El dolor delicado y continuo, por donde el hombre se conoce y ennoblece, acendra y eleva el espíritu que se abraza a él como a la verdadera salvación, y la cruz que ensangrentó los hombros viene a ser el áncora con que el alma despercudida se clava al puerto eterno.
Es más propio del hombre, aunque no lo parezca, el derramar consuelos que el recibirlos.
Todo está dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son nuevas.
Confirmar es creer.
Lo que hace crecer el mundo no es el descubrir cómo está hecho, sino el esfuerzo de cada uno para descubrirlo.
El que saca de sí lo que otro sacó de sí antes que él, es tan original como el otro.
Dígase la verdad que se siente, con el mayor arte con que se pueda decirla.
La emoción en poesía es lo primero, como señal de la pasión que la mueve, y no ha de ser caldeada o de recuerdo, sino sacudimiento del instante, y brisa o terremoto de las entrañas.
Lo que se deja para después es perdido en poesía, puesto que en lo poético no es el entendimiento lo principal, ni la memoria, sino cierto estado de espíritu confuso y tempestuoso, en que la mente funciona de mero auxiliar, poniendo y quitando, hasta que queda en música, lo que viene de fuera de ella.