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El aislamiento relativo en que los Catalanes habian vivido respecto de los Españoles, ha creado allí un pueblo distinto del ibero en todas sus condiciones y especialísimo. Cataluña no se parece sino á Cataluña. El espíritu de independencia, desarrollado por los hábitos marítimos y comerciales, ha hecho calificar á los Catalanes de revoltosos é ingobernables, y especialmente á su poblacion montañesa de terrible.

Eso es un error. Los verdaderos intratables son los que han querido oprimir á los Catalanes y privarles de sus libertades tradicionales, su lengua, sus costumbres y prosperidad. El montañes de Cataluña, el valeroso habitante de Puigcerdá, no es el hombre feroz que se supone. Si se le deja en paz es excelente, laborioso y muy accesible; pero si se le ataca, es implacable en la guerra y no da tregua hasta que país queda libre de enemigos. El guerrillero catalan fué el mas tremendo enemigo de Napoleon, y será en todo tiempo una garantía para la independencia española.

Tan cierto es que los Catalanes son opuestos á la guerra y tienen un profundo espíritu de progreso, que siempre han solicitado la demolicion de las fortificaciones, á fin de poder ensanchar sus ciudades, confiando su defensa á los intereses mas bien que á los cañones de las gruesas murallas. Apénas acaba de autorizarse la demolicion de una parte de esas fortificaciones, y ya las ciudades de Barcelona y Tarragona crecen y se mejoran y regeneran como por encanto. Dentro de pocos años Barcelona será una vasta y hermosa capital de 350,000 habitantes.

No hay en el pueblo catalan un sentimiento mas hondamente arraigado que el de la igualdad y la personalidad. Esto procede del amor al trabajo y el respeto que allí se tiene por la industria. La muestra de su tienda ó su taller es un verdadero blason para el artesano ó el tratante. El hombre mas noble en Cataluña, es el que trabaja con mas teson, inteligencia y probidad. Allí no hay mas aristocracia que la del trabajo; y como todos trabajan, todos se tienen por iguales y se tratan con una sencillez que permite la fusion de todas las clases sociales.

Si el Catalan es esencialmente independiente y liberal, el artesano es mas. Un pobre tendero se cree soberano en su tienda, como el banquero en su escritorio y el batelero en su lancha. De ahí viene cierta dignidad altiva sin grosería, cierta conciencia de su personalidad, que impulsa al Catalan á todos los géneros de trabajo imaginables y puros, pero que le hace absolutamente incapaz de degradarse en ocupaciones innobles, como la del rufian ó el trapacero. Allí todo el mundo está ocupado en producir algo.

Si el batelero es por lo comun áspero y soez, como en todas partes, el artesano es atento y el campesino afectuoso. Al llegar á Barcelona se siente una penosísima impresion, causada por los muchos mendigos que rodean y atormentan al extranjero. La mendicidad me pareció muy extraña en una ciudad tan activa y opulenta. En breve supe que allí hay excelentes institutos de caridad para recoger á los mendigos, cuidarles y darles trabajo. Pero esos mendigos no son de Barcelona: vienen desde lejanas poblaciones del interior á explotar á los extranjeros; pero huyen y se esconden cada vez que se les quiere recoger, para reaparecer luego en bandas errantes. Los mendigos son en España el rastro viviente que han dejado los conventos y las instituciones viciosas.

Los Catalanes tienen dos cualidades muy fecundas para la industria y el progreso moral: un alto espíritu de asociacion, y el puntillo de la imitacion de todo lo bueno, para no quedarse atras. Todas las grandes cosas, como las mas pasajeras, se hacen en Cataluña á virtud de la asociacion. Las empresas de navegacion, de alumbrado y de diligencias, los ferrocarriles, los bancos, las grandes fábricas, los institutos numerosos de crédito, los teatros, los casinos, los cafés y hasta los bailes y fiestas, proceden de asociaciones voluntarias, sin ninguna ingerencia ni garantía de la autoridad.

De ese espíritu de sociabilidad resultan muy buenos efectos. Todo el mundo se interesa en las empresas, todo anda bien y apriesa, nada decae, y los monumentos de recreo, como los teatros, casinos, etc., están siempre en auje, aunque muchas veces sin producir utilidades. Como todos son accionistas en los teatros, todos concurren, y Barcelona tiene siempre excelentes artistas.

Los pueblos catalanes son los primeros de España que han establecido el alumbrado de gas, ferrocarriles, compañías de crédito y aseguros, irrigaciones inteligentes y cuantas cosas distinguen la civilizacion avanzada de Inglaterra y Francia. Todo progreso tiene inmediata acogida entre los Catalanes; y, lo que es mas notable aun, sus progresos ó sus obras son el resultado de sus propios esfuerzos y recursos. Sus ferrocarriles (que son ya numerosos) son catalanas casi en la absoluta acepcion de la palabra. En Cataluña hasta los pueblos de tres mil habitantes tienen su alumbrado de gas, y el vapor ruge en todas partes como el motor de los grandes trabajos de fabricacion. Aparte de sus carreteras excelentes, sus ferrocarriles, sus muchas líneas de diligencias y sus centenares de buques de vela, los Catalanes tienen un buen servicio de vapores para la navegacion internacional y costanera. Por eso sus puertos están siempre llenos de buques que alimentan poderosamente la actividad del pais.