La libertad debiera ya tener su arquitectura.

Toda cortesía es útil, y no hacen mal esos dulces engaños.

El hombre se siente consagrado en los ancianos.

En un mero soldado la rapiña puede ser natural; pero todo atentado contra el derecho, en tierra propia o ajena, es crimen en un hombre de pensamiento.

Sólo las madres, siempre benévolas, saben la tarea que el niño puede soportar sin fatiga.

El carácter impera.

La elocuencia brilla.

El que sabe dominar las pasiones ajenas o tiene grandes las propias, es guía natural de los hombres, aunque efímero, a menos que la virtud no lo posea; pero el que al fin triunfa, no es el que enciende y desata las pasiones, sino el que sabe reprimirlas.

Nada hace padecer tanto a un hombre virtuoso, ni le pone más cerca el juicio de la ira, que ver interpretadas por la malignidad o el interés sus intenciones.