Pero de esa organizacion, que sería lógica, realmente democrática y fecunda, en lugar de la extravagante complicacion actual de tantos Estados antagonistas y gobiernos enemigos de los pueblos,—de esa combinacion á la unificacion completa, aunque disimulada, la distancia es muy grande. La democracia nada puede ganar en Alemania, ni en ningún país del mundo, con la centralizacion unitaria, puesto que los pueblos son siempre mas libres á medida que fiscalizan y tocan mas de cerca los intereses de su administracion y los actos de sus gobernantes.
Por otra parte, la Alemania perdería inmensamente con la centralizacion política, bajo el punto de vista moral, intelectual y económico. El habitante de Estuttgard ó de Munic en nada se parece al de Hamburgo ó Lubeck, ni el de Viena al de Colonia. Cada grupo aleman tiene su índole propia, su método particular de creacion ó de accion, en filosofía y literatura, en punto á ciencias y bellas artes, y en asuntos de administracion y economía. El dia que toda la Alemania se viese sometida al nivel de la unidad, todos ó casi todos sus grupos, absorbidos por Viena ó Berlin, perderían su tipo particular, su originalidad y espontaneidad de accion; el pueblo aleman dejaría de ser lo que es: uno de los mas grandes pueblos del mundo,—el mas estudioso y erudito, el mas fecundo en ideas nuevas é investigaciones originales; el iniciador por excelencia de cuantas verdades se encarga Francia de someter á criterio rigoroso para simplificarlas y vulgarizarlas, despues de lo cual Inglaterra las somete á la prueba definitiva de la experiencia; y tambien, permítaseme decirlo, uno de los pueblos mas sanos, de instintos mas dulces y candorosos, y el mas modesto de cuantos ocupan la primera línea en el movimiento de la civilizacion.
Que el lector me perdone esta digresion, apoyada en las observaciones que he hecho en toda la Alemania, y volvamos a ocuparnos únicamente de Darmstad. La poblacion del gran-ducado es notablemente vigorosa, laboriosa y honrada. Las sectas religiosas gozan allí de libertad, se toleran y son numerosas. La gran mayoría pertenece á la iglesia luterana; los católicos apénas componen la cuarta parte de la poblacion total, en seguida figuran por su número los calvinistas, y luego los judíos, que pasan de 28,000.
Aunque hay algun movimiento fabril en el país, la agricultura es la base general de su riqueza, produciendo maderas en las montañas, excelentes vinos en las márgenes del Rin, y en las llanuras toda clase de cereales (mucho maíz), tabaco, plantas filamentosas, lúpulo, papas, frutas, etc. El país es fértil y rico, y la poblacion parece estar bien distribuida.
* * * * *
Darmstad, la ciudad capital, que cuenta unos 33,000 habitantes (de los cuales poco mas de 2,500 son católicos) es curiosa por la diferencia muy marcada que presentan las dos partes de que se compone: la vieja, que data de algunos siglos, sin rango de ciudad, y la nueva, cuya ereccion fué terminada apénas en 1830. Tanto la parte nueva como la vieja están fortificadas,—mediando entre la ciudad y sus murallas un vasto espacio que apénas está hoy cubierto de jardines, pequeños parques y paseos, generalmente graciosos y agradables.
Es al traves de la parte moderna que circulan los viajeros al dejar la estacion del ferrocarril, concibiendo desde luego la mejor idea al penetrar por la hermosa calle del Rin en direccion á la plaza Luisa y el Palacio-viejo. Pero en breve la ilusion se disipa, porque el viajero se apercibe de que se halla en medio de un inmenso tablero de damas de la mas fastidiosa y monumental monotonía. Donde quiera calles enteramente pulcras, anchas como plazas, tiradas rigorosamente á cordel y cortadas como á compás en porciones absolutamente iguales, con los mismos pavimentos, el mismo aspecto, el mismo silencio y la soledad mas soñolienta que se puede imaginar. Donde quiera casas de igual altura, con puertas, ventanas, techos, piedras y colores matemáticamente iguales en todo y por todo; de manera que cada cuadra parece una sola casa, y que al volver cada esquina cree uno haber comenzado á recorrer de nuevo la misma calle que acaba de transitar. Tal parece como si cada ventana abierta remedase un bostezo de la ciudad, y cada puerta cerrada el sueño profundo de los 33,000 habitantes de aquella capital-cuartel. Realmente, Darmstad es tan fastidiosa en su parte nueva, que el recorrer sus calles dan ganas de acotarse con toda franqueza, sobre los baldosas de una acera, á dormir el sueño eterno de los justos, con la esperanza de despertar, por via de compensacion, en medio de un carnaval italiano.
La ciudad no carece de monumentos interesantes, como el Castillo ó Palacio-viejo, la iglesia de los católicos y la columna y los edificios de la plaza Luisa. Una de las cosas que hacen mas estimable á la Alemania, como pueblo literato y artista, y muy interesante para el viajero, es la profusion y riqueza de sus museos, sus bibliotecas, sus universidades y aún los magníficos parques y jardines de las ciudades, casi todos de estilo inglés. Así, cuando falta todo movimiento industrial y comercial, como sucede en Darmstad, siempre se encuentra en los palacios y otros edificios públicos algo que, ademas de agradar é instruir al viajero, le da una idea bastante clara de la índole literaria ó artística y la ilustracion del pueblo aleman, la mas vasta en Europa, la mas cosmopolita, y la mas sólida bajo ciertos aspectos.
El Palacio-viejo es un vasto edificio rodeado de jardines, que ademas de ser habitado por el príncipe heredero contiene: la biblioteca nacional, compuesta de mas de 115,000 volúmenes, cerca de 100,000 folletos y unos 500 manuscritos, de los cuales algunos son preciosos y de gran mérito por sus trabajos artísticos y la riqueza de sus adornos en piedras preciosas; el museo de pinturas (unos 750 cuadros generalmente mediocres, aunque no faltan unos 40 de bastante mérito); el museo de historia natural, rico y bien acondicionado; en fin los museos de antigüedades, medallas y monedas.
La iglesia de los católicos, situada en una eminencia, dominando varias calles espléndidas, es un monumento curioso por su forma circular, que le da el aspecto de un teatro, y su falla de torres y fachada ostentosa, cosas singulares en una iglesia católica. La inmensa rotunda que le sirve de techo, apoyada sobre un círculo de columnas muy considerables, tiene un aspecto grandioso. Baste decir que esa rotunda mide 75 metros de diámetro, lo que es enorme, y 41 de elevacion.