Lucerna, ciudad esencialmente católica, tiene unos 11,500 habitantes, de los cuales en 1857 solo 317 eran protestantes. Gracias á la navegacion por vapor del lago, en relacion con la via que conduce á Italia por el San-Gotardo, y al reciente ferrocarril que la ha puesto en rápida comunicacion con Berna y los ferrocarriles del occidente y norte de Suiza, Lucerna comienza á tener notable importancia comercial, aunque acaso la perderá en parte cuando Italia y Suiza tengan comunicaciones directas y prontas. La industria de Lucerna se reduce á algunos tejidos de algodon, lino y cáñamo y de objetos de bonetería, y sus fábricas son muy subalternas. Produce tambien sombreros de paja y otros artículos de poca importancia. Por lo demas, Lucerna es fiel al pensamiento general (fruto de la emulacion que engendra el régimen de autonomía federal) que inspira á los Suizos tan cuidadoso interés por los establecimientos de instruccion y beneficencia. El aislamiento en que la naturaleza habia tenido á los pueblos suizos, ántes de las invenciones modernas de la industria en materia de comunicaciones, les habia hecho comprender que debían sacar toda su fuerza de ellos mismos. Por eso ha sido tan profundo y general en Suiza el sentimiento de fraternidad, que se manifiesta en los numerosos hospitales, hospicios y otros establecimientos análogos. En cuanto á los de enseñanza, la emulacion, por una parte, sostenida por la autonomía política y social de los cantones, y por otra el progreso de las ideas é instituciones democráticas despues de 1798, y de 1848 particularmente, han favorecido la multiplicacion de institutos destinados á propagar los conocimientos de todo género en la masa popular.

Haré notar aquí, á reserva de posteriores observaciones, ciertos contrastes curiosos que el viajero atento observa fácilmente en las ciudades de Suiza. En ningún país son tan oportunas las comparaciones como en Suiza, donde en un pequeño pero variadísimo territorio coexisten confederadas varias razas muy distintas, con religiones, prácticas, artes é instituciones muy diversas. Sin querer en manera alguna deducir reglas generales en favor ó en contra de ningúna religion, puedo afirmar que sin excepcion ninguna notable, he observado en todas las ciudades de Suiza un contraste evidente respecto del mercenarismo, el desaseo, la situacion de los establecimientos públicos y las costumbres é instruccion de las masas populares. Los cantones protestantes han suministrado un número insignificante á los déspotas, en calidad de mercenarios; la inmensa mayoría ó casi la totalidad de estos ha salido siempre de los cantones católicos. ¿Es que el protestantismo es favorable á la libertad y mantiene y estimula el sentimiento de la dignidad personal? Creo que sí, á juzgar por los hechos que he observado en muchos de los Estados europeos, correspondientes á distintas razas y religiones.

En cuanto al instinto ó el gusto por el aseo y la decencia, he visto en Suiza (y mas tarde haré notar lo mismo respecto de otros países) el contraste que ofrecen doce de las capitales de cantones que he visitado. En la serie de ciudades que visitamos desde Ginebra hasta Schaffhousen, pasando por Losana, Neuchâtel, Friburgo, Berna, Lucerna, Altorf, Zug y Zuric, y desde San-Gall hasta Basilea, hemos visto, no obstante la alternacion en que se hallan esas ciudades, por razón de sus creencias religiosas, esta diferencia: en Ginebra, Losana, Neuchâtel, Berna, Zuric, San-Gall, Basilea y Schaffhousen, ciudades protestantes, decencia, pulcritud y esmero en todas las cosas públicas; en Friburgo, Lucerna, Altorf y Zug, desaseo, incuria en las masas y las calles, ausencia ó escasez de gusto. El mismo contraste ofrecen las ciudades suizas en lo relativo a la instruccion popular, á la situacion de los establecimientos públicos y á las manifestaciones de actividad y progreso que se resumen en las costumbres, la industria y las instituciones, sean cuales fueren las razas sujetas á la observacion. En la region central de Suiza, dominando un territorio perfectamente homogéneo en su aspecto, sus producciones, etc., y favorecidas por una igual autonomía, he visto un cordón de ciudades, desde el lago Leman hasta el Rin, enlazadas en este orden: Ginebra, Losana, Neuchâtel, Friburgo, Berna, Lucerna, Zug, Zuric. De esas ciudades las tres primeras y la cuarta y octava son reformadas, y en ellas se encuentra: actividad industrial y comercial, culto por las artes, gran desarrollo de la instruccion, evidente liberalismo en las instituciones, pulcritud, esmero por las cosas públicas, costumbres apreciables y progresistas y solicitud en favor de la beneficencia, Al contrario, en las demas de las ciudades mencionadas, que son católicas y han mantenido numerosos institutos monásticos, todo concurre á manifestar una evidente inferioridad relativa, tendencias al quietismo, la incuria, la rutina y el desaseo. Puede ser que estos fenómenos tengan otra explicacion; pero hasta ahora creo que el materialismo de ciertas prácticas, el espíritu de obediencia pasiva y el ejemplo de holgazanería dado por las comunidades monásticas, explican en mucha parte las diferencias que se notan en el seno de razas que ocupan un territorio homogéneo.

