Si la etnografía del pueblo ginebrino explica el predominio en él y en todas sus manifestaciones literarias, de la lengua francesa, su genio político, industrial y social y sus instituciones corresponden á un curioso amalgama de elementos diversos. Las emigraciones europeas de gentes superiores, atraidas á Ginebra por la libertad que esa república garantizaba en tiempos de despotismo universal (no obstante la antigua distincion de cinco clases de ginebrinos) han introducido allí la sangre y el genio de otros pueblos, de tal modo que abundan mucho los apellidos alemanes, italianos, ingleses y aun españoles, y los tipos de diversas razas, mas ó ménos confundidos. Esto le da á Ginebra un notable carácter de cosmopolitismo. En ninguna parte mas que allí es tan manifiesto ese fenómeno de fisiología social,—tan frecuente en el mundo y sinembargo casi siempre olvidado por la historia,—de la trasformacion moral de una raza casi por la sola virtud de sus instituciones.
Ciudad en otro tiempo reducida, por las necesidades de la defensa, al aislamiento material dentro de sus bastiones y fortalezas, Ginebra se ha hecho luego cosmopolita,—refugio de todo idea proscrita y de todo hombre perseguido,—acogiendo todo lo bueno de la civilizacion, practicando resueltamente la democracia, penetrando en todas las esferas de la actividad intelectual, yendo á buscar hasta en el Nuevo Mundo la fórmula moderna de la filosofía penal. Raza esencialmente francesa por su orígen, su lengua y sus tradiciones, el pueblo ginebrino tiene las cualidades sin los defectos del genio frances. Posee el espíritu de investigacion, simultáneamente analítico y generalizador, la tendencia cosmopolita en las aspiraciones, el sentimiento artístico, literario y generoso en alto grado, y no poco de esa jovialidad expansiva y elástica, de esa facultad de asimilacion, que distinguen al Frances. Pero carece de ese instinto funesto de centralizacion, de esa idolatría respecto de la autoridad,—servilismo que abdica la iniciativa individual ante la del gobierno,—de esa ligereza en las costumbres é indiferencia para con las convicciones tenaces, que han contrariado la adquisicion de la libertad en el seno de la sociedad francesa. El Ginebrino cultiva con esmero todo lo que tiene algo de artístico y delicado: la pintura, la escultura, la música, el grabado, la relojería, la joyería y hasta la disecacion de vegetales y animales curiosos. Pero ha sabido aliar el arte con la industria, sus disposiciones poéticas y altamente francesas, con la seriedad y profundidad de investigacion y el sentimiento severo de la personalidad ó del derecho individual, característico de las razas germánicas[5].
[5] Es tan inseparable de esas razas el espíritu de independencia personal, que siempre me ha parecido que un Aleman (ó sus asimilables) que no profesa en religion la doctrina del libre exámen, es un hombre incompleto y contradictorio.
¿De donde proviene ese feliz amalgama? Evidentemente de la accion del protestantismo reformado (cuyos abusos é intolerancia de otros tiempos estoy muy léjos de aprobar) el cual, creando la nocion y el hábito del libre exámen, de la creencia razonada y profunda (sin materialismo pagano) y de la autonomía personal, ha modificado fuertemente los instintos latinos y franceses de la raza, sostenidos por las tradiciones y la lengua.
En Ginebra todas las manifestaciones sociales armonizan, haciendo un juego seductor: las poéticas perspectivas del territorio y el lago; los caprichos de las antiguas construcciones feudales; la elegancia suntuosa de la arquitectura moderna; los bellos museos y bibliotecas abundantemente provistas; las casas de correccion y penalidad; las fábricas y los vapores, cuyas chimeneas humeantes contrastan con las lindas fachadas, los templetes y jardines de las innumerables quintas situadas entre parques magníficos en las cercanías del lago; el movimiento mercantil de las calles y los muelles; las pacientes labores de 8 ú 9,000 artistas, que trabajan en la fabricacion de 150,000 relojes de oro por año, en muchos grabados excelentes (en piedra, madera y metal), en la elegante y delicada joyería, las esculturas y pinturas, y en la preparacion de muchos instrumentos científicos, musicales, industriales, etc. Todo ese conjunto de manifestaciones de actividad agrada en esa ciudad de estructura semi-feudal y semi-moderna, cuyos habitantes, al eco de los silbidos de las locomotivas en los vapores del lago y en dos ferrocarriles, trabajan con empeño por demoler todas las fortificaciones y reemplazarlas con monumentos, jardines, fábricas, arboledas, muelles y barrios enteros elegantes y pulcros. Eso llama la atencion del viajero, cautiva sus miradas y le hace respetar una civilizacion que, desarrollándose bajo la influencia de la libertad, demuestra que la grandeza de un pueblo no consiste en la masa de su poblacion nativa y la extension de su territorio, sino en la fecunda energía y la armonía de sus progresos.
