En su principio Berna estuvo reducida á la ciudad libre y un territorio muy pequeño en derredor, formando una colonia aislada y expuesta a muchos ataques; pero sus instituciones libres y su excelente posicion atrajeron inmigrantes numerosos; la ciudad se ligó con otros pueblos vecinos por medio de alianzas y pactos de fusion, y gracias á esto y á varias conquistas sucesivas, mas ó ménos audaces, al cabo de tres siglos (á partir de 1,191, época de la fundacion) el país vino á ser una República aristocrático-patricia muy poderosa, que hizo respetar su independencia y extendió su dominacion hasta los cantones de Vaud, Argovia y otros. Berna adquirió en esos tiempos gran reputacion militar, primero sola ó aliada á Friburgo y otros países, despues confederada con los cantones de la liga fundamental; y sostuvo constantemente luchas muy violentas y gloriosas para los Berneses, ya contra los emperadores de Alemania y los duques de Austria, ya contra las coaliciones de otros príncipes y señores feudales, algunas formidables.

Si en su orígen Berna fué una ciudad de gobierno comunal ó democrático, su engrandecimiento modificó tan notablemente su política, que el poder se halló al cabo concentrado en manos de unas pocas familias de patricios; en tanto que los paisanos se hallaban respecto de los nobles propietarios en una situacion análoga á la de los siervos de Rusia, Austria, Alemania, etc. La revolucion francesa y la invasion de 1798 cambiaron ese estado de cosas. Berna perdió conquistas muy importantes, por la independencia de Vaud, Argovia y otros países; las instituciones democráticas triunfaron en la Constitucion y las leyes; los paisanos quedaron emancipados, y la nobleza perdió sus títulos y privilegios.

Sinembargo, la reaccion recuperó el poder en 1814, apoyada por la coalicion europea; la Confederacion se reorganizó conforme á bases conservadoras, y la aristocracia bernesa, ya que no logró restaurar todo lo que habia perdido en cuanto á posesiones, volvió al poder y al goce de privilegios políticos muy importantes. Pero la segunda revolucion francesa hizo sentir tambien su contragolpe en Suiza. El pueblo se levantó y triunfó, y el 31 de Julio de 1831 quedó aceptada una constitucion que consagró el reinado de la democracia. Se reconoció la soberanía popular, el sistema representativo, la igualdad de todos los ciudadanos y la libertad de la prensa, los cultos, la industria, la peticion y asociacion, el tránsito, etc., y la garantía de la seguridad individual. Desde entónces el canton de Berna entró resueltamente en la via de la libertad y del progreso, y el triunfo del radicalismo sobre el Sonderbund completó para los Berneses la regeneracion política. Su Constitucion actual, que data de 1846, es mucho mas liberal que la de 1831, y tiene grandes analogías con las de los otros cantones radicales de cuyas instituciones he tratado anteriormente.

La inmensa mayoría de la poblacion de Berna se compone de protestantes reformados pertenecientes á la raza germánica. Así, en 1850 habia en el canton 458,301 habitantes, de los cuales 403,768 eran reformados, 54,045 católico-romanos y 488 judíos. En 1860 la poblacion se ha elevado al número total de 468,515. Un aumento tan pequeño en 10 años (10,214 individuos) en un Estado tan libre y próspero como el de Berna, no es explicable sino por la corriente constante de la emigracion, que busca en el Nuevo Mundo tierras ménos ingratas y de mas amplio porvenir que las de Suiza. En cuanto á la proporcion de las razas en el canton de Berna, la germánica absorbe las nueve décimas partes de la poblacion, poco mas ó ménos, hallándose concentradas en la region del Jura todas las poblaciones que corresponden al grupo frances ó franco-helvético. Se hablan, pues, las dos lenguas en el país, aunque en proporcion enormemente desigual, y el aleman es el idioma oficial, si bien es cierto que las gentes de buena educacion hablan indiferentemente aleman y frances, como lo exige la promiscuidad de esos idiomas en la literatura, la legislacion, el periodismo y las costumbres de la Confederacion. Sinembargo, no puede decirse en rigor que lo que hablan los Berneses en su gran mayoría es aleman, sino mas bien un dialecto de la opulenta y complicada lengua alemana, mucho mas análogo al que se habla en las comarcas del Danubio que al aleman castizo de las bajas regiones de Hanóver, Brémen y Berlin.

