Cuanto abata o reduzca al hombre, será abatido.

Hay hombres ardientes en quienes, con todos los tormentos del horno, se purifica la especie humana.

Hay hombres dispuestos para guiar sin interés, para padecer por los demás, para consumirse iluminando.

Sólo sirve dignamente a la libertad el que, a riesgo de ser tomado por su enemigo, la preserva sin temblar de los que la comprometen con sus errores.

Las grandes opresiones engendran los grandes rebeldes.

Siempre lo impuesto es vano y lo libre es vivífico.

No es el hombre más que una de esas burbujas resplandecientes que danzan a tumbos ciegos en un rayo de sol.

Tiene el negro una gran bondad nativa, que ni el martirio de la esclavitud pervierte, ni se oscurece con su varonil bravura.

Pero tiene, más que otra raza alguna, tan íntima comunión con la naturaleza, que parece más apto que los demás hombres a estremecerse y regocijarse con sus cambios.

Hay en su espanto y alegría algo de sobrenatural y maravilloso que no existe en las demás razas primitivas, y recuerda en sus movimientos y miradas la majestad del león: hay en su afecto una lealtad tan dulce, que no hace pensar en los perros, sino en las palomas: y hay en sus pasiones tal claridad, tenacidad, intensidad, que se parecen a los de los rayos del sol.