El que desentierra una ciudad merece más aplausos que el que la devasta.
Sólo hay en nuestros países una división visible, que cada pueblo, y aun cada hombre, lleva en sí, y es la división en pueblos egoístas de una parte, y de otra generosos.
Títulos dan los reyes; pero de ennoblecimiento de alma, ninguno mayor que el que se saca de los libros.
Las ideas purifican.
Venir a la vida usual después de haber estado del brazo con ellas por bajo de los árboles o por espacios azules, es como dar de súbito en el vacío.
¿Criticar qué es, sino ejercer el criterio?
La aristocracia intelectual viene de pensar y de padecer.
El arte no es venal adorno de reyes y pontífices, por donde apenas asoma la cabeza eterna el genio, sino divina acumulación del alma humana, donde los hombres de todas las edades se reconocen y confortan.
El que ajuste su pensamiento a su forma, como una hoja de espada a la vaina, ese tiene estilo.