LA HOYA DEL RIN.
Las comunicaciones en Suiza.—De Zuric á Schaffhousen.—La catarata del
Rin.—La ciudad y el canton de Schaffhousen.—Navegacion del alto
Rin.—La ciudad de Constanza.—Los lagos internacionales.
El canton de Zuric contiene en su capital y en la pequeña ciudad de Winterthur dos centros importantes de ferrocarriles, los cuales procuran un gran movimiento de comunicaciones á toda la region de Suiza correspondiente á la vasta hoya del Rin. De Zuric parten dos líneas que se subdividen ó enganchan sucesivamente: la primera se dirige hácia el occidente, siguiendo el curso del rio Limmat, y se bifurca en el canton de Argovia, cerca de la confluencia de aquel rio y del Reus con el Aar; de allí una rama se aparta hácia el norte, orillando el Aar hasta el Rin, atraviesa este gran rio y sigue su márgen derecha por todo el territorio del gran-ducado de Báden, hasta ligarse á las numerosas y complicadas líneas de ferrocarriles alemanes y franceses; miéntras que la línea suiza, cortando el territorio de Argovia, por la via de Aarau, se liga en Olten con los ferrocarriles que en opuestas direcciones giran hácia Basilea, Solera, Berna y Lucerna.
La otra línea de Zuric salva el Limmat á corta distancia de la capital, y luego se bifurca en Walliselten. Allí, una rama va hácia el S. E., por en medio de los lagos de Greiffen y Pfaffikon, costea luego los de Zuric (en su extremo superior) y Wallenstatter, soltando un ramal sobre Glaris, y va á terminar en Coira, capital del canton de los Grisones, el mas montañoso y el segundo en extension de la Confederacion. La otra rama avanza hasta Winterthur y allí se divide en tres ramificaciones: la primera penetra á los cantones de Turgovia y San-Gall, pasa por la capital de este, toca en el lago de Constanza y remontando el valle del alto Rin llega hasta Coira; la segunda pasa por la capital de Turgovia (la ciudad de Frauenfeld) y termina en el puerto de Romishorn, en el mismo lago de Constanza; en fin, la tercera se dirige á Schaffhousen, pasando por encima de la famosa catarata. Esta última ramificacion era nuestra via al partir de Zuric.
No es sin objeto que hago esta ligera indicacion de las líneas de ferrocarriles que posee la Suiza en la hoya del Rin, aparte de las numerosas líneas que corresponden á la hoya del Ródano. He querido hacer notar con esa simple indicacion cuánta es la importancia que esos pueblos libres y progresistas de Suiza dan al desarrollo de las vias de comunicacion que, en el presente siglo, son la manifestacion mas característica y enérgica de la civilizacion. Comunicarse es vivir, progresar, multiplicar la luz, la fuerza y el tiempo; y los Suizos, acaso mejor que nadie, relativamente, han comprendido muy bien que el aislamiento es el estancamiento, la muerte,—porque en esta época el que se queda atras caduca y perece. No hay un rio ni un lago susceptible de navegacion que no esté surcado en Suiza por numerosos vapores, para cuyo servicio se aprovecha en caso necesario el inagotable combustible que ofrecen las florestas de los Alpes y el Jura. La red de caminos carreteros es extensa y complicadísima, y donde el terreno se presta poco á las carreteras se encuentran al ménos excelentes caminos de herradura muy bien conservados. En todas las vias importantes, aun por encima de los abismos de los lagos y al traves de las espesas selvas, hay líneas telegráficas, con un alambre por lo ménos. Los ferrocarriles se cruzan en todas direcciones, y no muy tarde la Europa occidental, así como los pueblos del Rin, tendrán sus comunicaciones directas con Italia y la hoya del Adriático por medio de los ferrocarriles suizos del Rin y el Ródano.
