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El canton ó Estado de Berna es bajo todos aspectos el mas importante y respetable de la Confederacion, no obstante que ocupa el octavo lugar en el órden ó rango histórico de los cantones, por la fecha de su ingreso á la confederacion primitiva. Su territorio, el mas extenso de la Suiza entera, es relativamente enorme, y su topografía sumamente variada y de muy bello aspecto. Divide casi toda la Confederacion en dos partes, la una al S.-O., casi totalmente compuesta de poblaciones de lengua, costumbres y tradiciones francesas, y la otra al N.-E., completamente germánica por sus elementos históricos y sociales. Al N. el territorio bernés parte límites en una extensa línea con Francia, penetrando por una punta al Franco-condado, en direccion al alto Saona, en medio de los departamentos franceses de Doubs y el Alto Rin. Del lado opuesto, hácia el S. y S-E., ese territorio arranca en la extensa línea de colosales nevados de los Alpes que separan las hoyas del Ródano, el Aar y el Reuss, y de este modo parte límites con los cantones de Vaud, Valles y Urí. Al E. y N. se extienden sobre las fronteras de Berna los cantones de Urí, Unterwalden, Lucerna, Argovia, Solera y Basilea, describiendo con sus contornos una línea sumamente irregular y angulosa; miéntras que al S., S.-O., O., N.-O, y N. toca sucesivamente con los cantones de Vaud, Friburgo y Neuchâtel y el territorio frances. El canton de Berna mide dentro de las fronteras unos 150 kilómetros de longitud, de S. á N., por cerca de 50 de anchura média, conteniendo 9,545 kilómetros cuadrados de superficie.

Extendiéndose desde las mas colosales alturas de los nevados de los Alpes suizos hasta las faldas occidentales de las montañas del Jura, el canton de Berna contiene en sí solo todos los elementos y todas las variedades de la geología, la topografía, la hidrografía, la flora y la fauna de Suiza,—sea en la admirable region de intrincados laberintos graníticos de los Alpes, sea en las bellas y benignas comarcas del centro (de planicies ondulosas, fértiles y pobladas), y las montañas calizas y de mas benigno clima que las alpinas, que componen la cadena del Jura. La parte meridional ó alpina se llama Oberland, miéntras que la setentrional ó jurásica tiene el nombre general de Leberberg.

Si la variedad topográfica favorece tanto en Berna la variedad de climas y producciones, la de su hidrografía le da no solo las condiciones mas grandiosas y pintorescas sino tambien considerables ventajas de navegacion. Así, por una parte cuenta con las aguas del Aar propiamente dicho y de varios afluentes importantes, como el Sarina, el Thiela, el Emmen y el Simmen, navegables en mucha parte por balsas y pequeños botes y canoas; y por otra se sirve de los bellos lagos navegables de Brienz y Thun, enteramente encerrados en el territorio bernés, y de los de Neuchâtel y Biena, en cuyas riberas tienen participacion otros cantones.

La agricultura propiamente dicha, la ganadería y el corte de maderas son los elementos principales de riqueza y prosperidad y de vida social en el canton de Berna. En las regiones montañosas el territorio está cubierto de inmensos bosques de abetos, hayas, pinos y otros árboles de construccion, que se explotan en vasta escala, aprovechando todas las corrientes considerables para hacer bajar hasta el Rin central las maderas del interior; pero esas florestas de inagotable fecundidad están donde quiera entrecortadas, á alturas mas ó ménos considerables, por extensas praderas naturales, donde pacen numerosísimos rebaños, principalmente vacunos, que son la base de una valiosa exportacion de ganados de raza muy afamada en Europa, y de quesos superiores cuyo valor monta á muchos millones. En las regiones bajas ó centrales la agricultura bernesa, muy esmerada pero insuficiente para el consumo interior, se divide en tres órdenes principales, perfectamente determinados por la naturaleza: en el fondo de los valles lacustres y fluviales de temperatura suave, medran y prosperan las viñas sobre las riberas; en las planicies y colinas demoran donde quiera enjambres de cortijos, que reunen el cultivo de todos los cereales, las plantas filamentosas de Europa, las legumbres, los árboles frutales, la cria de abejas, etc.; en fin, en las bajas montañas que surcan esas mismas planicies se explotan igualmente los bosques de abetos, encinas, hayas, etc., y se ven no pocos rebaños de ganado mayor y menor y hermosas yeguadas muy estimadas en Europa.

