Debe ser obligatorio el servicio de maestros, como el de soldados.
Preparar un pueblo para defenderse, y para vivir con honor, es el mejor modo de defenderlo.
De vez en cuando es necesario sacudir el mundo, para que lo podrido caiga a tierra.
Las religiones todas son iguales: puestas una sobre otra, no se llevan un codo ni una punta.
Las religiones todas han nacido de las mismas raíces, han adorado las mismas imágenes, han prosperado por las mismas virtudes y se han corrompido por los mismos vicios.
Las religiones, que en su primer estado son una necesidad de los pueblos débiles, perduran luego como anticipo, en que el hombre se goza, del bienestar final poético que confusa y tenazmente desea.
Las religiones, en lo que tienen de durable y puro, son formas de la poesía que el hombre presiente fuera de la vida, son la poesía del mundo venidero: ¡por sueños y por alas los mundos se enlazan!: giran los mundos en el espacio unidos, como un coro de doncellas, por estos lazos de alas. Por eso la religión no muere, sino se ensancha y acrisola, se engrandece y explica con la verdad de la naturaleza y tiende a su estado definitivo de colosal poesía.
Las religiones todas, fuera de aquellas ya aventadas que en anuncio de la final religión poética han establecido la razón, tienen sus milagros, sus arúspices, sus oráculos, sus ídolos, sus juggernaut que tunden y fulminan, hasta que, negados los fieles a creer que la palabra de Dios sea enemiga del albedrío, condiciones y virilidad que nacen con el hombre, se acercan al juggernaut con maza en mano, le desciñen el manto, le quitan las faldas de formas de flores, le quiebran el vientre esférico, le levantan el capuz funeral, orlado de luminosa pedrería, y en vez de la palabra de Dios, a que en seguida corren a alzar templo, encuentran un tablón viejo y roído, con los pies y las manos de carbón pintado, como los gigantes de las ferias.
¡Oh! ¡la ciencia que se aprende en el libro de todos los días, con la pluma, con las bridas, con el componedor, con el cepillo, con la lezna!
Donde luce un espíritu sincero, los hombres se congregan y siguen el camino, como detrás del manso la majada.