Todo eso es prodigioso, aun relativamente á los demas países europeos, y hace mucho honor al espíritu práctico y progresista de la Confederacion suiza; ademas, es un ejemplo muy digno de ser imitado, porque contiene una gran demostracion en favor de esa política moderna que tiende á suprimir las fronteras, y busca la fuerza de los pueblos no en el número de sus bayonetas y el poder de sus fortificaciones y precauciones egoistas y suspicaces, sino en la multiplicacion de los cambios, sean de ideas ó de valores económicos. Con un territorio asombrosamente sembrado de obstáculos y una poblacion reducida á ménos de dos y medio millones de individuos (pobres en gran parte, en las montañas y los valles alpinos) la Suiza ha podido sinembargo, á fuerza de voluntad y liberalismo, realizar prodigios en pocos años. Los Alpes han dejado de ser barreras divisorias de Europa; y en doce años, gracias al movimiento producido por el triunfo del radicalismo en 1848, la Confederacion ha hecho inmensos progresos que se manifiestan en todas partes con evidencia, particularmente en Ginebra, Zuric, San-Gall y Basilea.
La via que tomamos en Zuric gira por una comarca de alegres y pintorescas planicies hábilmente cultivadas, salpicadas de lindos bosques, pueblos y cortijos, y entrecortada por graciosas colinas que algunas veces ofrecen las proporciones de pequeñas montañas. Todo ese país, hasta las cercanías del Rin, seduce al viajero con sus mil rasgos que indican en la poblacion de las campañas y las localidades inteligencia, pulcritud, actividad y bienestar. Donde quiera los graciosos campanarios de bonitas iglesias, la estructura de las casas, las numerosas arboledas y la disposicion de los objetos ofrecen á la vista del viajero paisajes pintorescos, que contrastan con los severos de las montañas y los valles alpestres.
Winterthur, situada casi en la mitad del trayecto, es la única villa ó pequeña ciudad importante en que se toca. Y en realidad pocas localidades hay en Suiza, de proporciones análogas (5,600 habitantes reformados) que inspiren tanta simpatía como la bella y limpia Winterthur. Demora esta ciudad á orillas del riachuelo llamado Eulach, en el fondo de una bonita llanura rodeada de colinas, unas cubiertas de viñedos y otras de bosques de hayas y encinas, y todas salpicadas de alegres casas de campo ú labor. La regularidad de sus formas, compuesta como está de dos grandes calles rectas cortadas por siete ú ocho trasversales, le da un aspecto enteramente moderno, no obstante que data del siglo XII; y si sus numerosos edificios públicos, muy estimables y dignos de atencion, y sus elegantes casas modernas le dan un aire de bienestar y progreso muy simpático, su multitud de fábricas, su movimiento comercial y el de su gran estacion de ferrocarriles hacen comprender que allí reina la actividad de los negocios, aliándose muy bien con la pulcritud y la hermosura.
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Al llegar al valle mismo del Rin, orillando su márgen izquierda, el paisaje toma un aspecto magnífico y apacible. El rio desciende lento y silencioso por en medio de florestas y viñedos extensos, y donde quiera se comienzan á ver á lo léjos, sobre las colinas rocallosas, unos cuantos de esos castillos feudales tan prodigiosamente numerosos en el Rin, algunos de gracioso aspecto y muchos de ellos románticos por sus hermosas ruinas. Al cabo el ferrocarril se aproxima tanto á la catarata que se percibe el ruido de sus remolinos espumantes; el tren penetra en un pequeño túnel, pasando bajo las rocas que sostienen un antiguo castillo, y al salir de la caverna artificial el viajero se siente sorprendido, hallándose sobre el puente de hierro que atraviesa el Rin en el punto donde se pronuncia el raudal que determina la catarata. Esa impresion momentánea es una de las mas profundas y sorprendentes que se experimentan en Suiza, pues en ménos de un minuto se pasa de las tinieblas del túnel al magnífico espectáculo de la catarata, y de esta, perdiéndola de vista, al valle algo profundo del rio hasta la ciudad de Schaffhousen.