De Losana a Iverdun el ferrocarril recientemente construido toca en cuatro ó cinco pequeñas localidades ó estaciones que carecen de todo interés; pero gira por en medio de campiñas pintorescas y risueñas (cortando los montes del Jorat) cuyo aspecto hace muy gratas las pocas horas del trayecto. Es un país accidentado por multitud de pequeñas colinas y suaves ondulaciones, que determinan una sucesion caprichosa de llanuritas y vallecitos llenos de lozanía, poblados de huertos, diversas plantaciones y bosques productivos, en cuyo fondo se destacan muy graciosamente las casas campestres del estilo peculiar de Suiza.
Se echa de ver que el bienestar reina en esas campiñas, al reparar la dulce y contenta fisonomía de los campesinos, la pulcritud y propiedad de sus vestidos, la belleza candorosa de las mujeres, la robustez algo rubicunda de los niños, el órden y holgura de las habitaciones, y el esmero con que son cultivadas las tierras. Y esas gentes, realmente sencillas, nada tienen de rústicas sinembargo: saben leer, escribir y calcular, en lo general, comprenden sus derechos y deberes civiles y políticos, y tienen esa conciencia de su personalidad que les viene de la libertad, del trabajo independiente y de las prácticas sencillas y austeras de la religion reformada. En el seno de esas poblaciones laboriosas el sacerdote es un hermano, un verdadero pastor, porque no domina ni explota las conciencias, tiene instruccion sólida, vive modestamente, sin aspiraciones políticas, ni á ser canónigo ni obispo, es padre de familia, y como tal sus intereses están en perfecta armonía con los de los ciudadanos.
Iverdun demora sobre la márgen derecha y una pequeña isla del Orbe, á muy corta distancia de la desembocadura de ese pequeño rio en el lago de Neuchâtel y al extremo de una fértil y bien cultivada llanura. Esa ciudad ha adquirido notable incremento de pocos años acá, a causa del ferrocarril que la comunica con Losana, Morges y Ginebra, que se acaba de ligar con otro que de allí gira por Neuchâtel en direccion á Solera y Basilea. Como la ensenada que forma el Orbe es el puerto de los vapores y las barcas de remolque ó vela que navegan el lago, el movimiento comercial de Iverdun es considerable. Compónese la ciudad de tres grandes calles paralelas, en su parte principal, y solo es notable en cuanto á su estructura por las formas extrañas y el color amarillento de las casas, y un antiguo castillo feudal flanqueado en sus cuatro esquinas por torreones de severo aspecto.
Iverdun esta rodeada de hermosas arboleda y paseos, y así tan pequeña como es (con solo 3.800 habitantes) se distingue por la posesion de una biblioteca pública, un colegio, un hospital, varias escuelas y casas de educacion y varios institutos de beneficencia y economía. En Suiza no hay una ciudad, por pequeña que sea, que no posea—como las mejores pruebas de civilizacion, fraternidad é interes por la cosa pública—estos elementos: una ó mas bibliotecas públicas, museo mas ó ménos surtido y ordenado, caja de ahorros, colegio, numerosas escuelas, hospital y hospicio. En vista de esto es fácil comprender por qué el pueblo suizo es uno de los mas honrados, libres é instruidos que se conocen, relativamente á la estrechez de su territorio, lleno de obstáculos, inhabitable en mucha parte y encerrado entre montañas en el centro de Europa.
Iverdun conserva piadosamente la memoria del célebre Pestalozzi, fundador del método de enseñanza primaria mas popular y fecundo: hombre pobrísimo (como casi todos los grandes benefactores) cuya vida fué una serie de actos de abnegacion en obsequio de la infancia ignorante y desvalida. Fué en esa humilde ciudad donde Pestalozzi ensayó y probó durante muchos años la excelencia de su método; y todavía subsiste allí una casa de educacion dirigida por uno de sus discípulos.