Ginebra está dividida por el Ródano en dos partes desiguales. En el vértice del lago, á los dos lados de la islita sombreada por hermosos árboles en que se destaca la estatua de Rousseau, se escapa el Ródano en dos brazos bajo de un extenso puente de madera, produciendo un islote cubierto de casas y molinos, baños de natacion, etc., que reposan sobre estacadas. A la márgen derecha se extiende el barrio de San Gervasio, lleno de fábricas, almacenes y relojerías, dominado por la estacion de los ferrocarriles que giran hácia Francia, Losana y Neuchâtel, y ostentando en los malecones y muelles, en las riberas del lago y del rio, hileras de casas espléndidas y hoteles que parecen palacios suntuosos, y mas léjos un enjambre de graciosas ú opulentas quintas, parques, huertas y jardines. Es en una de las calles antiguas de ese barrio que se encuentra la sombría casucha de dos pisos donde nació Juan Jacobo.
La ciudad propiamente dicha se extiende á lo largo de la márgen izquierda del lago y del rio, presentando en gran parte de la línea una vasta fachada de hermosos edificios modernos. Despues de cubrir la ribera, trepa hasta la cima de una colina casi abrupta, formando un laberinto de callejuelas, cuestas y graderías rígidas, de antigua y extravagante construccion, en cuyo centro se levantan la catedral, el palacio del Gobierno, la casa de detencion y otros edificios públicos, y gira un extenso paseo sobre las murallas de las antiguas fortificaciones. Por último desciende hácia el sud-este, y se dilata en una planicie ligeramente accidentada, entre el Ródano, el valle del Arve y las colinas del oriente que se desprenden de los contrafuertes saboyardos. Es allí donde, al derredor de la Puerta-Nueva, se encuentran los jardines públicos, el teatro, el conservatorio de música, el museo Rath, el palacio electoral y las construcciones mas recientes, y donde va surgiendo la nueva Ginebra que, libre del obstáculo de las fortificaciones, se extenderá indefinidamente hasta ligarse con Carouge, villa de 4,500 habitantes situada sobre la márgen izquierda del Arve.
Nada mas delicioso que un paseo en coche por la ribera izquierda del lago, en direccion á Collonge, al traves de quintas y parques bellísimos, huertos, jardines y viñedos, y dominando con la vista el soberbio panorama del lago y las montañas del Jura; ó bien, mecido suavemente en una góndola por el vaiven de las azules ondas del lago, surcar su superficie á las nueve de la noche, cuando las estrellas fulguran en el fondo de un magnífico cielo, se despiertan las brisas nocturnas cargadas de perfumes, y se ve á lo léjos en la ribera el vasto semicírculo de luz que producen las hileras de faroles en todos los muelles, á cuya línea se sobreponen las mil luces caprichosas de la parte antigua de la ciudad que se levanta en anfiteatros irregulares sobre la colina. Ginebra tiene entónces tanta poesía y su lago tan arrobadora seduccion en sus reflejos múltiples, sus rumores vagos, su trasparencia deslumbradora y sus ondulaciones suavísimas, que uno se siente como encantado por un sueño y trasportado á regiones muy lejanas de los Alpes y el Jura.
Si el Ginebrino se distingue del Frances por la seriedad y circunspeccion, careciendo de esa viveza retozona y esa agudeza de chiste que llaman esprit; si su acento es duro y su frances muy defectuoso (en la generalidad de la clase media y las masas); y si los tipos fisonómicos, aunque revelando mucha inteligencia, son apacibles y carecen de la energía de líneas propia de las razas puras, posee tambien cualidades muy estimables. Entusiasta por los intereses públicos y las bellas causas; sobrio de palabras y grave en sus convicciones; laborioso y persuadido de la nobleza del trabajo, sus costumbres son puras, sin gazmoñería ninguna, y en todos sus actos manifiesta tener la conciencia igual del derecho y del deber. En Ginebra no se ve un solo mendigo ni un hombre ebrio, y á excepcion de los que viajan por recreo ninguno está desocupado allí. El verbo frances flaner[6] tan característico de Paris, no tiene significacion en Ginebra.
[6] Pasar el tiempo como un gandul, paseándose por los lugares públicos sin objeto y con curiosidad insustancial.