres. Fué así como pude ver, al pasar y apénas exteriormente, muchos suntuosos ó interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo para un estudio minucioso de Lóndres, en mi primera visita.

Comenzando la peregrinación desde el pié del puente de Battersea, arriba de Chelsea, para terminarla por una visita á Greenwich, hé aquí lo que mas me llamó la atencion.