No hay más que una gloria cierta, y es la del alma que está contenta de sí.
El vil no es el esclavo, ni el que lo ha sido, sino el que vió este crimen, y no jura, ante el tribunal certero que preside en las sombras, hasta sacar del mundo la esclavitud y sus huellas.
Si entre los cubanos vivos no hay tropa bastante para el honor, ¡qué hacen en la playa los caracoles, que no llaman a guerrear a los indios muertos!
Dos clases de hombres hay: los que andan de pie, cara al cielo, pidiendo que el consuelo de la modestia descienda sobre los que viven sacándose la carne, por pan más o pan menos, a dentelladas, y levantándose, por ir de sortija de brillante, sobre la sepultura de su honra: y otra clase de hombres, que van de hinojos, besando a los grandes de la tierra el manto.
Cuando la grandeza no se puede emplear en los oficios de caridad y creación que la nutren, devora a quien la posee.
¡Pesan mucho sobre el corazón del genio honrado las rodillas de todos los hombres que la doblan!
Sin sonrisa de mujer no hay gloria completa de hombre.
Cuando se escribe con la espada en la historia, no hay tiempo ni voluntad para escribir con la pluma en el papel.
El hombre es superior a la palabra.