El canton de Berna ofrece, en mayor escala que ninguno otro de la Confederacion, la prueba evidente de lo que constituye el secreto de la prosperidad de las sociedades modernas: instruccion pública y vias de comunicacion. Por lo que hace á la primera, sus progresos son admirables, y el canton de Berna, como el de Ginebra, puede figurar en el mundo como un Estado modelo, digno rival de Prusia ó del Estado americano de Nueva-York. En efecto, los Berneses han comprendido la lógica de los deberes sociales, reconociendo que, si el interes de la instruccion primaria es altamente político y social, desde el momento en que la sociedad interviene en la materia, concediendo la enseñanza popular gratúita, es inevitable hacer obligatoria la instruccion, como lo son el servicio militar de todos los ciudadanos, el pago de las contribuciones, etc. La asistencia á las escuelas populares en cierta edad es, pues, obligatoria en el canton de Berna. Ya desde 1830 la comunion protestante por sí sola tenia en servicio 700 escuelas (hoy hay cerca de 800) en las cuales recibian instruccion anualmente 70,000 alumnos. En la actualidad, computadas las escuelas de las diversas comuniones religiosas, no hay en el Canton ménos de 900, con un total de alumnos que excede en mucho de la quinta parte de la poblacion de la República bernesa.

Si á estos hechos y á la existencia de tan numerosas y excelentes vias de comunicacion de todo género, se agrega que el Canton posee una bella universidad y multitud de colegios y escuelas superiores, unas literarias, otras profesionales, politécnicas ó normales, y si se tiene en cuenta el gran número de hospicios, hospitales y otros diversos establecimientos de beneficencia, que prestan los mas eficaces servicios, se vendrá en conocimiento de que la prosperidad y el grado tan notable de civilizacion que ha alcanzado el canton de Berna se debe á la feliz combinacion de las instituciones libres, la propagacion de la instruccion, las vias de comunicacion activa, la beneficencia y los institutos de economía ó prevision, que mantienen la moralidad en las costumbres, elevan la dignidad y la conciencia del pueblo, hacen efectiva la igualdad, en lo posible, socorren al desvalido y favorecen el desarrollo de la industria, el comercio y todos los elementos de riqueza y bienestar.

El sistema fiscal del canton de Berna es muy análogo al de Friburgo, y llama la atencion tambien por la curiosa institucion del aseguro forzoso de las casas, á cargo y en provecho del Estado. En 1836 las rentas alcanzaban á la suma de 3,912,390 francos (782,478 pesos) y los gastos anuales eran algo menores. Hoy las rentas y los gastos exceden ordinariamente de 900,000 pesos, suma bien reducida si se la compara con los beneficios ó ventajas de una excelente administracion que favorece todos los intereses.

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La capital del Canton y de la Confederacion es, sin disputa, la mas bella ciudad de Suiza, no obstante que carece de las ventajas de perspectiva pintoresca y poética que los lagos procuran á otras ciudades muy graciosas, tales como Ginebra, Losana, Neuchâtel, Lucerna, Zuric, etc. La posicion elevada de Berna, tan análoga á la de Friburgo, le ofrece al mismo tiempo los mas elegantes contornos en su estructura, y en derredor un panorama inmenso, variado y hermosísimo. Del lado N.-O. la planicie se extiende y ensancha indefinidamente en una vasta sucesion de campiñas alegres y esmeradamente cultivadas. Es de ese lado que se hallaban las fortificaciones de la ciudad hoy demolidas, donde se encuentra la estacion de los ferrocarriles que giran hácia Friburgo, Solera, Lucerna, Zuric y Thun, y á donde afluyen las carreteras principales. Por allí abundan los bellos jardines, las hermosas y elegantes quintas, los parques y verjeles.

Despues, el asiento de Berna se avanza rodeado por el Aar en forma de península, de manera que de cualquier punto de los bordes de la ciudad se ve en el fondo el precioso vallecito donde se atropellan en un lecho profundo las ondas azules del clarísimo rio, dominadas por muros de verdura. La altura de Berna sobre el nivel del Aar es de 76 metros, tomada en el Observatorio, miéntras que la del fondo del estrecho vallecito es de 507 metros sobre el nivel del mar. Si se tiende la vista en derredor, desde lo alto de la Catedral ó del Observatorio, no solo se registra la encantadora region de las planicies, que se extiende en todas direcciones, sino tambien, y esto es mas interesante por su majestad y hermosura, la cadena de nevados soberbios del Oberland, desde las alturas meridionales de Stockhorn (2.356 met.) hasta las orientales de Wetterhorn (3,718 met.), pasando por un cordon de colosos resplandecientes, tales como el Jungfrau, que mide 4,175 metros de elevacion, y el Finsteraarhorn todavía mas elevado. Ese espectáculo, contemplado así de léjos y de frente, es de una grandiosidad que embelesa y llena el alma de admiracion y recogimiento, y que, por el contraste que hace con las planicies de la hoya del Aar, completa uno de los mas sublimes panoramas que la Europa continental puede ofrecer. Sinembargo, hay algo superior á esas magnificencias, como pocos dias despues tuvimos ocasion de admirarlo desde la cima del monte Righi.