La historia del canton de Lucerna, cuyo nombre, como es bien sabido, proviene del antiguo fanal (lucerna en italiano) que brillaba en una torre de la ciudad, construida en medio del Reuss y llamada Torre-del-agua (Wasserthurm),—esa historia, digo, es bien sencilla y se resume toda en la de la ciudad, como sucede con todos los cantones suizos. Un convento ó abadía fundado á fines del siglo VII, por un señor ó propietario feudal del país, fué el núcleo de la actual ciudad. Cedida en el siglo VIII por el rey franco Pepino el Breve a los abades de Murbach, uno de estos la vendió mas tarde, con otros distritos adyacentes, al emperador Rodolfo de Habsburg. En 1332 Lucerna, despues de sostener como vasalla varias luchas contra los tres cantones confederados que fueron el núcleo de la gran Confederacion, entró en alianza con ellos, luchó contra el Austria y aseguró su independencia. La dominacion de la ciudad de Lucerna sobre todo el canton fué absoluta y sus instituciones enteramente aristocráticas. La invasion francesa de 1798 modificó profundamente la situacion, pero la reaccion de 1815 restableció las antiguas instituciones. La causa democrática volvió á triunfar en 1831, para sufrir nuevos descalabros en 40 y 42, pero gracias á la revolucion radical de 48 que destruyó el Sonderbund, el Canton ha entrado en la via general trazada por el derecho público de la Confederacion.

Con todo, sus instituciones particulares están muy distantes aún de ser democráticas, aunque en apariencia la soberanía reside en el pueblo. El gobierno es ejercido por un Gran Consejo (cuerpo legislativo) de 100 diputados de larga duracion, de los cuales (por una extraña combinacion que no he hallado en ningún otro país) 80 son elegidos por los ciudadanos electores y 20 por los 80 diputados; y por un Pequeño-Consejo (Kleine-Rath) compuesto de 15 miembros encargados del Poder Ejecutivo, elegidos cada tres años por el Groose-Rath ó Gran Consejo. El Tribunal supremo se compone de 13 jueces elegidos por el mismo Consejo. El Canton está dividido en cinco circúitos ó Amts, que poseen consejos municipales y se subdividen en distritos comunales (Gemeinde) administrados por funcionarios únicos.

La poblacion del canton de Lucerna es exclusivamente alemana por la raza dominante y la lengua, y casi totalmente católica. En 1850 habia 132,843 habitantes, de los cuales solo 1,563 reformados. En 1860 la poblacion habia bajado á 130,965 individuos. La disminucion depende enteramente de la emigracion. El Canton mantiene el catolicismo romano como única religion del Estado. Cuenta en su suelo mas de 15,000 casas, tiene una área total de 1,540 kilómetros cuadrados, y mide en su mayor longitud 50 kilómetros y 41 en su mayor latitud. La mayor parte de su territorio se compone de fértiles y pintorescos valles surcados por afluentes del Aar, tales como el Reuss, el Marienthal, el Vigger, el Suren, el Winen, etc. Ademas de las aguas del lago de los Cuatro-Cantones, de que participa notablemente, y de unos tres ó cuatro laguitos microscópicos, encierra los de Sempach y Baldeg y una pequeña parte del de Halwyl, que son navegables. Los productos principales del Canton son agrícolas: granos, plantas filamentosas y crias de ganados; en su industria solo son notables algunos tejidos de algodon, lino y cáñamo y la fabricacion de cidra.

