La plaza del lugar estaba iluminada con ocasion de la fiesta del emperador, y los israelitas parecian ser los mas satisfechos, sea por la fama que tiene Napoleon III de proteger notablemente á los judíos (banqueros, artistas, escritores, hombres de Estado, etc.), sea porque estuviese reciente la guerra de Italia, que los israelitas de Europa, sobreexcitados por el ruidoso episodio de la familia Mortara, habian aplaudido como un medio seguro de emacipacion para los hermanos de Italia y principalmente de Roma. La turba de vecinos se habia dispersado en pequeños y numerosos grupos; los muchachos daban sus últimos gritos de alegría, y en una de las casas cercanas al albergue donde nos habíamos hospedado (dignificado con el nombre de Hotel del Caballo blanco) se reunian los mas alegres vividores, en posesion de un chirivitil que iba á ser teatro de un baile característico del lugar. Nuestro hostelero, que era un buen hombre, mucho mejor que su hotel y sus alcobas de dormir, nos refirió algunos pormenores que nos dieron idea de la originalidad de aquellos bailes, mas parecidos á una escena de sombras chinescas que a otra cosa. Los convidados se agitaban casi en la oscuridad, en medio de una confusion de los muebles mas heterogéneos, ataviados con los vestidos mas extraños, y bebían y bailaban al compás de la orquesta mas extravagante que se puede imaginar: y todo eso en un estrecho aposento del piso mas alto de la casa.
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La mañana estaba fresca y deliciosa cuando atravesábamos, al dia siguiente, las alegres y ondulosas campiñas del canton de Woerth, donde veíamos alternar los pequeños bosques y viñedos de las colinas con los cereales de las planicies, sucediéndose en suaves planos inclinados. En breve trepamos la hermosa colina de Liebfraunberg (Monte de la Vírgen amante) sobre la cual se destacaba la casa del Sr. B——, que conserva en una de sus parles principales las construcciones de uno de esos antiguos conventos ó abadías que la revolucion francesa suprimió é hizo entrar, desamortizando los bienes eclesiásticos, en el movimiento general de los negocios ó de la propiedad territorial.
Los dos dias que pasamos como huéspedes del Sr. B—— y su interesante familia nos fueron sumamente gratos, y aun nos sirvieron para obtener algunas nociones importantes. Con cuánta delicia oíamos al Sr. B——, al recorrer el bosque vecino ó los jardines de la vasta habitacion, hablar entusiasmado de las bellezas del suelo colombiano y de la dulce índole de sus poblaciones. Miéntras que mi esposa conversaba alegremente en los jardines con la ilustrada esposa del Sr. B—— y sus interesantes señoritas, acompañadas de otra amable familia de su parentela, yo procuraba obtener del sabio naturalista, (que de 1849 á 1851 habia tenido puestos notables en los negocios públicos de Francia) algunas nociones sobre la vida de familia en la clase média de la sociedad francesa, sobre las ideas y tendencias políticas de la parte seria y pensadora de esa misma sociedad, sobre las condiciones de la agricultura en Francia, y sobre la aplicacion que los progresos de la agronomía y de la ingeniatura de Europa pueden tener en nuestras comarcas atrasadas del Nuevo Mundo. Como la observacion y el trato con las gentes de buena sociedad me han probado que las opiniones del Sr. B—— predominan en las distinguida clase á que él pertenece, no vacilo en dar á mis lectores un breve resúmen de las reflexiones que me hacia el sabio agrónomo y eminente químico.
«El gran defecto de la sociedad hispano-colombiana, me decia, es el de ser sumamente teórica en todo, olvidando sus propias condiciones y aspirando siempre á las imitaciones sin criterio. ¿Cree U., añadia, que yo habría podido prestar algunos servicios á la química y la agronomía, si no viviese en mi casa de campo, durante seis ó siete meses de cada año, ensayando todas las aplicaciones, sometiendo á prueba los sistemas, observando á la naturaleza en sus actos mas minuciosos? Sin esto, yo no podría ir á dictar mis cursos del invierno en Paris, con la conciencia de decir la verdad, ó lo que mas se aproxime á ella. ¿Por qué no hacen UU. lo mismo en Colombia con sus constituciones, sus leyes y todos sus proyectos de progreso? Miéntras no aprendan á experimentar, observando la naturaleza de las cosas, nada bueno harán. La política es la química de los pueblos: ella tiene sus leyes, sus fuerzas, sus reactivos, sus combinaciones y trasformaciones como las ciencias experimentales. UU., los Colombianos, tienen muy bellas cualidades y un mundo admirable, pero se gobiernan como aturdidos!»
Por via de ejemplo, el Sr. B—— me decia: «¿De dónde les ha venido la idea de imitar á Europa con la construccion de ferrocarriles á la vapor? Los pueblos colombianos carecen del movimiento, la poblacion y los intereses necesarios para alimentar empresas tan costosas, que no dejarán utilidad, como especulaciones, sino de aquí á 50 ó mas años. El combustible adecuado para las locomotivas será siempre muy caro en esas regiones, donde los depósitos de carbon mineral son relativamente reducidos, y en todo caso de costosa explotacion. Pero UU. tienen donde quiera excelentes mulas y caballos, y prados naturales, es decir, los mejores y mas baratos elementos de traccion. Lo que les conviene, pues, es construir ferrocarriles de estilo americano, baratos y sencillos, miéntras estos y el tiempo hacen nacer la necesidad de otros mejores.»
Por ese estilo hacia otras reflexiones el Sr. B——, siempre teniendo en cuenta los condiciones del suelo y de la sociedad de Hispano-Colombia, cuando la conversacion recayó sobre Bolívar. Si en lo anterior se habia mostrado el naturalista, en lo político se manifestó bien el frances, hijo de la sociedad creada por la revolucion de 1789.
«Ah! exclamaba el Sr. B——: es mucha lástima que UU. no hayan sabido comprender á Bolívar ni adoptar su política! El Libertador tenia sus defectos, propios de una organizacion vigorosa y privilegiada, pero comprendia muy bien que un pueblo mestizo ó compuesto de diversas razas, educado por la ignorante España, necesitaba un gobierno fuerte, en que la igualdad tuviese toda su garantía en la autoridad y la ley;—un gobierno que guiase enérgicamente á la sociedad en vez de ser guiado por ella. UU. han querido devorar la fruta peligrosa de la libertad ántes de que ella madurase y de que UU. fuesen capaces de digerirla. Bolívar ha sido el único genio, el único grande hombre que UU. han tenido.»
Tal es la opinion casi universal que los hombres serios tienen en Europa respecto de la política y los hombres de Hispano-Colombia; opinion errónea y evidentemente sofística, pero profundamente arraigada. No espereis que un frances de la nueva escuela piense de otro modo. El Sr. B——es republicano moderado y sinceramente liberal; y sinembargo, él como todos los de su generacion, pensaba que la igualdad no se podia obtener sino por merced de la autoridad, y se mostraba decididamente apegado al régimen de la centralizacion rigorosa y de la reglamentacion excesiva. Es que todavía no ha calado bien en las sociedades esta gran verdad: que la libertad no se adquiere, regular y completa, sino practicando la libertad imperfecta.
Yo le observaba al Sr. B—— que su doctrina, casi universal en Francia, conducia derecho á los mayores abusos y aún al socialismo, cuando en eso tropezamos con unas doce plantas de tabaco que el sabio agrónomo cultivaba para sus experimentos. Notando que el número de plantas era tan reducido, y que todas ellas, rigorosamente reducidas á trece hojas, carecian de señales que indicasen una cosecha anterior, le pedí la explicacion de esas circunstancias.