GINEBRA.

Geografía del Canton.—El lago Leman.—Resúmen histórico.—Estructura general de Ginebra.—Sus condiciones políticas y sociales.—Monumentos é instituciones públicas.—Las casas de prision.—Ginebra como centro social europeo.

No sin razón decia Voltaire, haciendo resaltar la pequeñez física de Ginebra en contraste con su alto valor social, que «cuando él sacudia su peluca en aquella ciudad, cubria de polvo á todo el canton.» Jamas un puñado de tierra encerrado en tan estrechos horizontes fué mas encantador por su aspecto, ni mas ampliamente fecundo para la civilizacion, por sus genios eminentes y sus esfuerzos seculares en servicio de la libertad. En mis excursiones en Europa no he visitado pueblos que me hayan inspirado tantas simpatías como el ginebrino en Suiza y el vascongado en España. Es realmente extraordinario ese fenómeno social de tanta grandeza moral relativa, contenida en un recinto, tan estrecho, casi microscópico, cual es el canton ó Estado federal de Ginebra.

A virtud de la reciente anexion de Saboya á Francia (que ha sido uno de esos actos de justicia y progreso que la diplomacia suele consumar por medios disputables) el canton de Ginebra se halla hoy completamente enclavado entre una curva de fronteras francesas, cuyo círculo no es interrumpido sino por las aguas del lago Leman y el extremo meridional del canton de Vaud, uno de los mas extensos y prósperos de la Confederacion. Mide el territorio ginebrino unos 33 kilómetros en su mayor longitud, de oriente á poniente, por 15 kilómetros de anchura, de sur á norte, conteniendo la superficie total de 242 kilómetros cuadrados. Su clima es generalmente suave y apacible, habida consideracion á la latitud y á la orografía del país circunvecino; sus terrenos son poco fértiles, pero hábil y totalmente cultivados; sus horizontes reducidos, pero admirablemente bellos y seductores. La ciudad de Ginebra tiene apénas una elevacion máxima de 375 metros sobre el nivel del mar, lo que le permite no solo poblar sus términos de mieses, frutas y legumbres, sino tambien cultivar sus graciosos viñedos, que le dan al panorama en las riberas del lago, en las colinas cercanas y en los valles del Ródano y el Arve, una melancolía que seduce y cautiva, al lado de los mas alegres paisajes campestres.

Desde la ciudad misma, subiendo á las torres de su catedral, que desde lo alto de su colina domina todo el paisaje como el atalaya del lago, se registra con la mirada todo el territorio del Canton, así como las faldas y los contrafuertes mas ó ménos distantes de las montañas de la Saboya setentrional (Faucigny) y del Jura. Al sur se ven los valles del Ródano y el Arve, que se confunden á corta distancia de Ginebra, girando en direccion á la baja Saboya ó las provincias de Annecy y Chambery, y dominados por los contrafuertes alpinos y jurásicos, ostentándose en sus hoyas las gracias de la vegetacion artificial y las praderas, las altas curvas de los bosques de pinos y los grupos de algunas poblaciones. Al oriente, una sucesion de suaves faldas y colinas arranca desde la ribera misma del lago para irse levantando y detenerse á bastante distancia al pié de la cadena de Voirons, ondulosa y cubierta de praderas que han reemplazado los antiguos bosques del lado occidental, pero abruptas y severas por su vegetacion salvaje en el costado opuesto. Esa cadena es el término del encrespado y áspero sistema orográfico de las antiguas provincias de Chablais y Faucigny, comprendidas entre la hoya del Arve y el lago Leman.

Al poniente, los planos inclinados, sus estrechos vallecitos, las colinas, las faldas empinadas y al fin los altísimos cerros se van sucediendo en bellos y entrecortados anfiteatros, desde las ondas del lago basta las crestas culminantes del Jura. Todo ese panorama topo-orográfico es de un efecto maravilloso, en contraste, ó mejor dicho, haciendo juego con el lago; pues si en el fondo se ve la angosta y larga superficie azul, mas arriba se ostenta la faja de viñedos, de alegres huertos, graciosas quintas y caprichosas sementeras; faja de mil colores que sube basta encuadrarse en el marco sombrío, soberbiamente majestuoso de la alta vegetacion jurásica (los bosques de pinos y abetos) y de las rocas de composicion caliza que descuellan en algunos picos. Por último, al norte se dilatan, entre líneas de irregulares contornos, las ondas luminosas, prodigiosamente azules y trasparentes del lago, unas veces violentamente sacudidas por los huracanes que soplan de los Alpes, otras dormidas y murmurantes, gimiendo frecuentemente bajo la quilla de algun vapor ó bergantin, inmóbiles como un inmenso espejo en que se refleja todo el esplendor de los azules é infinitos abismos del cielo. Y esas ondas, que siempre arrebatan ó cautivan, van á detenerse en el marco pintoresco de las riberas y colinas del canton de Vaud, ondas terrestres de luciente verdura.

