Si la topografía y la comunidad de intereses, de esfuerzos patrióticos, lengua, religion, raza y tradiciones, han creado una íntima confraternidad entre los cuatro ó mas bien cinco cantones mencionados, la conformacion de su admirable lago indica, con no ménos evidencia que la orografía, que aquellos pueblos nacieron destinados á la comunidad social.
En efecto, si se observa la extraña configuracion del conjunto del lago, la direccion opuesta de sus golfos y la de los cinco rios ó riachuelos principales que vierten sus aguas en la cuenca granítica comun, se reconoce fácilmente que en un tiempo muy lejano del actual no existió sino una serie de cinco ó seis lagos, ligados entre sí por los rios que los determinaban y tendiendo todos á confundirse en la cuenca del de Lucerna. Así, teniendo su caudal y cauce principales en el Reuss, el lago total (que debió formarse por la ruptura de diques naturales y el ensanche mas ó ménos lento de los cauces afluentes) recibe: al E., las aguas del Muotta, riachuelo central del canton de Schwyz; al O., sucesivamente el Isenthal, el Aa inferior ó del medio canton de Nidwalden, y el Aa superior, que, como he dicho, recoge las aguas del medio canton de Obwalden.
El lago en su totalidad tiene la forma irregular de una especie de cruz latina con el asta quebrada hácia abajo, pero tendida en sentido inverso. El pié quebrado es la pequeña cuenca correspondiente al valle de Altorf, llamada particularmente lago de Urí, y alimentada solo por las aguas del Reuss y el Isenthal. La parte central del cuerpo de la cruz es determinada por otra cuenca de muy distinta direccion, casi cerrada por dos estrechos, que tiene el nombre particular de lago de Buochs, y recibe en su extremo superior las aguas del Muotta, y hácia el N.-O. las del Aa inferior. Mas abajo se abre otra cuenca que, siendo uno de los rayos de una magnífica estrella de cuatro golfos, es al mismo tiempo el principio del cuerpo ó tronco de la gran cruz. Allí las aguas se dividen en cuatro receptáculos de formas bastante análogas: el de la derecha gira por el pié de la magnífica montaña de Rigi ó Righi, teniendo en su vértice á Küssnach; el de la izquierda, que es el otro brazo de la cruz, se dirige hácia el pié de la mole colosal del Pilatos, y se divide en dos golfos pequeños, uno de los cuales es el lago de Alpnach; en fin, el que determina la cabeza de la cruz toma su direccion hácia Lucerna, con el nombre particular de lago de Lucerna, se abre paso por en medio de bellísimas, colinas, dividiendo en dos partes la ciudad; y restablece el cauce del rio Reuss.
Esta imperfecta y pálida descripcion dará alguna idea del singular capricho ó la multiplicidad de formas del lago de los Cuatro-Cantones, el mas interesante de todos los de Suiza por su aspecto y la composicion geológica de las cuencas encadenadas que lo forman, y el mas poético tambien, á causa de los espectáculos que ofrece y de los recuerdos que hace evocar relativamente á la historia de la Confederacion, Considerado en su totalidad, el lago tiene una elevacion de 438 a 450 metros sobre el nivel del mar, y mide en su máximum 38,530 metros de longitud, 15,100 de anchura, y 360 de profundidad. La varia direccion de los valles ó las abras que se inclinan hácia la cuenca del lago determina las mas diversas y aun opuestas corrientes de vientos, lo que unido á la composicion abrupta y rocallosa de todo el lecho, produce las mas violentas borrascas, que se repiten con frecuencia y a veces súbitamente.
Lucerna es, sin duda, por su situacion y las campiñas primorosas que la rodean, una de las mas graciosas ciudades de Suiza, ó por lo ménos de las que demoran sobre márgenes lacustres. Asi, su conjunto ó aspecto general, sea que se le mire desde el lago, sea que se le contemple desde alguna eminencia, es admirablemente poético y risueño. Sinembargo, en su interior, aparte de algunos curiosos pormenores, Lucerna no corresponde á sus apariencias ni á la idea que su reputacion le hace concebir de antemano al viajero. La fachada no coincide en nada con é interior de la ciudad. Cuando llegábamos á bordo del vapor que nos condujo desde Alpenach eran las once de la mañana, y bajo un cielo lleno de esplendor brillaban bajo el rayo casi perpendicular del sol el lago y el rio, sus muelles y puentes, los grandes y bellos edificios modernos que dominan un ancho malecon en escuadra, los campanarios de la catedral y otras iglesias, y las numerosas torres feudales y bastiones de las murallas almenadas que rodean la ciudad. Ese conjunto era realmente seductor, y sus bellezas se completaban con la magnificencia del paisaje circunvecino, hacinamiento de lindas colinas ondulosas, cubiertas de huertos y jardines y salpicadas de quintas y casas campestres en pintoresca dispersion.
