Si esa ciudad tiene monumentos interesantes para el artista, y fortificaciones de gran importancia para el militar, tambien llama la atencion al que resiste á la seduccion de los primeros y la fascinacion de las segundas, á causa del movimiento activo de la poblacion. Esta se agita en los mercados, las calles, los almacenes, los canales que cortan la ciudad, y los ferrocarriles y carreteras, mostrando en todas partes un alto espíritu de industria y comercio; así como en su extensa y variada fabricacion, y en sus cien institutos de enseñanza, beneficencia, crédito, prevision, economía, etc., manifiesta que todos los esfuerzos de la civilizacion tienen cabida con honor en la patria de Guttemberg. En medio de aquellas calles tortuosas, generalmente estrechas y caprichosas, y que en gran parte conservan muchos rasgos de la estructura que fué característica de las viejas ciudades germánicas, se mueve una poblacion laboriosa, áspera en apariencia, de carácter dulce en el fondo, y que vive en un trabajo insensible pero constante de fusion y trasformacion. Debo hacer notar que casi la mitad de los habitantes de Estrasburgo son protestantes.

La catedral que contribuye á su renombre es, como se sabe demasiado, uno de los mas imponentes y curiosos monumentos góticos del mundo. Ni Nuestra Señora de Paris, ni las catedrales de España, ni ninguna de las de Bélgica ó de Alemania (con excepcion de la de Colonia) tiene tanta majestad ni tan soberana seduccion, por sus formas exteriores, como la de Estrasburgo. No obstante la falta de una de sus torres, que jamas ha sido comenzada, esa catedral tiene el poder de clavar al espectador delante de ella y obligarle á que la contemple con asombro, admiracion y recogimiento, como una de las obras mas atrevidas del genio humano, en arquitectura. Comenzada en el año 1015 y completada, en lo que hoy la compone, hácia 1439, sus formas y sus adornos muestran la sucesion de los tres estilos góticos, produciendo un juego singular de construcciones y esculturas. Baste decir, para que se tenga alguna idea de la grandiosidad del edificio, que es el mas elevado del mundo despues de la mayor de las pirámides de Egipto. Mide 355 piés de longitud total, por 132 de latitud, y la torre alcanza la prodigiosa elevacion de 142 metros ó 490 piés sobre el nivel de la plaza. Esa altura se reparte entre la enorme masa de la fachada principal, cuya plataforma se halla á 288 piés, y la torre propiamente dicha, que se eleva 262 piés sobre la plataforma.

Es imposible detenerse al pié del monumento á contemplar las magnificencias de su fachada principal, sin sentirse arrebatado por tan sublime concepcion y por las maravillas de sus esculturas; sobre todo si se recuerda que una mujer, Sabina Steinbach, contribuyó con su admirable cincel á embellecer la obra de su hermano y su padre. Los tres portales de la base, las ligerísimas columnas del segundo y tercer cuerpo, la enorme roseta que se abre en el centro, como una inmensa filigrana de piedra, las esculturas, estatuas y torrecillas que se destacan sobre los relieves del edificio, los arcos tendidos y las preciosidades de los portales laterales y de las capillas, en fin, la gigantesca torre calada, que termina en una forma semejante á la de una mitra aguda, forman el conjunto mas interesante, aun para el viajero que carece de conocimientos artísticos.

Desde arriba, sobre la plataforma, y teniendo encima la torre como un fantasma colosal, se siente uno sobrecogido de terror, al mirar el abismo en cuyo fondo hormiguean como liliputienses los corpulentos hijos de la Alsacia. Pero si se tiende la mirada en derredor, el espectáculo es magnífico, vasto y variado. De un lado la vista recorre las fértiles llanuras alsacianas, ricas y enteramente cultivadas, y va á detenerse en el enjambre de colinas montuosas del Palatinado y la Prusia rineana; al poniente, de otro lado, sigue la línea de los Vosgas, montañas que limitan el departamento hácia el interior de Francia, y la mirada se pierde luego en la direccion del Jura y Suiza. Si se torna la vista hácia el Rin, se ve á lo léjos la bellísima cadena de la Floresta-Negra, como un inmenso crespon de complicadas formas, y se descubren en raros puntos algunos trozos medio escondidos de la blanca cinta del Rin; ó bien, mirando hácia el norte, el ojo se goza en abarcar las vastas y verdes llanuras alemanas que se desarrollan del lado de Darmstad y Francfort.

