Color y olor tienen las almas.
La verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen.
La flor del pensamiento es la poesía.
Lo más recio de la fe del hombre en las religiones es su fe en sí propio, y su soberbia resistencia a creer que es capaz de errar; lo más potente de la fe es el cariño a los tiempos tiernos en que se la recibe, y las manos adoradas que nos la dieron.
La religión, falsa siempre como dogma a la luz de un alto juicio, es eternamente verdadera como poesía.
Se conocen repúblicas falsas que cernidas en un tamiz, sólo producirían el alma de un lacayo; pero donde la libertad verdaderamente impera, sin más obstáculos que los que le pone nuestra naturaleza, no hay trono que se parezca a la mente de un hombre libre, ni autoridad más augusta que la de sus pensamientos.
Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerá.
A las poesías del alma nadie podrá cortar las alas, y siempre habrá ese magnífico desasosiego y esa mirada ansiosa hacia las nubes.
Con las libertades, como con los privilegios, sucede que juntas triunfan o peligran, y que no puede pretenderse o lastimarse una sin que sientan todas el daño o el beneficio.