El lago de Ginebra ó Leman es, sin disputa, el mas hermoso y útil de los que contiene Suiza, rivalizado apénas por el de Constanza bajo el punto de vista comercial. Teniendo en su totalidad la forma de un arco ó media luna, cuyas extremidades inclinadas al E. y al S. O. se hallan en Villa-nueva (Villeneuve) y Ginebra, es decir hácia la entrada y la salida del Ródano, sus riberas se estrechan entre Ivoire (Saboya setentrional) y el cabo que determina el pequeño golfo largo y angosto. La parte superior se llama el «gran lago»; la inferior el «pequeño lago» ó el de Ginebra propiamente dicho. Su mayor longitud es de 71 kilómetros, y su anchura máxima de 14—4 kilómetros, entre Evian (puerto y pequeña villa de Saboya) y Morges, villa del canton de Vaud; conteniendo una superficie total de 1,430 kilómetros cuadrados. La profundidad varía mucho, pues llega en el centro del lago hasta 350 metros (prodigiosa en un lago cuyas montañas mas vecinas son poco elevadas en lo general), miéntras que entre Nion y Ginebra nunca excede de 97 metros.

Abunda todo el lago en peces (como 30 especies) y en pájaros de especies mucho mas numerosas; ofreciendo la pesca ocupacion lucrativa á muchas gentes. Las aguas son de un azul turquí admirable, sin igual tal vez, y de tal trasparencia que se alcanza á ver perfectamente el fondo á muchos metros de profundidad. Esta profundidad enorme, los fenómenos singulares de las corrientes interiores, y la accion de los contrarios vientos que dominan el lago, impiden que sus aguas se congelen nunca, aun en los inviernos mas rigorosos, excepto en las orillas, donde se acumulan escarchas. No se tiene memoria de que la congelacion total haya tenido lugar sino dos veces, en los siglos VIII y IX.

Las tempestades del lago son muy terribles y funestas á veces; pero los fenómenos de calma y violencia, de crecidas y disminuciones de volúmen, se producen y suceden con extraordinaria rapidez. Cuarenta y dos rios afluyen á las riberas del Leman, suaves y arenosas del lado setentrional, rocallosas, abruptas y fuertemente empinadas del lado de Saboya. De esos rios los mas considerables son: el Ródano, desde luego, que por sí solo equivale al mayor número de los otros, y el Dranza (que no se debe confundir con el Dranza afluente del Ródano), rio que despues de surcar las rudas montañas de Chablais, desemboca entre Thonon y Evian. El mismo Ródano es el único desaguadero del lago, escapándose como una ancha cinta de lázuli, á la altura de 368 metros sobre el nivel del mar, al traves de Ginebra, de cuya circunstancia deriva su nombre la ciudad, según la etimología céltica de gin, salida, y av, rio.

Es tan enorme la masa de arenas graníticas y calizas y limo que el Ródano acumula en el Leman, hácia su entrada y su salida, que cada dia crecen los bancos peligrosos en las cercanías de Ginebra, y las aguas se retiran de Villa-nueva, surgiendo una llanura de aluviones en el extremo superior; al mismo tiempo que las ondas invaden la ribera setentrional ó del canton de Vaud. Es curioso el contraste del Ródano superior é inferior: el primero, vomitando sobre la cuenca del lago sus turbiones de lodo ceniciento; el segundo, saliendo del lago purificado y límpido, como si hubiese de simbolizar la pureza de las costumbres y claridad de las libres instituciones de Ginebra y Vaud. Esa circunstancia, que tambien se nota en otros lagos, como los de Brienz y Thun, se explica por la existencia, en el fondo, de una sustancia purificante y colorante que obra como reactivo poderoso.