En efecto, Vevey contiene, entre otras cosas interesantes: dos bibliotecas, la una religiosa y popular y la otra de la ciudad, con 13,000 volúmenes; un número muy considerable de colegios, escuelas, hospitales, hospicios y otros institutos de enseñanza y beneficencia; varios pequeños museos ó colecciones científicas, literarias y artísticas; tres círculos, con gabinetes de lectura; muy buenos edificios para todos los servicios públicos; excelente alumbrado de gas, muelles y mercados; centenares de talleres y pequeñas fábricas, y una multitud de sociedades que atienden á los intereses literarios, religiosos, económicos, etc. Son muy notables entre ellas las de mosqueteros, arcabuceros y carabineros, que se ejercitan en el tiro,—instituciones esencialmente nacionales y muy interesantes por su carácter político-social en Suiza, donde cada ciudadano es un soldado en reserva y las montañas hacen vivir al cazador.

Vevey no solo es un centro de primer órden en el Estado, en la produccion y exportacion de vinos (blancos y muy suaves, del género Champaña), sino que es notable por la explotacion de mármoles y otros objetos minerales, la fabricacion de relojes, joyas y máquinas, el comercio de maderas y la cria de gusanos de seda. Asi, aunque por su poblacion es la segunda ciudad vaudense, es la primera por su industria y comercio.

Entre las asociaciones libres de Vevey hay una que, ademas de ser curiosa por las tradiciones y costumbres que mantiene, da la medida del interes que allí se toma por la agricultura, y de la fecundidad del espíritu de asociacion: hablo de la Abadía de los Viñadores, congregacion muy antigua de los cultivadores de viñas y propietarios mas interesados en ellas. Teniendo por divisa las palabras Ora y trabaja, su objeto no es otro que el de favorecer la prosperidad de las viñas y sus cultivadores. Así, todos los años envia comisionados á recorrer minuciosamente los viñedos del distrito, y en virtud de sus informes la congregacion discierne premios á los cultivadores que mas se distinguen y toma las medidas necesarias para mejorar el cultivo, ensanchar el comercio de vinos veveisinos y extirpar toda enfermedad ó mal que pueda atacar á los viñedos. No es ménos curiosa la Fiesta de los viñadores, que estos celebran cinco ó seis veces en cada siglo, en las épocas de grandes cosechas,—fiesta que, según nos contaron, ofrece las mas singulares escenas de costumbres, y tiene cierto carácter pagano que la hace muy original en la época presente.

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CAPITULO VII.

VAUD Y NEUCHATEL.

Losana y sus cercanías.—Sus monumentos é institutos.—De Losana á Iverdun.—Iverdun.—El lago de Neuchâtel.—El Canton.—Su historia.—Sus instituciones y productos.—El régimen comunal.—La ciudad de Neuchâtel.—Un panorama suizo.

El sol de la tarde brillaba con melancólica hermosura sobre las crestas de las montañas jurásicas y el lago y las campiñas riberanas, cuando nos embarcamos en el vapor Aigle y nos dirigimos hácia el puerto de Ouchy, costeando la ribera setentrional. Las brisas rizaban las ondas del lago, resplandeciente y lleno de murmullos deliciosos, como agitaban las guirnaldas de tupidos sarmientos en los viñedos de la costa; y en el fondo de ellos, á 100 metros de distancia, vimos destacarse cinco ó seis pueblecitos ó aldeas llenos de gracia en sus pormenores, y como descendiendo de sus suaves colinas en pintoresco desórden, para bañar en el lago los festones y las terrazas de sus alegres casitas. Cada uno de esos pueblecitos parece el original de uno de esos pesebres ó nacimientos tan populares en las sociedades españolas en el mes de Navidad.

Ouchy, pequeño caserío de la ribera, sombreado por hermosas arboledas y rodeado de quintas elegantes, jardines y parques, es el puerto de Losana. Allí mismo, ó á muy corta distancia, existió la antigua Lausanium, destruida en el año de 563 por el choque violento de las aguas del lago, producido por la caída de una montaña en la ribera opuesta. Los habitantes, aterrados, buscaron el sitio mas alto de la comarca vecina y en él fundaron á Losana, con increíble capricho, á tres kilómetros de distancia de Ouchy. Un ómnibus nos condujo inmediatamente á esa ciudad, por un amplio camino, que en realidad es una inmensa calle orillada por quintas suntuosas y terrazas, parques de espeso follaje y jardines cargados de perfumes.

La ciudad, cortada en el fondo por dos arroyos que se juntan en profundas ramblas, demora sobre tres colinas y sus faldas interiores y estrechos vallecitos intermedios. Así sus formas son tan irregulares y complicadas que llegan hasta la extravagancia. Sus calles, casi todas estrechas, oscuras, tortuosas y muy pendientes, forman un laberinto de cuestas que obligan á subir ó bajar en todo caso. No ha mucho la comunicacion entre las calles de las tres colinas era muy lenta y penosa; pero luego el magnífico puente Pichard (que reposa sobre una doble arcada y mide 180 metros de longitud, de una colina á otra), algunas calles que faldean esas colinas y los hermosos caminos de ruedas y paseos exteriores, han mejorado mucho la ciudad y facilitado el movimiento de las gentes y de los carruajes.