La ciudad de San-Gall, poco feliz por su situacion para ofrecer de léjos un panorama ostensible, es sinembargo, por sus graciosos pormenores ó rasgos, una de las mas pintorescas y bellas ciudades de Suiza. Demora en el fondo de un primoroso vallecito formado por dos cordones de altos collados ó colinas que lo encierran, dándole al conjunto el aspecto de una inmensa bandeja de verdura salpicada en su fondo de vivos colores. Así, despues de llenar completamente el lindo vallecito, la ciudad se extiende en dispersos arrabales sumamente graciosos, que trepan por los flancos de los collados y se esparcen en las praderitas bajo las bóvedas que forman innumerables árboles frutales ó de adorno. Sus calles anchas y pulcras, sus graciosos edificios (muchos de ellos de lujoso aspecto y artísticas formas), sus numerosas fuentes públicas (como 120), sus terrazas, á veces escalonadas en anfiteatros irregulares, sus bellos edificios públicos de todo género, sus plazas orilladas de árboles, y los centenares de jardines y aun pequeños parques de estilo inglés que entrecortan las calles y embellecen las casas en el interior, ó afuera en derredor,—forman un paisaje lleno de frescura y gracia, animado por el movimiento industrial y comercial y el ruido de los trenes del ferrocarril que atraviesa de un extremo á otro la ciudad[26].
[26] La capital numera 14,522 habitantes, de los cuales unos 10,000 reformados.
Son notables en San-Gall: la iglesia catedral católica (de la antigua Abadía) restaurada según el estilo italiano, sin mérito exterior particular, pero muy elegante en su interior y riquísima en mármoles soberbios y frescos del pintor italiano Moreto; la iglesia protestante de San Estévan (tambien renovada), edificio muy curioso por su estilo y decoraciones del gusto arábigo y su estructura interior de suma sencillez, que tiene el aspecto de un teatro; en fin el gran edificio de la Abadía, donde reside el Consejo gubernativo y se reune el Gran Consejo,—monumento triste y sin ningún valor artístico, pero importante por la biblioteca (mas de 26,000 volúmenes) y las colecciones que contiene. Entre estas las mas notables son las de manuscritos y antigüedades, donde pudimos admirar obras de caligrafía, escultura en marfil y miniatura verdaderamente maravillosas.
Ademas, llaman la atencion en San-Gall: la Casa de detencion, muy bien organizada; una excelente Penitenciaria; los colegios ó gimnasios de las dos comuniones religiosas; numerosas escuelas públicas bien mantenidas, y muchos institutos de crédito, beneficencia, economía y prevision, debidos al espíritu de asociacion. Todo contribuye en San-Gall á producir en el ánimo del viajero una impresion grata, que es la mejor justificacion del espíritu de libertad y tolerancia que allí reina.
No olvidaré un rasgo curioso, aun á riesgo de incurrir en una repeticion. Al recorrer la ciudad en todas direcciones y visitar algunos almacenes de bordados y objetos artísticos, nos parecia que íbamos á encontrar muchedumbres de obreras trabajando en esos bordados y preciosos encajes, que ostentan con vanidad las damas elegantes de Paris, Lóndres ó Viena. Nada de eso. Esos primores artísticos son obra de las manos mas rudas y callosas,—de los pastores de Appenzell y las montañas de San-Gall,—que al terminar los veranos bajan de las altas praderas con sus rebaños, y se consagran durante los inviernos á labrar sus admirables encajes ó bordados de gran valor, cuando no á esculpir juguetes y graciosas figuras en madera de abeto ó pino, de haya ó encina. Así, uno de los objetos de mas lujo en los grandes salones de Paris, procede de las manos mas humildes y toscas. ¡Cuántas veces el mundo, en su loca admiracion por las apariencias deslumbradoras, olvida las humildes existencias cuyo concurso ha producido las maravillas que se admiran!
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El tren que partió de San-Gall nos condujo á Zuric, de paso, por la via de Winterthur, al traves de una parte, ó casi el vértice, del curioso triángulo que forma el territorio del canton de Turgovia. Como allí no tocamos sino en localidades insignificantes, no me es dado hacer respecto de ese canton ninguna observacion particular. Solo diré que el triángulo de su territorio tiene su base sobre el Rin y el lago de Constanza, con sus lados limítrofes hácia San-Gall y Zuric. Su poblacion (que es tambien alemana) no excede de 90,500 habitantes, protestantes en mas de los dos tercios. Las instituciones de ese canton son liberales y muy análogas á las de San-Gall; y, aunque no carece de regular industria, su riqueza principal es agrícola.
Un segundo tren nos condujo de Zuric á Basilea, al traves del canton de Argovia, de una parte del de Solera y de todo el de Basilea-Campaña. De ese modo, en poco mas de ocho horas (incluyendo detenciones) hicimos la travesía de toda la region de planicies comprendida entre los Alpes de San-Gall y el Jura, en la grande hoya del Rin, casi desde la frontera de Austria hasta la de Francia. Toda esa comarca es bellísima, pintoresca en extremo, y es la mas poblada y mejor cultivada de toda la Confederacion. Al atravesar los cantones de Argovia, Solera y Basilea-Campaña, desaparece el encanto de los lagos y toda esa majestad de las montañas soberbias de los Alpes; pero la civilizacion manifiesta sus progresos en todos los objetos visibles, y el viajero se deleita admirando los lindos valles de los afluentes del Rin, y luego los mil caprichos de las montañas del Jura que surcan el país entre Aarau, capital de Argovia, y Liesthal, que lo es del medio-canton de Basilea-Campaña.
Diré apénas lo esencial respecto de esos tres cantones, por los cuales no hicimos mas que pasar. El de Argovia (cuya poblacion es de raza alemana, como los de Solera, Basilea-Ciudad y Basilea-Campaña) es muy industrial y agrícola, y feliz por la fertilidad de su suelo y su excelente sistema hidrográfico del Rin, el Aar y sus afluentes. Su área territorial contiene 1,389 kilómetros cuadrados, con cerca de 194,600 habitantes (en 1860), reformados en su gran mayoría. Es de notarse que en 1850 la poblacion era de 199,852; la emigracion es la sola causa de la disminucion. Las instituciones del Canton son muy liberales y le dan las formas de una república representativa.
El canton de Solera (ó Solothurn), completamente surcado por las cadenas del Jura y correspondiente á la hoya del Aar inferior, tiene un área excesivamente irregular ó dislocada, de 811 kilómetros cuadrados. El suelo es muy fértil y rico en productos agrícolas y minerales; la agricultura floreciente; la industria manufacturera activa, así como la explotacion de diversas minas y canteras, y el comercio de tránsito considerable. La poblacion alcanzó en 1860 á 69,675 habitantes, católicos en su gran mayoría, y conforme á la constitucion de 1840-41 el Estado forma una república democrática representativa.