En Iverdun nos embarcamos á bordo de un bonito vapor para surcar el lago hasta Neuchâtel. Sus ondas de color verde claro son bellísimas, aunque no comparables con las del Leman. La ribera del lado derecho ó N. E. es triste y desapacible, y en sus rocas abruptas y elevadas, de estratificacion caliza, que las ondas golpean con violencia, se ve casi reinar la soledad, porque los puertos son rarísimos y la poblacion escasa. Pero del lado S. O. el aspecto de la ribera y las colinas y montañas circunvecinas es pintoresco y animado. Por allí gira el ferrocarril de Neuchâtel, cuya construccion ha exigido en muchos trechos costosos trabajos de mina en las rocas, ó nivelaciones entre las ondas del lago. Desde sus playas cascajosas el terreno se levanta en planos inclinados y muy ondulosos, enteramente cubiertos de viñedos; pequeñas y graciosas poblaciones lo salpican[17] situadas sobre la ribera, y luego, elevándose en una sucesion de colinas mas ó ménos empinadas y rocallosas, va á confundirse con las montañas del Jura, cuyos mas bajos estribos y contrafuertes bajan hasta el lago mismo arrojando por sus hondas ramblas algunos arroyos. Esas montañas tienen un aspecto infinitamente ménos majestuoso que las alpinas, siendo mas bien risueñas por sus menudas formas y vegetacion variada.
[17] La mas notable es la villa de Grandson, perteneciente á Vaud, que tiene 1,500 habitantes.
El lago de Neuchâtel (en aleman Neuenburger-See) da riberas á cuatro cantones circunvecinos: Vaud, Neuchâtel, Berna y Friburgo; mide 27 kilómetros de longitud de sur á norte, por 6 de anchura, y contiene de área 242 kilómetros cuadrados. Su profundidad es considerable, pero no excede de 150 metros; y es muy notable por sus frecuentes y violentas borrascas, bastante peligrosas para la navegacion porque son casi siempre repentinas y los puertos carecen de abrigo.
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Antes de hablar de la ciudad de Neuchâtel, una de las mas graciosas de Suiza (aunque casi todas demoran á orillas de lagos ó de rios, en situacion muy pintoresca), resumiré las mas importantes nociones relativas al Canton ó Estado. El territorio neuchâtelés se extiende en su region baja sobre las dos terceras partes de la ribera occidental del lago, y siguiendo la orilla izquierda del rio Thiele, que es el desaguadero de aquel, abarca una pequeña porcion de la ribera tambien occidental del vecino lago de Biena (Bienne), que es en cierto modo la reproduccion reducida del de Neuchâtel. De resto, el Canton se extiende sobre las tres cadenas paralelas del Jura, y aunque contiene algunos estrechos valles intermedios es esencialmente montañoso. Parte límites al O. con Francia, al S. con el canton de Vaud, al N. con el de Berna, y al E. tiene el lago de por medio respecto del canton de Friburgo. Su mayor longitud es de 43 kilómetros, su mayor latitud de 20, y contiene en su área 7,678 kilómetros cuadrados. La poblacion del Canton alcanzó en 1860 á 87,847 habitantes, incluyendo unos 15,000 suizos de otros cantones y mas de 3,000 extranjeros, la mayor parte franceses. La igualdad de lengua y religion (francesa y reformada) hace que Neuchâtel, Vaud y Ginebra formen un grupo de pueblos completamente análogos. En todos tres domina plenamente en las instituciones el radicalismo democrático, la industria es homogénea en tres de los ramos principales (fabricacion de relojes, produccion vinícola y corte de maderas), y las costumbres y el carácter y espíritu de los habitantes los hacen muy análogos. En realidad se pudiera definir á los Ginebrinos, Vaudenses y Neuchâteleses, llamándolos: Franceses serios. Si la religion reformada les ha inspirado el espíritu de independencia personal y creencia razonada y profunda, la república democrática los ha fortalecido en el amor á la libertad y el horror por el tutelaje oficial.