Pero al penetrar al interior de la ciudad, apénas detras de la primera fila de edificios que dominan el lago, todo cambió de aspecto. Allí encontramos donde quiera desaseo en las calles, vestidos tristes, descuidados y sin ningún carácter, calles tortuosas, feas y desapacibles, y casas de aspecto muy poco simpático. Por fortuna, si la mugre y la basura aumentan la tristeza de esas calles, el movimiento industrial y comercial les da alguna animacion de otro género. El viajero se detiene con curiosidad á observar las fuentes públicas de formas tradicionales y características (acaso las mas originales de cuantas se ven en Suiza), y los puentes echados sobre el Reuss para unir las dos partes de la ciudad, casi todos de madera, cubiertos, y adornados con las mas curiosos retablos. Cada país se manifesta en sus monumentos: Suiza, el país de las puras y abundantes aguas, ha prodigado en todas sus ciudades esas fuentes conmemorativas de las tradiciones nacionales, cuyas formas son tan características.
Lucerna no es notable por ninguna especialidad artística, industrial ó literaria, ni por sus monumentos ó edificios públicos. Sus singulares puentes de madera, tan característicos de Suiza, como las fuentes públicas de piedra coronadas por figuras de guerreros ó animales, por curiosos que sean no merecen en rigor el nombre de monumentos. El mas hermoso edificio de la ciudad, situado en la parte S.-O., á la izquierda del rio, es el antiguo colegio de los Jesuitas (hoy convertido en Liceo cantonal), y esa superioridad es una prueba mas de que en todas partes la Compañía de Jesus ha logrado el mejor lote. De los cuatro puentes de Lucerna los mas notables son: el de Hof, que mide 360 metros de longitud y atraviesa el vértice del lago, ofrece un admirable punto de vista sobre las montañas, y está adornado en su interior con 238 malos cuadros pintados al óleo que representan pasajes bíblicos; y el de Kapell, que domina el punto en que el lago se convierte en rio, mide 324 metros y contiene 154 cuadros de muy antigua fecha que representan sucesos de la historia de Suiza y la vida y milagros de los dos santos patronos de la ciudad, Por curiosos que sean esos puentes vetustos es de aplaudirse la resolucion de la ciudad de demolerlos para establecer malecones y muelles á lo largo de las márgenes del rio, y reemplazarlos con mas sólidas y elegantes construcciones.
De todas las curiosidades de Lucerna la que mas llama la atencion de los viajeros paseantes es el monumento consagrado, fuera de la ciudad, a la memoria de los soldados suizos que murieron al servicio de Luis XVI en la famosa jornada del 10 de agosto de 1792, peleando contra el pueblo de Paris. Consiste el monumento de un enorme león alegórico (de 9 metros de longitud y 6 en altura) esculpido en el fondo de una especie de gruta cavada en un gran peñasco. Una cascadita que salta por encima del león, cayendo en un estanque, una capilla cercana, una casita elegante dentro de la cual se hallan de venta mil curiosidades, y los pabellones de verdura que rodean el monumento, completan el gracioso cuadro. Allí encontramos a un guardián vestido con el uniforme de los suizos de Luis XVI, asegurando con mucho aplomo á tres señoras inglesas que él se habia batido como un león en la consabida jornada del 10 de agosto, escapando por milagro. Aunque el ilustre combatiente no manifestaba tener mas de sesenta años, ni se mostraba muy erudito en punto á geografía francesa, eso no impedia que un grave ciudadano de «la pérfida Albion» estuviese recogiendo con avidez las reminiscencias del suizo y anotándolas cuidadosamente en una cartera de viaje, como novedades de primer orden.
Si la credulidad candorosa del insular nos hizo sonreír, confieso que no pude comprender el orgullo con que los ciudadanos de Lucerna conservan ese extraño monumento, que á mis ojos no era sino un padrón de infamia, ó por lo menos una tristísima reminiscencia. En vez de consagrar monumentos á la memoria de la degradacion del noble y libre pueblo suizo, los ciudadanos de la Confederacion deberían hacer todo lo posible por condenar al olvido ese mercenarismo extravagante que desde hace tantos siglos ha hecho de la Suiza un semillero de soldados de las mas odiosas tiranías y de los mas corrompidos y corruptores gobiernos. Si en los últimos diez años se ha visto á los mercenarios suizos saqueando a Peruza, como soldados del Papa, y defendiendo con atrocidades la causa de los Borbones de Nápoles, debe recordarse tambien, en honor del radicalismo helvético, que las asambleas y el gobierno de la Confederacion han adoptado en esta época medidas enérgicas para poner término al mercenarismo. Gracias al incomparable Garibaldi y á Gialdini y otros generales italianos, los soldados suizos han desaparecido ya de la Italia meridional; y entre los grandes resultados de la revolucion italiana no será uno de los ménos apreciables la sustitucion del voluntario heróico y desinteresado (instrumento de emancipacion y símbolo de la fraternidad de los pueblos) en lugar del mercenario de otra época, instrumento de opresion y símbolo de la degradacion humana.
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