Por lo que hace á manifestaciones materiales, no omitiré indicar algunas que me parecen características del pueblo suizo, y que son signos siempre seguros de bondad, moralidad, buen gusto y dignidad. Ya he dicho que la pulcritud es general, sobre todo en las localidades protestantes. Agréguese á ese rasgo: la extraordinaria abundancia de jardines, de fuentes públicas en los poblados y los caminos, de arboledas para sombrear y adornar las plazas y calles, los paseos y las vias de comunicacion dilatadas, objetos por los cuales, así como por los museos, bibliotecas, etc., manifiestan mucho interes los Suizos. Nótese tambien que donde quiera las heredades están apénas separadas por insignificantes setos ó demarcaciones, cuando no enteramente continuas, ó apénas demarcadas por hileras de árboles, lo que indica un gran respeto por la propiedad; y que los cementerios se muestran en todas partes abiertos y respetados por todo el mundo con exquisita consideracion, lo que indica moralidad, índole candorosa y la conciencia general de que el interes comun es la mejor garantía de las cosas públicas, sin necesidad de que los gendarmas ó gentes de policía se muestren en legiones numerosas é impertinentes.
La propiedad territorial, semoviente y urbana está muy dividida en Suiza, lo cual explica la existencia de tantas pequeñas fortunas que aseguran al individuo un bienestar modesto pero sólido, y con él la independencia, la dignidad y la moralidad. Sin duda que á esa circunstancia, combinada con el hábito de la division del trabajo, la habilidad en el cultivo y la libertad económica de los ciudadanos, debe atribuirse la baratura de la vida en Suiza, de la cual no se debe juzgar por el alto precio de los servicios que se le prestan al viajero. Necesariamente han de ser caros ciertos hoteles en las regiones montañosas, así como el servicio de guias, caballos y mulas, y las curiosidades artísticas, porque las gentes que especulan con las visitas de extranjeros tienen que indemnizarse en cuatro ó cinco meses de los sacrificios de todo el año. La baratura de la vida, en un país activo, civilizado y donde hay abundancia de todo, es una prueba evidente de los beneficios de la libertad y la autonomía, y de las buenas cualidades de los habitantes.
Me alejé de Suiza con pesar, porque ese país admira y seduce en todos sentidos; y si llevaba en el corazon una simpatía, habia fortificado profundamente mis convicciones, mediante la observacion imparcial ó desprevenida de los hechos. Ese bello pais, tan curioso y original en todos sus rasgos prominentes, que ha hecho tan grandes progresos con sus instituciones republicanas, en medio de tantas monarquías, particularmente despues de la revolucion radical de 1846 á 48, me ofreció pruebas irrefutables de esta gran verdad: que la mas práctica, sólida y fecunda solucion de los problemas sociales, porque es la mas justa, natural y sencilla, es la de la LIBERTAD, en todas las esferas y respecto de todas las manifestaciones de la actividad humana!
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PARTE SEGUNDA.
LA REGION DEL RIN.
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CAPITULO I.
EL GRAN-DUCADO DE BADEN.
De Basilea á Freiburgo.—El Rin central y sus panoramas.—Nociones importantes respecto del gran-ducado.—Costumbres alemanas.—La ciudad de Freiburgo.