Mide el territorio belga en su totalidad superficiaria un área de 2,956,183 hectaras; 981 kilómetros de perímetro en sus fronteras con Francia, Alemania y Holanda y su litoral marítimo; 277 kilómetros en su mayor longitud, de Ostende (N.-O.) al límite del Luxemburgo (S.-E.), y 160 en su mayor anchura. El territorio está dividido en 9 provincias que son: Ambéres, Brabante, las dos Flándes, Hainau, Lieja, Limburgo, Luxemburgo y Namur.
Entre todas esas provincias la naturaleza ha establecido una demarcacion muy notable respecto de las condiciones del suelo. Así, en la region montañosa se encuentran inmensos depósitos carboníferos, ricas minas de hierro, cobre, plomo y otros metales, canteras de hermosos mármoles, espesos y graciosos bosques cubriendo las colinas y montañas, viñas que medran en el valle del Meusa, etc.; miéntras que en la faja marítima, mal defendida por sus barrancas arenosas, y en las llanuras de Flándes y Ambéres, florecen los trigos y las papas, la remolacha y el lúpulo, las plantas filamentosas y las oleaginosas, y reina en las ciudades la actividad del comercio, de las fábricas y de las artes. La topografía, pues, produce en Bélgica una gran variedad de industrias, explotaciones y productos, favoreciendo el progreso múltiple del país.
No hay quien no sepa que Bélgica es en Europa, por sus instituciones políticas, un modelo de liberalismo, así como por la práctica de esas instituciones un bello ejemplo de buen sentido y patriotismo. No faltan sinembargo algunas contradicciones en la organizacion belga, tales como la del fuerte censo de imposicion establecido respecto de los senadores elegibles, lo que no es aplicable á los diputados, y el contraste chocante que se nota entre la libertad absoluta acordada á la enseñanza y la que tienen los cultos, limitada esta por la ingerencia ilógica del Gobierno en la dotacion ó mantenimiento oficial de esos mismos cultos.
En realidad Bélgica es una nacion democrática, gobernada aparentemente por un rey-ciudadano y dirigida en realidad por el voto popular y la opinion pública. Es muy lisonjero ver que, asícomo el primer rey de esa jóven monarquía ha sabido acomodarse con entera lealtad á su deber de monarca constitucional, el pueblo entero, no obstante la lucha legal en que se agitan los partidos liberal y ultramontano, ha entrado de lleno desde el primer dia en la práctica del gobierno constitucional democrático, posee la plena conciencia de sus derechos y deberes, y manifiesta en todos los negocios una solidez de miras poco comun y un fondo admirable de buen sentido que no le ha faltado en ningún momento difícil. Libre en las manifestaciones de su opinion, influyente en Europa por la independencia de su prensa, considerado y estimado por la hospitalidad neutral que acuerda al proscrito y al pensamiento extranjero, y engrandeciéndose por medio del trabajo, el pueblo belga es digno de tanto mayor respeto cuanto mas visible es la pequeñez de su territorio.
El Parlamento belga es en Europa, despues del de Inglaterra (actualmente despues del de Italia tambien) el que manifiesta mejor la posesion de las prácticas parlamentarias. Allí ámbas cámaras tienen su orígen en el voto popular, si bien restringido este por un censo electoral que hace depender el derecho de la cuota de imposicion. Los consejos provinciales y municipales funcionan con independencia y hacen del régimen municipal una verdad palpable. El Gobierno ejecutivo, siempre fiscalizado y contenido ó impulsado por las Cámaras y la opinion, practica con sinceridad el régimen constitucional y se muestra en todo caso respetuoso hácia la ley, la libertad y la voluntad nacional. Cada dia las ideas ganan terreno en Bélgica en el sentido de la libertad, de la emancipacion de todos los esfuerzos legítimos y del ensanche de las instituciones democráticas. Así, es de esperar que la nacion belga subsistirá como un feliz ejemplo, como una escuela práctica de liberalismo, y que no muy tarde perfeccionará sus instituciones llevando á sus últimas consecuencias naturales la aplicacion de los principios que le han servido de punto de partida.
La poblacion belga carece de homogeneidad de raza, lengua y aun tradiciones, en parte, pero se halla en via de constante fusion, gracias á las condiciones del suelo, al estímulo de sus libres instituciones y á las grandes facilidades que ofrecen las vias de comunicacion. Alemana en las provincias de Luxemburgo y Limburgo, francesa en la region del Meusa, ó á lo mas franco-alemana, y semi-holandesa ó semi-germánica en Flándes y Ambéres, la poblacion conserva muy notables diferencias de tipo, dialecto y costumbres que parecen repartirla, como un ser mestizo, entre Francia, Alemania y Holanda. Así, en el sud-este prevalece el idioma ó dialecto wallon, mezcla de aleman, roman y frances; en Flándes predomina el holandes algo modificado; en Ambéres y su comarca se habla un dialecto bastante diferente, y en Brusélas, Namur y Mons tiene la superioridad la lengua francesa, que en definitiva es la del gobierno, la literatura, el comercio general, la prensa de primer órden y la sociedad elegante y mas culta.
La poblacion belga es la mas condensada y una de las que progresan mas rápidamente en Europa, El número total de habitantes, que en 1831 era de 3,785,864, habia subido en 1856 á 4.529,460, de los cuales unos 2,500,000 de raza flamenca y los demas de la wallona, con excepcion de muchos miles de extranjeros é isrealitas.
Hoy no baja de 4,600,000 el número total (católicos en las 19 vigésimas partes), con una densidad que, alcanzando á 262 individuos por kilómetro cuadrado en la Flándes oriental, con el mínimum de 44 en Luxemburgo, es, por término medio, en la nacion, de 154 habitantes por kilómetro cuadrado: densidad prodigiosa, sin igual en el mundo.
Si bajo ciertos aspectos la poblacion belga está felizmente dotada, hay en su seno un hecho deplorable que no puede ménos que serle seriamente funesto, si no se buscan remedios eficaces: hablo de la increíble abundancia de conventos y comunidades religiosas, muy arraigados en el país, en posesion de considerables riquezas v en gran parte apoderados de la enseñanza.
Si esos institutos, entre los cuales algunos son realmente benéficos, no interviniesen mas que en la religion, la enseñanza y la beneficencia, por mal que lo hiciesen, el daño no sería muy grave, puesto que la libertad comun podría corregirlo fácilmente. Pero esas corporaciones, mantenidas por la nacion, son la verdadera fuerza de un partido antinacional y reaccionario que pretende no solo explotar libremente al pueblo, sino tambien infeudarlo bajo el predominio de la corte pontificia De ahí la lucha ardiente y no poco apasionada de los partidos, y graves peligros para las instituciones liberales, que no cesarán sino el dia que el Estado, practicando rigidamente los principios, retire á los cultos toda proteccion pecuniaria, los emancipe realmente, y ponga freno á las exacciones y la inmovilizacion de las propiedades pertenecientes á los institutos á que me refiero.