Esa centralizacion ó reunion de todas las plantas, sublime asamblea cosmopolita, es la imagen de la unidad en la civilizacion, de la gran mancomunidad de derechos, mision é intereses que liga á todas las razas, las naciones y las generaciones que figuran en el movimiento de la humanidad.
Los pueblos son como las plantas: miradas aisladamente, los rasgos característicos asoman, los contrastes son vigorosos, el antagonismo aparente es sensible; pero consideradas en los invernáculos, en un grandioso conjunto que las reune sin confundirlas, aparece patentemente la suprema armonía que las enlaza á todas y les da la perfeccion de la hermosura y la grandeza.
El jardin Zoológico tiene el triple ínteres del arte en la distribucion, la hermosura vegetal y el movimiento animal que revela la vida de las innumerables familias sometidas al poder ó al servicio del hombre. La concurrencia de visitantes es siempre muy considerable, y los grupos movibles y variados a que ella da lugar aumentan el ínteres de la escena. No pretendo hacer una descripcion completa de aquellos jardines, cosa imposible para el que apenas ha podido recorrerlos durante algunas horas. Así, solo indicaré algo de lo que fijó mas mi atencion.
La coleccion en todo su conjunto es inmensa y de una maravillosa variedad, conteniendo solo dos ó tres individuos de cada especie y género para no complicar el estudio que puede hacerse de todas las familias. El órden reina en todas partes, consultando simultáneamente las exigencias de la nomenclatura científica y los hábitos y condiciones de las especies.
Aquí se halla el visitante en presencia de los animales feroces, debidamente clasificados; mas allá admira los grandes rumiantes de primer órden; acá una familia, allí otra por grupos homogéneos, y en circos, chozas, jaulas y alojamientos especiales; de manera que, con el auxilio de los rótulos claros y precisos y del severo arreglo que preside á todo, se puede seguir un curso de zoología en todos sus ramos, superficial, es cierto, cuando no se tienen los conocimientos necesarios, pero bastante para darle á un observador que no conoce la ciencia una idea general de las formas, la manera de alimentacion, crecimiento, reproduccion, etc., de cada animal, y de las costumbres, necesidades y destino que, segun su clima, su talla, configuracion, piel y demas circunstancias, les ha asignado la previsora y admirable naturaleza á todas sus criaturas susceptibles de movimiento espontáneo.
No hay duda que la admirable coleccion de fieras, de mamíferos de todas clases, ofensivos ó inofensivos, de rumiantes, monos, etc., etc., es maravillosa, y que el visitante goza mucho admirando las corpulentas girafas de ojo melancólico; los elefantes, hipopótamos y rinocerontes monstruosos; el enorme tigre de Bengala, de fisonomía traidora; el grande oso blanco del norte en eterna agitacion; el leon de Numidia, de mirada indiferente y sombría; el triste orang-utang, caricatura de hombre degradado, que parece afligirse de su inferioridad y su mudez; el curioso bizonte; el corpulento búfalo crinado; la linda y esquiva zebra, y tantos otros animales en extremo interesantes y curiosos. Todos esos grupos llaman la atencion por su ferocidad, ó su inteligencia, ó su corpulencia, ó Sus particularidades. Pero lo mas acabado y bello en el jardin Zoológico, ó al menos lo que mas interesó mi curiosidad, fué la inmensa variedad ornitológica,—el pequeño palacio de los peces y animales marinos y la coleccion de los reptiles. Es talvez en esas grandes familias, hijas del viento, de las aguas y de las grietas sombrías, donde mejor se revela todo lo que la ciencia y los viajes han podido avanzar, y todo el poder de domesticacion que el hombre es capaz de ejercer sobre el reino animal entero.
Al pasar por delante de las vastas pajareras al aire libre, que son los palacios enrejados de innumerables lindísimas aves, un torrente de las mas variadas armonías se difunde en el viento, formando el concierto mas encantador. Allí todo es movimiento, alegría, canto inagotable, como si los millones de voces de la creacion tuvieran sus ecos en el seno de las lucientes jaulas. Los mas bellos y distintos colores, las mas inesperadas combinaciones de formas y matices en increible asociacion, atraen las miradas del visitante, haciéndole tener por momentos la ilusion de que un artista caprichoso en extremo es el que ha pintado esos millares de alas, cabezas, picos y colas donde el oro, la esmeralda, el rubí, el lápiz-lázuli y cien tintas primorosas alternan y se combinan para hacer brillar el plumaje del inquieto pájaro.
En el gran salon de bóveda de cristal y temperatura cálida, que cubre á los pájaros parlantes y silbadores mas ruidosos, la armonía se pierde en el confuso eco del inmenso ruido que hace la gran familia de los papagayos multicoloros. Algo como la locura de una orgía ó el estrépito de un claustro de colegiales aturde en ese santuario alegre de los gayos turpiales, mirlos; toches, pericos, loros, guacamayos y demas análogos, que forman con sus plumajes pintorescos una interminable y movible sucesion de arcos iris, de sombras y luz, y tienen una gran sonata de mil flautas y flajolés en desacuerdo. Aquello hace reír, divierte, aturde y enloquece, como un remedo de la algarabía humana en un mercado público,
Sobre grandes grupos de rocas (cerca de los estanques donde nadan los anfibios mamíferos ó los ánades innumerables, entre preciosas plantas) alzan las cabezas, admirados unos, escrutadores otros, indiferentes aquellos ó desconfiados los mas, los buitres, los condores gigantescos de los Andes, las águilas de los Alpes y todas las demas aves de presa. Al ver á esas soberanas del viento reducidas á la esclavitud, me parecia asistir al espectáculo del orgullo humano sometido y vejado. El águila parece haber depuesto la altivez de sus dias de libertad, y su ojo se fija en el cíelo y en los perfiles de las rocas artificiales; con la codicia del que condenado á ver de cerca un tesoro no puede alcanzarlo jamas.
Confieso que sentí despecho y tristeza al contemplar el palacio de los cuadrumanos. ¿Qué cosa es un mono sino un remedo, una caricatura de este mono sublimo que se llama el hombre? Todo el espíritu de imitacion y ostentacion, la vanidad, la inquietud, la curiosidad insaciable y otras cualidades parecidas que tiene el hombre, son el distintivo del mono;—prescindiendo de ciertas tentaciones traviesas y malignas en que los monos no nos llevan mucha ventaja a los animales parlantes de espíritu inmortal. A veces pienso que Dios, al crear en el mono nuestra caricatura, haciendo eternamente muecas, ha querido ofrecernos el espejo del ridículo á que conducen las vanidades de la vida. Y bajo este aspecto, no hay duda que el mono es un preceptor muy importante; solo que, como sucede siempre, los discípulos no hacemos caso de la leccion y nos burlamos del maestro en caricatura.