Prever es el deber de los verdaderos estadistas.
Dejar de prever es un delito público.
Lo que importa no es que nosotros triunfemos, sino que nuestra patria sea feliz.
¿Para qué se es hombre honrado, para qué se es hijo de un pueblo, sino para tener gozo en padecer por él, y en sacrificarle hasta las mismas pasiones grandiosas que nos inspira?
Los libros suelen estorbar para la gloria verdadera.
¡La tiranía no corrompe, sino prepara!
¡Qué cólera la de un pueblo forzado a acorralar su alma!
El que vive de la infamia, o la codea en paz, es un infame.
Ver en calma un crimen, es cometerlo.