El Canton de Berna no es únicamente agrícola. Su comercio es considerable. Explota minas de fierro, plomo y cobre, algunas de hulla (en la region del Jura) y numerosas canteras de mármoles y piedras diversas. En cuanto á la fabricacion, consiste principalmente en tejidos de lino y algodon, sederías, cueros curtidos y labrados, destilacion de licores, artículos de fierro y cobre, relojería (en los distritos del Jura fronterizos del canton de Neuchâtel), sombreros finos de paja y preciosas esculturas en madera (juguetes, curiosidades, etc.) que constituyen la industria de los pastores artistas del Oberland. Es curioso observar á este propósito que las manos mas toscas al parecer, por ser las mas rústicas, son precisamente las que en Berna y otros cantones suizos fabrican los objetos artísticos mas delicados. Así, los rudos y candorosos pastores que han pasado el verano y principio del otoño sobre montañas encumbradas, fabricando quesos y guiando sus rebaños por en medio de precipicios y bosques salvajes, al aproximarse el invierno (hácia el mes de octubre) descienden de sus praderas y bosques á convertirse en artistas. Con sus manos callosas y rudas fabrican entónces, al derredor del hogar, unos, en Berna y otros cantones análogos, una infinidad de objetos primorosos de madera, cuerno, marfil, hueso, etc., que el viajero admira y solicita, por la gracia de su composicion, la originalidad de las formas, la delicadeza de ejecucion, la exactitud perfecta de imitacion de los animales, montañas, habitaciones, etc., etc.; y otros, en los cantones de San-Gall y Appenzell, ejecutan labores de otro género, produciendo esos admirables encajes, bordados y tejidos de mano que todas las mujeres de gusto solicitan en Europa como verdaderas obras de arte y de lujo.

¿Quién les enseña esa habilidad artística á los toscos y sencillos pastores de las montañas suizas? Nadie, al ménos en lo mas esencial. ¿De dónde les viene su inspiracion caprichosa y admirablemente fiel? La naturaleza y el hábito lo hacen todo. La constante contemplacion de los nevados, los abismos, las cascadas, los torrentes, los bosques solitarios y salvajes, los ganados de cria, los cuadrúpedos y pájaros silvestres, los sublimes ó risueños paisajes que rodean los chalets, y todas las obras de esa incomparable y fecundísima artista que llamanos Naturaleza;—esa contemplacion, digo, y el espectáculo del cielo, y las armonías de mil rumores preñados de misterio y poesía, no pueden ménos que inspirar al pastor de los Alpes, del Jura y otras montañas, ese genio artístico que le permite fabricar objetos cuya gracia y finura maravillan al viajero.

El canton de Berna, á pesar de ser tan montañoso, se distingue por sus numerosas y excelentes vias de comunicacion. No solo tiene buenas carreteras en todas direcciones, y en las montañas muy quebradas buenos caminos de herradura, sino que ademas de la navegacion á vapor en los lagos y el Aar, ha establecido ferrocarriles que mantienen comunicaciones fáciles y baratas respecto de Francia y casi todos los cantones limítrofes.

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La historia del Canton de Berna se confunde en sus rasgos mas notables con la de toda la Confederacion, en cuya balanza ha tenido siempre un peso muy considerable la política bernesa. En lo demas tiene analogía muy estrecha con la historia de Friburgo. El orígen de la república de Berna, como de casi todos los cantones, fué bien humilde. Hasta fines del siglo XII el país que hoy pertenece al Estado era un enjambre de dominios ó señoríos feudales, cuyos nobles propietarios vivian como bandidos, cometiendo depredaciones de todo género bajo la autoridad superior de las emperadores francos. El propósito de poner á las poblaciones á cubierto de esas violencias animó al duque Bertoldo V de Zahringen al fundar una pequeña ciudad fortificada, de constitucion libre, al derredor del castillo de Nydeck, sobre la bella península que determina en la planicie ondulosa el curso tortuoso del Aar. El duque, en una de sus cacerías, habia muerto un oso en aquel sitio, y en recuerdo del incidente le dió á la nueva ciudad el nombre de Bern, derivado de Boer que en aleman significa oso.