La catedral de Estrasburgo contiene mil preciosidades en su interior, cuyo mérito se realza con el claro oscuro de la luz vaga que reina bajo las soberbias naves. Las columnas de la nave central, el hermoso y delicado púlpito, las preciosas pinturas en vidrio de las enormes ventanas, y otras obras de arte, y mas que todo el complicado y admirable mecanismo del reloj astronómico de Schwilgué, construido hace veinte años, y tan afamado en el mundo, le ofrecen al curioso amante de la belleza bajo todas las formas asunto para largas horas y aun dias de contemplacion deliciosa.

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Habíamos prometido en Paris hacer una visita en su casa de campo al Sr. B——, ilustre químico y naturalista frances, tan sabio como franco y obsequioso, que comenzó su carrera científica con estudios prácticos hechos en la antigua Colombia y otras repúblicas españolas. Así, tan luego como terminamos nuestra rápida inspeccion de Estrasburgo, tomamos el ferrocarril que corta el departamento en direccion á Paris, y seguímos la via lateral que conduce al Palatinado por Haguenau y Weissenbourg. La campaña nos llamaba la atencion por sus extensas y variadas plantaciones, entre las cuales descollaban con mucha gracia las de lúpulo,—«esa viña de los países setentrionales,» como lo llama un escritor frances muy hábil en descripciones. Donde quiera flotaban al viento los racimos de flores verde claro de las plantas que suministran su generoso amargo á la cerveza,—crespas, empinadas sobre sus estacas como pabellones trepadores, formando inmensos muros de verdura; en otras partes agitaban sus espigas magníficos cereales, al lado de enanas plantaciones de tabaco, ó se destacaban en algunos puntos del horizonte las negras pirámides de adobes provenientes de vastos depósitos de turba.

En Haguenau debíamos tomar un coche, ó en su defecto algun har-à-cbancs que nos condujese á Liebfraunberg (en el canton de Woerth), objeto de nuestra excursion, Fuéme preciso dar vuelta á todo el lugar hasta encontrar, despues de mil diligencias, un cochecito de dos asientos algo confortable. Eso me dió ocasion de echar una ojeada sobre las calles de Haguenau, villa de poco mas de 11,000 habitantes (mitad católicos y mitad judíos y protestantes) que tuvo en otros tiempos importancia como una de las ciudades libres de la liga de Alsacia, y ha hecho notable papel en las guerras como plaza fortificada. Fea, no poco desaseada y de triste aspecto, Haguenau indica con sus rasgos la presencia de mas de 3,000 judíos, y tiene algun interes por su movimiento industrial.

Eran las siete de la tarde cuando salíamos de Haguenau para entrar inmediatamente en la magnífica floresta del mismo nombre, de 15,000 hectaras de superficie. Solitaria, cortada por varias carreteras y un ferrocarril, llena de ricos aromas, la floresta nos encantaba con su silencio profundo, interrumpido solo á veces por algun lejano silbido de locomotiva, y sus hermosos y oscuros pabellones, reposando sobre altas columnatas de abetos y pinos, parecian anticipar la noche con sus poéticas sombras.

Daban los nueve y la noche estaba profundamente oscura cuando llegábamos á la pequeña villa de Woerth, todavía distante una hora de la hacienda del Sr. B——, y nos fué forzoso detenernos. Confieso que no lo sentí mucho, porque tuvimos ocasion de observar algunas escenas curiosas que nos dieron una ligera idea de algunas de las costumbres de las poblaciones semi-judáicas que habitan el canton.