No ha de temerse la sinceridad; sólo es tremendo lo oculto.

La vida tiene horas de oro en que parece que el sol sale en el alma, y como ejército que asalta, escala y bulle la gloria por las venas.

En la justicia no cabe demora; y el que dilata su cumplimiento, la vuelve contra sí.

Los pícaros han puesto de moda el burlarse de los que se resisten a ser pícaros.

La política virtuosa es la única útil y durable.

Aplazar no es resolver. Si existe un mal, con permitir que se acumule no se remedia. El crimen, el crimen de permitirlo, trae siempre sangre.

Pan no se puede dar a todos los que lo han menester, pero los pueblos que quieren salvarse han de preparar a sus hijos contra el crimen.

El que conoce lo bello, y la moral que viene de él, no puede vivir luego sin moral y belleza.

Una ciudad es culpable mientras no es toda ella una escuela: la calle que no lo es, es una mancha en la frente de la ciudad.