Tomando el término medio de las diversas estimaciones que se han hecho de la extension superficiaria de Suiza (unos 40,000 kilómetros cuadrados) resulta la proporcion média de 63 habitantes por kilómetro cuadrado; pero si se tiene en cuenta que los rios, lagos, nevados y montañas inhabitables ocupan por lo ménos 2/5 partes de la superficie, se encuentra la proporcion de 105—65 hab. por kilóm. cuadrado, densidad de primer órden, que explica en gran parte los progresos de Suiza, al mismo tiempo que la persistencia de su corriente de emigracion.
RELIGIONES.
Esa misma poblacion se halla distribuida, por razón de las comuniones religiosas, del modo siguiente, en números redondos:
Evangelistas, ó protestantes calvinistas,
ó reformados 1,492,737
Católico-romanos 1,039,304
Israelitas 3,500
Como se ve, las dos razas principales de Europa, segun las modernas denominaciones generales, que han vivido en profundo antagonismo durante muchos siglos, por no decir durante toda la era cristiana, coexisten en Suiza sin lucha ni colision alguna en el momento actual. Del mismo modo subsisten en el territorio comun de la Confederacion las dos grandes religiones enemigas (consideradas en lo esencial) en que está dividido el mundo cristiano. Pero ¿de qué manera se han distribuido esas razas en el territorio y se han implantado en ellas la iglesia evangelista y la católica-romana? Ningún principio perceptible, ninguna regla ha presidido á ese fenómeno de clasificacion social.
La industria, la agricultura y el comercio han tenido que ajustarse en Suiza, como es inevitable, á las leyes de la topografía, superponiéndose ó concentrándose por zonas, según las facilidades que les ofrecen los climas, la composicion del suelo, lo elementos de navegacion y comunicaciones terrestres, etc. Así, nada es mas natural que la existencia de ciudades comerciales é industriales á orillas del Ródano y el Rin ó de los grandes lagos, la floreciente agricultura de las planicies y los valles, la explotacion de los bosques y praderas de las altas regiones montañosas, y la aclimatacion de ciertas industrias artísticas (como la fabricacion de relojes é instrumentos) allí donde el suelo, por su estrechez ó su pobreza, no es favorable á los trabajos agrícolas en escala considerable.
Pero en punto á religion los fenómenos que se observan en Suiza parecen desmentir todas las reglas que algunos escritores han pretendido establecer acerca de la relacion natural entre la índole y las tradiciones de las razas y la índole de las religiones que les convienen. En efecto, juzgando por los hechos generales en Europa, se ha dicho que las razas latinas tienen instintos esencialmente católicos ó romanos y son las mas accesibles á esa religion, miéntras que las razas germánicas son mas congénitas del protestantismo. Y en realidad se nota la doble coincidencia de que las primeras obran colectivamente en lo politico y social bajo el principio de autoridad, en tanto que las germánicas tienen tendencias de fuerte individualismo, según el principio de libertad, que se acomoda muy bien á los sistemas protestantes.
En Suiza es precisamente la raza germánica la que constituye la fuerza principal del catolicismo romano (en los cantones del lago de Lucerna, San-Gall, Friburgo, Solera, etc.), miéntras que las razas latinas son protestantes en su gran mayoría, formada por la poblacion de Vaud, Neuchâtel, Ginebra y los Grisones. Las religiones se han distribuido sin seguir ningún principio geográfico, y solo en virtud de causas artificiales, y se las ve entremezcladas en todo el territorio, ó separadas en algunas partes por fronteras invisibles ó completamente imaginarias. Así, la fidelidad de cada fraccion á su creencia respectiva no es mas que el resultado de la influencia poderosa, irresistible, que ejercen las tradiciones sobre los pueblos relativamente sedentarios ó confinados por la naturaleza á vivir dentro de los límites de un territorio particular.
Sea de esto lo que fuere, lo que importa averiguar es la causa determinante de esa coexistencia ó armonía que subsiste en Suiza entre las muy distintas razas y religiones que predominan en el país. Allí viven en paz y fraternalmente el montañes y el habitante de los valles y las planicies, el franco-italiano y el aleman, el católico y el protestante; como viven en paz el Canton y la Confederacion, el individuo y la municipalidad. ¿A qué atribuir esa feliz situacion, que contrasta con el antagonismo en que viven las razas, las religiones, las clases sociales y los intereses en la mayor parte de los Estados europeos? No encuentro una explicacion satisfactoria sino en la organizacion política y social de Suiza, que en el fondo no es otra cosa que un conjunto armonioso de confederaciones libres eslabonadas en tres escalas. La Confederacion nacional es una república democrática cuyos miembros ó individuos se llaman cantones, todos iguales en derechos y deberes, todos libres y gozando de personalidad ó autonomía completa en sus negocios particulares. Cada Canton es una confederacion ó república democrática de distritos, tambien libres, autónomos é iguales entre sí, verdaderas repúblicas de 500—2,000—5,000 ó mas almas, en la mayor parte de los cantones, ó cuando ménos favorecidas por un régimen municipal muy liberal. Por último, cada distrito (que en muchos de los cantones parece mas bien una gran familia que una entidad política) es una confederacion de vecinos libres, iguales, cuyo concurso simultáneo es indispensable para toda disposicion colectiva, y que gozan de autonomía real y efectiva en sus negocios personales.
Esa triple escala de confederaciones ha sido prodigiosamente fecunda en bienes de todo género. Todas las razas y religiones han podido subsistir con seguridad y concurrir, según su genio particular, á la obra comun del progreso. Todas las formas del gobierno propio han podido tener aplicacion y ponerse á prueba para que los resultados, permitiendo la comparacion, hiciesen conservar lo bueno y desechar lo malo. Todas las industrias, todas las fuerzas y los intereses sociales han podido desarrollarse simultáneamente y, gracias al espíritu de emulacion consiguiente á la libertad autonómica, erizar á Suiza de bellas ciudades, fábricas activas, excelentes caminos, institutos de todo género, ferrocarriles, vapores, esmerados cultivos y mil manifestaciones de vitalidad y progreso.