Vése al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estímulo, que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su domicilio, tiene ménos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se siente con la conciencia de su personalidad independiente, y está á cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar á menudo en las grandes fábricas donde trabajan centenares ó millares de obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan á esa feliz organizacion, pues en casi todas las demas las máquinas desempeñan admirablemente la labor del hombre, ó los trabajos son esencialmente colectivos.

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CAPITULO III.

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EL VALLE DEL RODANO.

Aspecto general.—La Provenza—Panorama de Marsella—Interior de la ciudad.—Industria y comercio.—Grupos sociales.—Mendicidad.

El extenso valle del Ródano, encerrado entre los Alpes ó sus ramificaciones y la cadena de áridas montañas de las Cevenas, es una region en extremo interesante y hermosa. El Ródano, ya caudaloso, pero siempre lento en su marcha, y desbordando con frecuencia sobre la llanura, sigue la direccion norte-sur de las montañas Cevenas, casi siempre por el pié de sus rocas ó colinas escarpadas y desnudas, fecundando una inmensa llanura que se extiende por la Provenza y parte del Languedoc hasta el Mediterráneo. El ferrocarril de Lyon á Marsella sigue la misma direccion del rio hasta Tarascon, y allí se aparta en direccion al este, para ir á buscar la opulenta Tyro del comercio frances en el mediodía.

Ese giro de la via férrea hace que el viajero tenga un grande interes durante todo el trayecto, porque el paisaje es de una magnificencia encantadora. A la izquierda ó el oriente corren de norte á sur los Alpes formando tres líneas superpuestas: una en que se destacan entre las nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga y casi nebulosa, de montañas gigantescas pero sin puntos culminantes, y otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora la ciudad de Grenoble.

Al occidente, dominando el cauce arenoso del Ródano, que se esconde á veces entre pequeños bosques de sauces silvestres y álamos blancos de empinadas copas, corre la serranía del Ardeche, triste y estéril, compuesta de una serie de cerros quemados y rocallosos, de trecho en trecho cortados por algunas abras. Allí falta toda vegetacion, porque los vientos de los Alpes asolan el terreno, y apénas se ven, de distancia en distancia, ya algunas ruinas gigantescas de castillos feudales dominando las mas altas eminencias y como inclinadas sobre los abismos, ya algunas pequeñas poblaciones trepadas á la falda de los cerros como para recibir proteccion de esos castillos, y semejando desde léjos cada una un vasto nido de águilas adherido á los picos de las rocas.

En medio de esas dos formaciones orográficas de tan distinto aspecto, demora el opulento valle, cruzado por pequeños afluentes del Ródano, entre ellos el Durance, que le trae las aguas de la poética Provenza. Donde quiera reina el mas esmerado cultivo haciendo del valle una especie de huerto interminable. Ya son las innumerables plantaciones de moreras enanas, que brindan su alimento al gusano fabricante de la seda, y hacen un bello contraste por su verde oscuro y vigoroso, ordenadas en calles que se cruzan en todas direcciones, con el verde claro y vivísimo de los almendros ó el casi amarillo de los viñedos intermediarios que comienzan á abrir sus primeras hojas. Despues, á medida que uno se aleja de Lyon, va viendo disminuir el número de moreras, progresivamente reemplazadas en la bella Provenza por los olivares de ceniciento color, cuya tinta gris, melancólica en extremo, se destaca como un inmenso y moviente sudario sobre la verde alfombra de los trigos sembrados en medio de las anchas calles de olivos.