SUIZA Y SABOYA.

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CAPITULO I.

DE PARIS A GINEBRA.

La Francia centro-oriental.—Los paisanos franceses.—Las campiñas bresanas.—La vuelta del vencedor.

El sol de julio doraba con sus tibios y alegres rayos matinales los pabellones de las magníficas arboledas, las cúpulas y torres de los altos monumentos y el enjambre desigual de los techos de pizarra, que se destacaban sobre las plazas y calles todavía silenciosas de Paris. Apénas comenzaba á despertar la ilustre metrópoli de su sueño de estío, cuando entrábamos á la inmensa estacion ó embarcadero del ferrocarril que conduce á Lyon y el Mediterráneo. Tal debia ser nuestra via para penetrar á Suiza por el lado meridional, y visitar la Saboya del norte, país pintoresco, montañoso y esencialmente estratégico que despues ha sido el objeto de una complicacion para la diplomacia europea.

Al subir á un wagon del tren, mi esposa me decia con dulce confianza: «Por fin vamos á visitar ese país de las montañas y los lagos, el padre de casi todos los grandes rios del continente europeo. Eso nos producirá emociones que nos harán evocar á cada momento la imágen querida de la patria»….

La via férrea, en su primera mitad, era la misma que yo habia tomado, algunos meses antes, para ir á España, y debíamos seguirla hasta Macón, torciendo de allí hácia el este, en direccion al Ródano central y Ginebra. Teníamos que atravesar algunos de los departamentos mas vinícolas de Francia y, en las cercanías del Ródano, despues de cortar la estrecha hoya del Ain, una comarca pintoresca, entrecortada por los estribos y contrafuertes mas meridionales del Jura. Aquellos departamentos, surcados por la via férrea en extension muy desigual, eran:

El del Sena, con 1,727,000 habitantes, cuyas siete octavas partes constituyen la poblacion de Paris;

El de Sena-y-Marna con 341,000, que tiene por capital á la graciosa y pequeña ciudad de Melun.