Si en el primer momento no puede uno ménos que hacerse la reflexion que he apuntado sobre la inquietud del espíritu del hombre, al salir de la ermita y aspirar de nuevo el aire embalsamado del bosque y las praderas, sabiendo ya que la obra se debe al trabajo paciente y prodigioso de un solitario, infatigable en cavar durante veinte años, tambien se dice uno con orgullo y consuelo: Si el genio humano y el trabajo pueden producir una obra tan notable en lo inútil, qué no han de producir cuando los inspira una idea fecunda y una gran necesidad de creacion!

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CAPITULO IX.

EL CANTON DE BERNA.

De Friburgo á Berna.—Los artistas y artesanos viajeros.—Topografía del Cantón.—Historia de la república bernesa;—su poblacion é instituciones.—Producciones, industria y objetos mas notables.—La ciudad de Berna;—sus institutos y curiosidades.

El trayecto que media entre Friburgo y Berna, que se hace en ménos de cuatro horas, no ofrece bajo el punto de vista social nada que interese la curiosidad del viajero. Desde que se deja la primera de esas ciudades desaparece toda huella de la raza que puebla los cantones meridionales antes recorridos. La raza germánica, aunque no muy pura, impera sola y se manifiesta donde quiera: en las costumbres, las instituciones, la vida social y política, la estructura de las localidades y cuanto puede ser característico.

Lo que seduce al viajero en el tránsito de Friburgo á Berna es el encanto del panorama que le rodea, de una variedad deliciosa. Es tal la belleza de las campiñas, y su aspecto indica de tal modo el modesto bienestar de las poblaciones y el genio campestre ó agrícola que las domina, que el ojo no se cansa de admirar los sitios pintorescos y las ondas caprichosas de aquel mar de verdura extendido sobre enjambres de colinas, vallecitos profundos, planicies en miniatura y faldas de contornos risueños, dividiéndose en suaves planos inclinados que descienden en todas direcciones. En toda esa sucesion, de planicies, valles y colinas ó pequeñas montañas, cuyo conjunto parece formar un inmenso jardin ó parque inglés, alternan en la mas graciosa armonía limpios arroyos saltadores, perdiéndose en medio de rocas hundidas entre abismos de verdura; espesos bosques de abetos, hayas y encinas, á veces de tan admirable regularidad natural, que parecen como decoraciones de ópera en un teatro sin límites; lustrosas praderitas sobre cuyas alfombras hacen contraste en algunos puntos los terraplenes y puentes de un ferrocarril; alegres cortijos que se muestran á la vera del camino, casi invadidos por las bóvedas umbrías de los bosques de abetos; en fin, numerosas casas rústicas trepadas sobre las lomas, en medio de hortalizas, árboles frutales, plantaciones de cereales y rebaños de ganados diversos, redondos y lustrosos como las lindas lomas en que pacen. Todo eso tiene un encanto indefinible, un aspecto de dulce tranquilidad, de candor y bienestar que seduce ó halaga como una égloga viviente.

Si las ondulaciones del terreno producen una constante sucesion de subidas y bajadas, que le van procurando al viajero mil sorpresas agradables, las vueltas del camino contribuyen tambien á los cambios instantáneos de paisaje y horizonte. Unas veces la diligencia rueda suavemente por entre tupidos bosques, basílicas perfumadas de verde y blando tapiz y elegantísima techumbre, donde la mirada se siente como aprisionada entre artesonados de verdura aérea coronando interminables columnatas de color gris ó rojizo, como parecen los mástiles de los abetos y pinos; otras se desciende al fondo de un estrecho vallecito lleno de aromas y rumores salvajes, ó salpicado de chalets y sementeras, ó colmenas de abejas domesticadas, que le dan el aspecto de un huerto caprichoso y variado; otras, en fin, al trepar á una eminencia, sobre alguna de las mas altas montañas, ó al pasar por delante de una abra de los grupos ó cordones que las forman, se registra un vasto horizonte que abarca toda la Suiza central, y se ve á lo léjos, al S.S.-E., el grandioso anfiteatro de montañas graníticas y nevadas de los Alpes berneses.

En una de esas eminencias de la via, miéntras que la diligencia hacia un relevo, vímos pasar algunos jóvenes, modestamente ataviados, que viajaban á pié, cada cual con su maleta sobre la espalda y su baston en la mano. Creímos en el primer momento que aquellos viajeros de infantería serían meros amateurs de excursiones á pié, como hay tantos en Suiza, donde las bellezas del país y las facilidades de comunicacion convidan á esa clase de peregrinaciones, indispensables para el naturalista y las mas fructuosas y económicas para los estudiantes y turistas pobres y curiosos. Pero uno de los suizos que nos acompañaban en la diligencia nos dijo que los jóvenes viajeros pedestres no eran sino artistas ó artesanos peregrinos, que viajaban grátis conforme á una institucion particular que solo existe en Suiza y aun en algunos Estados alemanes.

La institucion es curiosa en efecto, porque manifiesta no solo la organizacion que tiene la industria en la mayor parte de los cantones suizos (todavía sometida en ciertos ramos al sistema de compañías ó gremios privilegiados), sino tambien el espíritu de fraternidad que predomina en las poblaciones confederadas. Cuando algun jóven ha obtenido su diploma que lo reconoce como miembro de alguno de los gremios de artistas ó artesanos, si no encuentra colocacion ventajosa en la ciudad de su domicilio, ó si quiere procurarse una mejor en otra parte, se echa á viajar á pié de ciudad en ciudad, y su diploma le da el derecho de obtener gratúitamente la hospitalidad y los auxilios necesarios en los lugares del tránsito, en las casas campestres de la via y en la ciudad misma donde se detiene á ejercer su industria, arte ú oficio, miéntras carece de colocacion. La explicacion que nos dieron de tan bella institucion (que según creo es obra de las costumbres tradicionales y no de las leyes) nos causó vivo placer, haciéndonos hasta cierto punto excusar el vicioso régimen de los gremios, en gracia de ese noble espíritu de fraternidad y hospitalidad.