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La navegacion del lago de los Cuatro-Cantones, á bordo de uno de los numerosos vaporcitos que parten de Lucerna cada hora, en diversas direcciones, es una de las mas entretenidas. Desde que se atraviesa el centro de la estrella lacustre llamado Kreuztrichter, y se pasa por en medio de Woegis y Kirsiten, teniendo á la izquierda la costa del canton de Schwyz y á la derecha la del de Unterwalden, todo cambia de aspecto y adquiere el sello de la majestad y la hermosura agreste. Ya no se ven colinas ondulosas, alegres quintas ni verjeles, sino inmensas murallas de rocas formidables, perpendiculares, que parecen amenazar con desplomarse de repente y encajonan las ondas verdi-azules como en una taza profundísima de los mas extraños relieves y variadas tintas. Las pequeñas poblaciones aparecen al pié de las montañas ó trepadas sobre los peñascos, como formas de fantasía ó de capricho que se ciernen sobre los abismos.

Dos promontorios que se avanzan de los lados opuestos el uno hácia el otro, determinan un estrecho de poco mas de un kilómetro de anchura. El vapor penetra entónces en la hoya que llaman «lago de Buochs,» dejando atras la de Kreuztrichter, y la cuenca se desarrolla como un estanque inmenso, cerrando el horizonte por todos lados y llena de magnificencia. Al poniente descuellan en sus marcos rocallosos y de sombría vegetacion los distritos de Buochs y Beggenried; al este, Gersau, villa del canton de Schwyz cuya historia política es una de las curiosidades de Suiza. Donde quiera las montañas ofrecen los mas bellos contrastes, sea por sus formaciones geológicas, sea por su vegetacion. Verdes praderitas alternan con tupidos bosques de abetos corpulentos; ásperos derrumbes se nuestran al lado de rocas perpendiculares y estupendas que parecen de una sola pieza, y magníficas estratificaciones, mas ó ménos desnudas, unas horizontales y de capas delgadas, otras inclinadas en diversos sentidos y compuestas de poderosos bancos. Tal parece como si una legion de titanes hubiese edificado allí, para escalar el cielo, un enjambre de colosales fortificaciones de diversas formas, superponiendo las rocas como las capas de calicanto de una muralla, y que una tremenda conmocion del suelo hubiese luego desquiciado, destrozado y revuelto esas construcciones titánicas en mil moles discordantes y pavorosas. Donde quiera las ondas del lago se sacuden oprimidas por la cintura de montañas,—desnudas, ásperas y medrosas abajo, verdes en el centro, majestuosas en todas sus formas, y empinadas hasta dividirse en soberbios picos y cúpulas disformes, por encima de los cuales se ven reverberar los lejanos nevados de Unterwalden y Urí.

Gersau, como he dicho, es una curiosidad histórica. Allí descolló en otro tiempo la mas pequeña república democrática, independiente y soberana que haya existido jamas en el mundo. El paisaje que ofrece la humilde villa, asentada en su llanurita de aluvion y dominada por su linda iglesia, es tan risueño como raro en aquella cuenca de peñascos. Hoy cuenta unos 1,600 habitantes católicos. Sometida á diversas dominaciones hasta el siglo XIV, y luego hipotecada como una finca, se rescató en 1390, despues de haber hecho alianza con los tres cantones de la primitiva confederacion. Desde mediados del siglo XV, en plena posesion de todos sus derechos, Gersau fué una república soberana hasta el fin del siglo XVIII, «fuerte de unos 900 ciudadanos de todo sexo, edad y condicion, entre gobernantes y gobernados, ejército, marina» y demas adminículos de una nacion. Las guerras de la revolucion francesa y los sucesos posteriores trastornaron la pacífica nacionalidad de Gersau, y despues de sus esfuerzos infructuosos de 1814 y 1846 por recuperar su independencia, la microscópica república quedó anexada definitivamente al canton de Schwyz. Dejando la burla á un lado, confieso que nada me ha parecido tan sublime como la historia de ese pueblecito de pastores rústicos. Jamas en forma tan pequeña se vió representado principio tan grande y sagrado como el de la libertad y la soberanía de los pueblos.