Las instituciones de Suiza han reposado por punto general en un principio fecundo: la armonía entre el derecho individual y la iniciativa ó autoridad colectiva. De este modo les gobiernos cantonales, municipales y federal han atendido eficazmente á todos los objetos de interes comun que exigen grandes esfuerzos colectivos,—al propio tiempo que los individuos han tenido siempre un vasto y libre campo donde ejercer su iniciativa y actividad personal. Esa libertad de que los Suizos han gozado y gozan ha producido dos grandes resultados: en primer lugar, cada suizo, sintiéndose libre y con dignidad, ha nutrido en su corazon el mas profundo y altivo sentimiento de patriotismo y fidelidad á la nacion, al canton y al distrito, en virtud del cual está pronto siempre á defender la patria y consagrarle su vida. Por eso la Suiza, en un dia de peligro, puede presentar en batalla 100,000 soldados que no están gravando su tesoro, y una reserva de 200,000 que forman la milicia de los cantones. Es inexacto decir que la Suiza se compone de varias razas y comuniones religiosas separadas; en realidad allí no hay mas que una raza: la de los hombres libres,—ni mas que un culto: el del patriotismo.

En segundo lugar, como ningún producto natural del país está monopolizado[31], y el ciudadano es libre en su conciencia y su pensamiento,—libre para trabajar, viajar, asociarse, etc.,—la accion del interes individual ha hecho prodigios donde quiera en servicio de la riqueza y todos los elementos de la civilizacion. Y digo prodigios intencionalmente, porque en ningún país de Europa el hombre ha tenido que luchar con tantos obstáculos como en Suiza, donde el suelo es un cáos y la fertilidad poco notable, y donde la nacionalidad se ha visto amenazada siempre por vecinos poderosos en antagonismo constante.

[31] Los únicos artículos monopolizados en Suiza son: la pólvora y, en algunos cantones, la sal extranjera. Varios gobiernos se reservan los aseguros contra incendios y la amonedacion, y los correos y diligencias casi totalmente.

Terminaré haciendo una observacion general que manifiesta cuánto las condiciones particulares de la Suiza se prestan al estudio comparativo de las razas y su civilizacion. Donde quiera noté en ese país, en las mesas de los hoteles como en los cafés, en los paseos y lugares públicos lo mismo que en las diligencias, los vapores y los ferrocarriles, la influencia benéfica que ejercen los cruzamientos de las razas, cuando ellos son el resultado de relaciones libres y de un contacto natural y espontáneo. Las razas que así se cruzan, léjos de degenerar mejoran notablemente, perdiendo mucho de sus defectos y fortaleciendo y puliendo sus cualidades, sin privarse por eso de toda su originalidad. El Aleman de Suiza es mucho ménos nebuloso que el de la verdadera Alemania, mucho mas práctico, demócrata, generoso y accesible al progreso; miéntras que el Suizo de raza francesa es mucho mas formal, mas celoso de su personalidad, mas positivamente liberal y emprendedor que el Frances puro (habituado siempre á recibir toda impulsion de la autoridad, á buscar la tutela del gobierno para todo). El libre contacto de las dos razas, favorecido por la emulacion y las instituciones democráticas, ha producido una feliz combinacion de las cualidades generosas y el espíritu lógico y claro del Frances, con la tenacidad, el sentimiento de personalidad, y la fidelidad á las tradiciones que distinguen á las razas germánicas.

Sinembargo, salta á la vista la diferencia profunda de las dos razas en materia de gusto, si se observan con atencion las ciudades de los dos tipos, tales como Ginebra y Zuric. El espiritualismo aleman es mas bien de fantasía ó imaginacion y exagerado que práctico y natural. Sueña con éxtasis, perdido en las nebulosas, adora la música y la poesía; y sinembargo se distingue por su mal gusto. Cuando sueña es teniendo delante un enorme jarro de cerveza y dos kilógramos de pan; fuma brutalmente; come con voracidad y glotonería, y en todas sus manifestaciones es inculto, pero con candor y sin caer en cuenta de su mal gusto. El Suizo aleman no le va en zaga, contrastando en todo lo que es asunto de finura, gusto y elegancia con el suizo ginebrino, neuchatelés ó vaudense. Sinembargo, la sencillez, la sinceridad cruda pero noble, y las cualidades morales y de actividad económica que adornan al honrado Suizo aleman, hacen que el viajero le disimule con benevolencia las asperezas de una corteza que encubre sérias y estimables virtudes.

Por lo que hace á los negocios colectivos, los resultados no han sido ménos felices. Aglomerados en confederacion los veintidos cantones, algunos de territorio microscópico, han comprendido que para mantenerse en el rango de Estados, bajo el pié de igualdad, necesitaban rivalizar en progresos, consagrándose con noble emulacion á la obra de su engrandecimiento;—haciendo mucho, sin embarazar la accion individual. De ahí esa prodigiosa abundancia de museos, bibliotecas, colecciones científicas, hospicios y hospitales, colegios, escuelas especiales y escuelas primarias[32] que se encuentra en Suiza; de ahí tambien la excelencia de las carreteras que surcan el país en todas direcciones, la multiplicidad de ferrocarriles, el buen servicio de correos y telégrafos, y el esmero que se tiene porque las oficinas y los establecimientos públicos tengan una residencia material digna y agradable.

A este propósito haré notar que el pueblo suizo, esencialmente práctico en todo, pero muy accesible á las reformas generosas que pasan por utopias en otros países, no obstante su palpable conveniencia, es el primero que en Europa ha ensayado el mejor de los sistemas penitenciarios de los Estados Unidos. Las modestas pero muy suficientes y bien mantenidas penitenciarias de Ginebra, Losana y San-Gall, y las casas de detencion de esas ciudades y de Berna, Basilea, Zuric, etc., son verdaderos modelos en su clase. En la gran mayoría de los cantones subsiste la pena capital, pero su aplicacion es muy rara.

[32] Recordaré que en casi todos los cantones es obligatoria la instruccion primaria, y que el solo canton de Berna tiene 1,700 escuelas populares.

Ademas de las grandes formalidades que para decretarla se requieren en casi todos los cantones, y particularmente en el de Unterwalden, la conciencia popular rechaza su aplicacion. Así, cuando se suele cometer un crímen capital, casi siempre se adopta la conmutacion, en términos que en Suiza es fenomenal el odioso espectáculo de una ejecucion. Casi está por demas decir que allí ningún delito político tiene asignada la pena capital, barbarie que subsiste en gran parte de la Europa civilizada.

Si esos rasgos hacen honor al carácter y la moralidad de los Suizos, hay otros dos, uno positivo y otro negativo, no ménos generales y estimables: me refiero á los hábitos hospitalarios y la ausencia de mendigos. Todo el mundo sabe que la Suiza, como país libre, neutral y central en Europa, es clásico en materia de hospitalidad. Allí encuentra el proscrito político simpatías, proteccion y asilo, particularmente en Ginebra, Zuric, Berna, Basilea, San-Gall y Losana, y no pocas veces sus gobiernos han probado su energía resistiendo á las exigencias de poderosos gobiernos implacables en la persecucion. En cuanto á la mendicidad, la organizacion comunal la evita con su prevision, la libertad del trabajo la conjura, la ley la prohibe severamente y la emulacion de los cantones la desacredita. No he visto algunos mendigos sino en Friburgo, que fué el cuartel general de frailes y jesuitas.